144 Comprender el amor

Verás. Hace mucho que no hablo de amor (¡y es primavera!). Así que voy a por ello.

Los antiguos griegos, en su esfuerzo por ordenar el caos, parece que lo tenían claro.

Amor filial, dirigido hacia los hermanos, padres, hijos y amigos.

Eros, el que compartimos con amantes.

Ágape. Es el amor más profundo, espiritual, puro e impersonal.

Parecía todo muy claro hasta que llegó la Ilustración que sostuvo que el amor no es más que un fallo de la razón.

Llegaron luego los románticos al rescate para recuperar los antiguos valores, y colocaron eros en la cúspide de la existencia humana.

Todavía hoy vivimos bajo esa tiranía.

Las relaciones de hoy son más complejas y les cuesta aferrarse a la reconfortante solidez de clasificaciones y etiquetas.

Yo creo que nuestras relaciones más enriquecedoras son en las que descubrimos nuestra profundidad y también nuestros límites.

En ellas sufrimos y también tocamos el cielo; banalizamos y trascendemos; somos maestros y alumnos, en un continuo cambio que hace que la relación se enriquezca y perdure.

Si cada mañana eres un ser diferente, nadie se aburrirá a tu lado.

Para ello, aprendes, cambias, evolucionas, con el mejor esparrin que te puede dar la vida.

Fíjate, si volvemos a los griegos, en nuestra vida hemos pasado por los tres tipos de amor.

Desde que nacemos hasta la pubertad, derrochamos amor filial.

Desde la pubertad hasta tener un mediana edad, eros nos gobierna sin piedad.

Ya con cierta edad, deberíamos buscar el amor ágape.

Ya a cierta edad, nos deberíamos dar cuenta de que el Amor, con mayúscula, no existe en la Tierra, que eros es solo un tránsito que debemos superar.

Si lo hacemos bien, nos damos cuenta, con dicha, de que, en el mundo, solo podemos aspirar al perdón.

Todo lo demás es simplemente amor con minúsculas.

(escrito por un humano)

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Autor: Jon Elejabeitia

Cofundador NNexa. Arquitecto

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