Verás. Mi amigo Marcos Cartagena es de las personas más amables y consecuentes que conozco.
Ha escrito su segundo libro y me ha enviado una copia.
Acabo de abrir el paquete y voy directo a la dedicatoria: Escrita a mano, con sello, personalizada para mi…
Las 87 palabras más bellas y sabias de Japón.
Estoy preparando un retiro que tengo este fin de semana y, a pesar de las ganas, me contengo para no empezar a leerlo.
Como no aguanto más, abro al azar una página. (Quizá es el tipo de libro que no hay que leer del tirón, sino que hay que pararse a paladear cada una de las 87 palabras)
El caso es que abro por la página 97: Tsundoku. El arte de acumular libros que nunca lees.
¡Culpable!
Y la palabra llega en este momento en el que estoy guardando libros en cajas para la mudanza.
Y estoy decidiendo cuáles llevarme y cuáles regalar. (y me estoy llevando más que regalando)
Pero Marcos, en su bello libro, no se limita a definir la palabra. También desea que aprendas de ella.
«Lo importante no está en el significado de las cosas, sino en la interpretación»
Y ahí está mi ansiedad por el saber, por ampliar los conocimientos incluso más allá del tiempo que voy a tener para leer todos esos libros (y los que sigo comprando)
Y se me olvida la gran frase de mi maestra:
«Jon, no leas tantos libros, lee una sola línea y ponla en práctica»
A lo que añado que los libros son solo un recurso. De la vida se aprende más viviéndola, sin la anestesia dulce del libro que filtra el aprendizaje y te deja modelarlo.
Gracias, Marcos, seguiré tu recomendación de limitar el número de libros y, cuando entra uno, regalar otro para que siempre haya el mismo número de libros y alguien más se beneficie de la sabia enriquecedora de su contenido.
Marcos Cartagena, Las 87 palabras más bellas de Japón, Plataforma Editorial.
(escrito por un humano)