Verás. Creo que hay algo que nos hace mucho daño: las certezas.
Nos hacen daño a nosotros y también provocamos daño a otros.
La certeza implica la ausencia de dudas y una firme creencia en que lo que afirmas es cierto.
Es una convicción interna, un estado mental, de estar completamente seguro de algo.
Nos contamos historias sobre el mundo, sobre las personas, sobre nuestros padres, sobre nuestras parejas…
Y sacamos conclusiones preconcebidas. Y con ellas cerramos la fuente de posibilidades que albergan en su interior.
Es cierto que navegamos por una realidad vasta y compleja.
Por eso nos asimos con fuerza a las certezas, sin darnos cuenta de que mucho de esa realidad permanece eternamente fuera de nuestro control.
Sin embargo, seguimos queriendo analizar el mundo, comprender a nuestros padres, entender a nuestra pareja…
Y ese esfuerzo nos separa de toda su belleza y nos tensa contra el amor a la vida, a los padres, a las parejas…
Muchas veces tenemos un hambre de certidumbre que debemos aprender a negociar.
No podemos agarrar un puñado de agua, ni podemos atisbar fragmentos del futuro que nos aseguren el presente.
Simplemente…
Estoy aquí, soy yo; tengo una madre, un padre, que me han enseñado; tengo o he tenido parejas de las que he aprendido y aprendo…
Y, así, con estos pensamientos se crea el mundo.
(escrito por un humano)