Verás. Uno en la vida va haciendo lo que le gusta. Se le da bien y fluye con ello, sin pensar mucho en el impacto que tiene.
Y, de repente, recibe un correo.
Un correo largo, escrito a corazón abierto, de una persona que hace tiempo se cruzó en mi vida.
Y te abre el alma, y te dice que, esos escritos que haces, casi sin esfuerzo, cada mañana, le han tocado el corazón.
Y sigue escribiendo, demasiado tímido para llamarme.
Y habla por primera vez de lo dura que he sido su vida. Del dolor de una muerte que le acompaña desde su adolescencia, de los golpes y desaciertos de una vida sin motivación.
Y te dice que cada mañana un rayo de luz aparece en su bandeja de entrada, aportándole vida.
Y me doy cuenta de lo trascendente de lo intrascendente.
Y aprovecho el escrito de hoy para agradecer a Luis Miguel su mensaje.
Agradecer que nuestras vidas se hayan cruzado para bien de ambos.
Mis lágrimas no llegan a salir, pero sí noto el nudo en la garganta. La emoción de sentir que algo de lo que hago aporta valor a una vida azotada por la incomprensión.
Gracias Luis Miguel y de eso último que dices en tu correo, ni te preocupes.
Gracias también a ti que permites que invada tu vida un ratito cada mañana.
(escrito por un humano)