Verás, es muy sencillo. Yo lo hago, y seguro que tú también puedes.
Caminaba esta mañana por una importante calle de Madrid y me crucé con un Ángel.
Nada especial, nada fuera de lo común.
Solo alguien que me miró y me mostró una tierna sonrisa.
No la dirigió a mí. Ya la tenía.
La llevaba puesta y solo se acentuó un poco cuando nuestras miradas se cruzaron.
Un instante que sirvió para iluminar mi mañana y que todavía permanece en mí.
Es un gesto tan fácil de hacer como escaso de ver.
Es curioso, cuando debemos mirar hacia fuera, hacia dónde vamos, con quién nos cruzamos, los coches, los árboles, los niños…
Entonces vamos sumidos en nuestro interior con el gesto duro (no vaya a ser que alguien nos moleste), insensibles al entorno, sumergidos en nuestra propia cabeza (o en el móvil)
Y, sin embargo, cuando es el momento de mirar dentro, de reflexionar sobre nuestra vida, de tomar decisiones importantes…
entonces miramos fuera, y pedimos consejo, y dudamos sobre quienes somos.
Cómo agradezco la sonrisa de esta mañana que me ha hecho pensar en los tiempos.
Los tiempos de interiorizar y los tiempos de exteriorizar.
Y ha sido solo eso, ese leve y penetrante gesto de sonreír.
Sonreír hacia fuera, para poder sonreír hacia dentro.
(escrito por un humano)
Simplemente BELLO este mensaje.
Que forma más linda de escribir la tuya, sencilla y altamente profunda al mismo tiempo. GRACIASSS
Muchas gracias a ti por el comentario y la lectura. Un abrazo