Parece que hemos vuelto a poner en valor los tacos.
Aquí van los títulos de algunos libros muy exitosos:
- Superpoderes del éxito para gente normal. Consigue todo lo que quieras… trabajando como un cabrón.
- Emprender a ostias
- Escribo para follar. El libro del copywriting
No quiero ser moralista, solo me llama la atención la necesidad de decir tacos para parecer cercano.
Desde luego es mucho más fácil acercarte por el lado campechano de la vulgaridad.
Es cierto que en muchos casos un exabrupto expresa en una palabra lo que de otra forma costaría una frase, o dos.
Quizá este mundo de lo rápido y concreto se esté llevando por delante ese otro mucho más complejo de buscar la belleza en las palabras y la profundidad en las frases.
Es la diferencia entre follar y hacer el amor. Táchame de cursi si quieres, pero la segunda expresión se acerca más a lo que yo busco, por muy clara que se entienda la primera.
La fuerza no se expresa con palabras malsonantes.
La claridad no está en lo breve sino en la transparencia de lo que se quiere decir.
Quizá los tacos marcan tu estilo, pero ¿es ese el estilo que quieres marcar?
Se puede tener razón dando un golpe en la mesa y diciendo ¡coño! (el taco favorito de nuestro Nobel Camilo José Cela) ¿seguro?
¿No serán los argumentos que revolotean al lado de tu idea los que le dan credibilidad y solidez?
En fin, di todos los tacos que quieras, es tu boca, no la mía.
Pero piensa en lo que te aportan ¿Para qué los dices?
Yo no sé si los autores de los libros que he mencionado antes hablan así, o es todo una estrategia de marketing, que ¡ojo! tiene su público.
No sé lo que aportan los tacos de la misma maneta que tampoco sé lo que aporta esta Newsletter diaria.
Simplemente sale de las yemas de mis dedos con la naturalidad de un taco.
Me cuesta escribir con la claridad que quisiera de la misma manera que a otros les cuesta articular palabras que acaricien el oído del oyente, en vez de patearlo, por muy gracioso que quede.
Hay algo infantil ahí, en lo de reírnos cuando alguien suelta un taco, aunque nos lo esperemos.
Fíjate en los monólogos de muchos humoristas. Es cuando sueltan lo malsonante cuando obtienen las mayores risotadas. Un poco el, pedo, culo, caca, pis, de los niños pequeños.
Quizá los sigamos siendo, ya que nos hacen gracias las mismas cosas. Esta divertida transgresión de lo que no se puede decir a cierta edad pierde su sentido, o debería perderlo, con los años.
O quizá el ingenio escasea y está siendo sustituido por lo fácil.
Lope y Quevedo los usaban así que no son una afrenta a la lengua española. Existen y están en el diccionario.
La afrenta, creo yo, que es para el oyente que, como en mi caso, no sé muy bien qué cara poner cuando la cosa es muy repetitiva.
(escrito por un humano)