Imagínate que somos todos iguales… sí, ya sé que somos todos iguales.
Pero imagínate que somos lo mismo… ya sé que somos lo mismo.
Pero imagínate que las personas para ti significan lo mismo.
Verás. A ver si me explico bien.
A lo mejor has tenido un jefe.
Ha sido un jefe generoso. Muy generoso.
Te ha dado un salario con el que has pagado tus facturas. Te ha dado conocimientos con los que has podido crecer profesionalmente. A lo mejor te ha dado valores, amistad, ética…
Has recibido muchas cosas.
A lo mejor has tenido otro jefe (o lo has sido tú) y le has dado tú muchas cosas a él: horas extras no remuneradas, tus conocimientos, tu buen hacer con los clientes, tu entrega…
Has dado muchas cosas.
A lo que iba. En realidad, los dos jefes, con distintas caras, son el mismo jefe.
Están ahí para que comprendamos el maravilloso equilibrio de dar y recibir.
El universo no entiende de tiempo ni de personas distintas, solo sabe de dar y recibir.
Y tú eres el que a veces da y a veces recibe. ¿Qué importa si es o no la misma persona?
Si solo comprendiéramos esto, no pensaríamos que hay personas egoístas o personas generosas. Pensaríamos que ahora nos toca un rol y ya nos tocará el otro.
Piensa en tus parejas. Las pasadas y la presente.
Con ellas ha ocurrido exactamente lo mismo.
A veces sientes que has dado mucho (crees que has dado más que el otro)
A veces sientes que has recibido mucho.
Piensa ahora que las dos parejas son, en realidad, lo mismo. La misma persona. Con otro cuerpo, y otra forma de hacer el amor, pero la misma esencia.
Hay momentos en los que has dado y momentos en los que has recibido. Solo eso.
Y mágicamente, mucho del rencor desaparece.
(escrito por un humano)
Hola Jon,
El final/comienzo de año está siendo un tanto intenso para mí.
Y para manejarlo busco una premisa sencilla que me acompañe en los procesos. Esta idea de hoy me parece fantástica. Muchísimas gracias por compartirla.
Ahora me toca «ser» esa premisa.
Un abrazo muy fuerte!!
Muchas gracias Ana, un abrazo grande y ¡a por el año!