Verás. Platón, por boca de Aristófanes, nos cuenta en El banquete una maravillosa historia.
Seguro que la conoces, pero me apetece refrescarla.
La historia representa una explicación sobre la naturaleza original del ser humano que, según el filósofo, era muy diferente de lo que conocemos hoy.
Según el mito, los seres humanos originalmente no teníamos la forma que tenemos ahora.
Existíamos como seres esféricos, con dos cabezas, cuatro brazos, cuatro piernas, y dos órganos sexuales.
Hoy lo llamaríamos todo en uno.
Estos seres eran muy poderosos. El problema era que también eran muy arrogantes (eso parece no haber cambiado mucho hasta nuestros días) y desafiaban a los dioses.
Así que Zeus, un poco harto, decidió castigarlos.
Ni corto ni perezoso los partió por la mitad. Esta división dio lugar a los humanos como los conocemos ahora.
Como sabes, El banquete va del amor y Aristófanes aprovecha esta historia para explicar el anhelo que tenemos los humanos para encontrar nuestra otra mitad, nuestra pareja complementaria.
Yo, lo que pienso es que, en realidad, esa separación es la que hace que celebremos el día de la mujer, el día del hombre, el día del niño, el día del anciano…
Cuando nos encontramos con alguien lo primero que nos separa es el cuerpo. Vemos enfrente una mujer, o un hombre.
Los diferentes cuerpos nos hacen creer que somos seres diferentes, y se nos olvidan nuestros orígenes.
¿Y si no viéramos esa separación?
¿Y si viéramos un ser humano?
¿Y si miráramos el interior y no el exterior?
Quizá podríamos hallar ahí la belleza que toda persona lleva dentro, independientemente de su género.
(escrito por un humano)