85 Atrapar el amor

Verás. Cuando estaba en el colegio, con 9 o 10 años, teníamos en clase un periquito verde con la cabeza amarilla al que sentíamos nuestra mascota.

Yo era el responsable de cuidarle.

Limpiaba la jaula, rellenaba el comedero con el mejor alpiste, mantenía fresca el agua y cuando todos los demás compañeros habían abandonado la clase, abría la puerta de su jaula para que volara libre por el aula.

Me fascinaba verle volar.

Me gustaba ver cómo, con unos breves aleteos conseguía cruzar toda la clase, haciendo quiebros y giros imposibles, esquivando muebles y lámparas.

Yo corría a la pizarra y lo dibujaba una y otra vez, intentando capturar su vuelo.  Mi frustración era grande cuando solo conseguía dibujar el pájaro, pero nunca conseguía dibujar su vuelo.

El pájaro de tiza me miraba estático mientras el real dibujaba curvas en el aire.

Pasaron los años y en un viaje a la costa del Pacífico en México se repitió la historia.

El sol apenas despuntaba y sentado en la arena contemplaba los cambios de color en la espuma blanca de las olas.

Ante mis ojos pasó el ave más elegante que jamás he visto.

A escasos centímetros de las olas, un gran pelícano planeaba en círculos quizá buscando algún banco de peces.

Sin ningún movimiento perceptible de sus alas se mantenía suspendido en el aire durante minutos.

Aprovechando la brisa jugaba con las olas, el viento y los peces.

Cogí mi cámara de fotos y descargué el carrete entero sobre el bello animal, queriendo de nuevo capturar ese majestuoso vuelo.

Cuando recogí las fotos reveladas, las miré una y cien veces para encontrar aquella en la que estaba capturado ese vuelo que tanto me había impresionado.

En todas ellas, sin excepción, aparecía el pelícano, estático, como disecado, en ninguna estaba capturado su vuelo.

Con el tiempo he aprendido a disfrutar del vuelo de los pájaros y, apoyándome en la imposibilidad de su captura, extasiarme de los instantes mágicos que me brindan.

Te cuento esto porque hoy, 14 de febrero, es San Valentín.

(escrito por un humano)

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Autor: Jon Elejabeitia

Cofundador NNexa. Arquitecto

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