Verás. Llega un momento que deberías escribir.
Hay dos dificultades banales y una profunda que en muchos casos lo impide.
Empiezo por supuesto por lo fácil.
Las dificultades banales son: no escribir bien, una, y la otra no saber sobre qué escribir.
La primera es irrelevante, no se trata de intentar ganar el Nobel a los x años. Ésta la resuelves preguntándote para quién vas a escribir. Si es para ti ¿qué importa el estilo?
Lo que importa es lo que vas a contar. Lo que me lleva a la segunda pregunta: ¿sobre qué escribo?
Hay una cosa que conoces y sobre la que puedes escribir. Así como todas las obras de los artistas son en realidad autorretratos, tus escritos serán una proyección de ti mismo.
En un sentido más o menos figurado, real o metafórico, lo cierto es que vas a escribir sobre ti.
Bueno, esto resuelve los dos problemas banales. Ahora el profundo.
Este a su vez lo podemos subdividir en dos: escribir es comprometerte. Lo que queda en el papel permanece en el tiempo, inalterable, negando o afirmando algo de ti mismo, que luego solo podrás rebatir con otro escrito que quizás no llegue a los mismos receptores.
La palabra vuela, se tergiversa, interpreta y olvida.
El escrito permanece, ajeno a ti, mirándote fijamente, lejos ya de tu poder sobre él.
En una conversación alteras una frase para modificar el sentido de la anterior, tu interlocutor y tú vais moldeando sin excesiva precisión algo que siempre tendrá los bordes borrosos.
Quedará más o menos bocetado en ambas cabezas de forma un poco distinta.
Cuando alguien lee tu escrito, no estás ahí para dulcificar, aclarar o desmentir nada.
Solo eres en tanto que lo escrito te reflejó cuando lo escribiste. Pero la persona no tiene tus gestos delante, ni tus aleteos de manos, ni tus ojos; quizás ni te conozca y no tengas ni cara.
Solo eres lo que unas cuantas líneas dicen y dirán siempre.
La segunda parte de esta dificultad profunda es que el escribir te obliga a la revisión de la vida, lo cual es fácil si has tenido una vida dichosa, espiritualmente elevada y llena de grandes satisfacciones personales.
Como ese no suele ser el caso, esta revisión pasa por momentos de los que uno no esta tan orgulloso y se posa en heridas sin cerrar y cicatrices olvidadas.
¿Por qué hacerlo entonces?
Precisamente por eso porque esas heridas cerradas solo en superficie pueden esconder una infección que nos cueste el brazo, la pierna o la propia vida.
Además, es lo único que tenemos, lo único interesante donde escarbar, interpretar y aprender.
Solo estudiándola con detalle comprenderemos quienes somos y para qué estamos aquí.
(escrito por un humano)