Verás. Estoy sentado en el AVE dirección Madrid (el deber me llama)
Voy muy emocionado a impartir mi curso favorito. (Pero esa es otra historia)
El caso es que hay una persona en el asiento de la fila de al lado.
Llega una tercera persona. La mira. Mira su billete. Arruga el entrecejo. Endurece la mirada.
«Estás en mi asiento” espeta.
La persona que está sentada mira su billete y, con tranquilidad, le señala el luminoso del fondo del vagón que indica el número de vagón.
«Ah, oh, disculpe» y se marcha a su sitio.
Lo que me llama la atención, y por supuesto yo también lo hago, es que buscamos primero el culpable fuera.
Yo voy bien, tú te has equivocado de asiento.
El primer pensamiento es que el que se equivoca es el otro. El que ha hecho algo mal es el otro, el que es un despistado es el otro…
Siendo optimista diré que hay dos tipos de personas: las que buscamos el culpable fuera (mayoría) y las que se culpan de todo.
Qué bello sería hacer una revisión interna antes de lanzar el ataque externo.
Todo fluiría mejor y cambiaríamos la visión que tenemos del otro. Pasaría a ser como nosotros, un igual, alguien que a veces comete errores y a veces no.
Como tú y como yo.
(escrito por un humano)