Verás. Hace uno días fue el día de la mujer. Quiero rendir homenaje a la que ha sido mi referente y maestra durante muchos años.
Encontré este escrito suyo de hace 10 años:
“Mi amigo X duerme en la calle. Tiene por sábanas el techo raso y por paredes unos cartones que recoge de la basura cada noche. Por la mañana, con los primeros albores, mi amigo se levanta y recoge los cartones con un orden casi obsesivo. No deja rastro de su presencia. Su vivienda se queda muda a la espera de su vuelta cuando la noche está cerrada y nadie le ve.
Paso a su lado cada día. Vislumbro la piel de su espalda sin protección, las manos debajo de su cara, los ojos cerrados, sus zapatos en un rincón y sus pies descalzos …El termómetro de la calle marca dos grados. Me arrebujo en mi abrigo y tiemblo un poco. Una vez más siento esa dentellada en mi estómago. Es un sensación entre impotencia y rebeldía. Le miro y no hago nada.
Sí, en la mente le cuido, le arropo, le protejo, sin embargo, la realidad es que cada noche él se acuesta y el techo raso le protege, el frio rompe sus carnes y una vez más sus pies, un poco morados, sobresalen entre los cartones, pero, todo sigue igual.
Me llamo cobarde una y otra vez. Pienso en comprarle un saco de dormir, en taparle con alguna manta…A veces pienso en darle dinero para que vaya a un albergue. A veces pienso… y con ello parece que tranquilizo mi alma. Mi cobardía queda subyugada entre tanto pensar y tan poco hacer.
Al fin, le pido a un amigo unos jerséis de invierno. Con la bolsa en mi mano, y el corazón acelerado me acerco, y cuando voy a dejar las prendas en el suelo mi amigo X se levanta, quiero decirle que le traigo algo para que se arrope… y en su lugar me sale un balbuceo que se interrumpe por su voz profunda:
– ¡No quiero nada!
Salgo despavorida y me apoyo en una pared próxima. Mi amigo X y yo habíamos roto la relación de muchas albas en las que él dormía y yo pensaba.
Mi amigo X no quería nada y lo decía con rabia, con contundencia. Y durante un instante cometí el error de sentirme despreciada. Durante unos breves momentos él estaba equivocado y yo no.
Mi amigo X trajo a mi vida los cientos de momentos en los que retiré una mano que me ayudaba, los miles de instantes en los que zaherí a los que me buscaron, a los que me quisieron. Mi amigo X rompió la barrera de los años para dar un sentido peculiar a su desdén.
Una vez más en la mañana mi amigo X duerme tranquilo mientras que yo recuerdo cada una de las personas que quisieron poner calor en mi vida y yo simplemente les dije:
¡No quiero nada!”
Gracias, Joaquina.
(escrito por una mujer maravillosa)
Gracias Jon.
🙂