Verás. Estoy vendiendo mi casa de Málaga y me da miedo que el «duende» se marche antes de tiempo.
Me explico. Las cosas tienen alma. Sobre todo, las casas, los coches… los espacios que habitamos durante un cierto tiempo.
Presta atención cuando entres en tu casa. O en cualquier casa.
Hay una energía especial. La casa nos habla, se comunica con nosotros. Cada estancia tiene una energía.
Eso ocurre cuando las casas tienen alma. Cuando las habitamos con amor y con respeto.
El problema estriba en cuando la quieres vender.
Empiezas a desapegarte, a no sentirla tuya.
Y la casa se empieza a quedar fría, pierde su maravillosa personalidad, aunque sigan allí los mismos muebles y adornos.
Pero algo ha cambiado. Tú ya no estás.
Tu cabeza está pensando en una nueva vivienda y el alma de la que tienes se apaga.
Entonces, cuando la visitan posibles compradores, lo notan.
Y la casa les dice menos, es más impersonal, está como muerta en vida.
Y cuesta más venderla.
Así que tengo que hacer lo posible por mantener el cariño, la dedicación, la entrega y el amor que le he profesado durante los años en los que la he habitado.
Así, su nuevo propietario la querrá tanto como yo lo hice.
Por si no has hecho la conexión, ocurre lo mismo con las parejas.
(escrito por un humano)