A veces siento que nada es real.
Que las serenas montañas del Valle del Guadalhorce que me rodean no son reales. Que, tras ellas, en realidad no hay nada. Que solo aparece todo cuando las cruzo.
No siento real el sendero por el que camino.
Ni los almendros que empiezan a florecer. ¿Qué sentido tienen?
Sí, anuncian la primavera, ¿para qué?
¿Qué sentido tiene la primavera?
Ni siquiera siento real a la pequeña Pomerania que corretea a mi alrededor.
Es un sentimiento profundo. Extraño. No es triste, solo contemplo todo perplejo.
Es como un cambio de fase.
Como la sensación que tenía cuando estaba a punto de acabar la mili donde, por un lado, estaba la ansiedad de acabar, y por el otro el miedo a lo que vendría después.
Si has tenido un hijo seguro que lo entiendes.
Estás al final de tu octavo mes y ya quieres que salga. Quieres ver ese rostro que lleva oculto casi nueve meses.
Y por otro lado temes por su salud, por si sabrás cuidarle, educarle, quererle…
Quizá eso sea lo que a veces me hace pensar en la irrealidad del presente, de las cosas ¿de las personas?
No sé si tú eres real.
No sé si, en realidad, solo estás para mostrarme el camino de mi propósito de vida.
No sé si esta sensación está relacionada con ir comprendiendo lo trascendente de la vida.
Pero me pasa.
A veces.
(escrito por un humano)