Verás. En la vida te vas encontrando senderos que se bifurcan.
Y solo hay una decisión que es la peor que puedes tomar.
Y no es ninguno de los dos caminos.
En mi experiencia, vas por la vida y aparece la bifurcación.
Un camino es el de la oportunidad, el de lo desconocido, el que te mueve algo en las tripas: una oferta de empleo, un nuevo proyecto que nunca antes habías hecho, una pareja que te quiere arrancar al ermitaño que llevas dentro…
El otro camino es (a veces aburridamente) parecido al que ya estás transitando.
Lo bueno sería estar solo y, con la cabeza fría, valorar ambos caminos antes de tomar la decisión.
Pero suele haber agentes externos que tiran de ti en una u otra dirección: amigos, madres y padres, dinero, pereza, miedo…
Y creo que no se trata de tomar o no el camino más o menos transitado. (Sé que lo sabes, pero esto es un guiño a Robert Frost) sino de pensar para qué, en este momento tu vida se bifurca.
La respuesta a esta pregunta te señala el más apropiado de los dos caminos. Es un sendero que no siempre hemos decidido tomar, a pesar de saber con certeza que deberíamos haberlo hecho.
Yo llevo ya bastantes años de mi vida decidiendo siempre el camino de lo nuevo, lo retador, lo desconocido. El camino en el que existe un porcentaje alto de riesgo al fracaso, pero a la vez está el gran aprendizaje.
Me gusta el reto, lo acepto y lo afronto.
Lo que pase después es un resultado del que aprendo sea este resultado del color que sea.
Pero me llegó ya hace unos años el temor de mirar hacia atrás a mi vida y, sentado en el borde de la cama, arrepentirme de los senderos que dejé sin transitar.
Lo único peor que tomar el camino “equivocado” es pararte en la bifurcación y quedarte ahí, sentado, durante mucho tiempo, decidiendo cuál de los dos escoger.
En ese caso, lo que suele ocurrir es que ambos se desvanecen,
Ah, y solo en el cuento de Borges (El jardín de los senderos que se bifurcan) puedes tomar ambos caminos a la vez.
(escrito por un humano)