79 Aceptar la vida

Verás. Ha llegado ese día.

Ese día que todos tememos, que esperemos que no pase, pero pasa.

Mi querido coche con 320.000 Km. A sus espaldas, ha empezado a hacer ruidos raros y me ha dicho que “hasta aquí hemos llegado”

Lo típico: seguro, grúa, taller… y a esperar el presupuesto.

En algún otro momento de mi vida estaría poniendo velas a los santos, abrazando con fuerza mi tarjeta de crédito, visualizando ya cómo adelgaza mi cuenta bancaria en tiempo real.

En fin, la oscuridad del desastre económico se ciñe por la Tierra Media.

Pero eso era hace tiempo. Ya no.

Ya sé la palabra mágica.

Una palabra que aprendieron en la India hace 2.500 años.

Ahora te la digo, pero déjame contextualizar un poco.

El norte de la India está lleno de ríos y los monzones provocaban inundaciones y el caos en las pequeñas comunidades agrícolas.

Imagínate estar todo el año trabajando en tu cosecha y en un solo día todo se echa a perder. Toda tu riqueza se desvanece.

Y no te lo explicas. Miras al cielo intentando entender las oscuras voluntades de los dioses.

Vives en un ecosistema sometido a todo tipo de variables e imprevistos extremos.

Y aquí aparece la palabra mágica: aceptación.

Y con ella, en el siglo V a.C. nace el budismo, ofreciendo paz en un mundo cambiante.

Aceptar lo impredecible significa mirar hacia el interior para metabolizar la frustración y transformarla en resiliencia. O en aprendizaje.

Sin colapsar, sin caer en la tristeza, sin culpar a nadie.

Así que acepto el destino de mi compañero de viajes que me ha proporcionado tantos kilómetros de felicidad.

Y lo acepto de la misma manera que mi amigo Alexis acepta un retraso de 4 meses a la financiación que está esperando para su maravilloso proyecto.

De la misma manera que tú, quizá, estás aguardando la oportunidad de mostrar al mundo tu valía.

PD: No confundir aceptación con sumisión.

(escrito por un humano)

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Autor: Jon Elejabeitia

Cofundador NNexa. Arquitecto

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