Así es. Lo reconozco.
A veces, quizá muchas veces, soy un poco bestia.
Puede que sea falta de empatía, aunque yo lo uno más con golpe de realidad (me imagino que eso es lo que decimos todos a los que nos falta empatía)
La cosa fue como sigue:
Curso online y llega la parte de preguntas (mi parte favorita de cualquier curso)
Una mujer me cuenta sus miedos a todo: a emprender porque cree que va a fracasar; a ser feliz porque cree que se va a terminar en algún momento; a la aventura de viajar porque teme que algo va a salir mal…
Y así un buen rato. Cuando termina la enumeración de situaciones que están casi seguro avocadas al desastre le pregunto:
- ¿Has tenido siempre, toda tu vida esos pensamientos?
- Creo que sí.
- ¿Por alguna experiencia tuya o de tu familia que recuerdes?
- Pues… no me acuerdo.
- Quizá tengas que hacer una constelación familiar para ver el origen de esa creencia y poder trabajarla.
- Buff. Ya he hecho de todo… y nada, aquí sigo.
- Y… ¿Para qué quieres tener ese freno en tu vida?
- Yo no lo quiero tener.
- Si no quisieras, no lo tendrías (esta no es la parte bestia)
- De verdad que no quiero, pero me viene el pensamiento.
- Y ¿qué es lo peor que te puede pasar en la vida?
- Morirme. Que me muera y no pueda cuidar a mis hijos.
- (Ahora sí viene la parte bestia) ¿Qué hay de malo en morirse? La muerte es parte de la vida y si llega, no pasa nada, simplemente uno se va.
- Pero tengo que cuidar a mis hijos.
- Bueno, si te marchas es que tienen la capacidad de cuidarse sin ti. Tendrán un padre, unos abuelos o unos tutores que les cuidarán. Ellos han elegido esa experiencia de vida: Crecer sin su madre. Es duro ¡claro que es duro! Pero ellos lo han elegido así. La vida en sí misma no es tan importante. Lo es el aprendizaje que hacemos en ella, por duro que éste sea. Elegimos los maestros y van apareciendo según los necesitamos y, a veces, elegimos que esos maestros se vayan antes de tiempo, y lo hacemos porque somos capaces de superarlo, somos capaces de perdonarles que nos hayan abandonado; y tenemos todo lo que necesitamos para vivir la vida que tenemos por delante.
No sé si esta contestación es dura o no (a mí no me lo parece) Lo que sí tengo claro es que, a veces, detenemos nuestra vida parapetándonos detrás de un miedo extraño para no responsabilizarnos de vivirla plenamente, con fuerza y con compromiso.
Intento decir las cosas desde el amor.
A veces lo consigo.
Pido disculpas las veces que no.
(escrito por un humano)