320 Realizar tus sueños

Verás. Cuando tenía 17 – 18 años, soñaba con transformarlo todo (a lo mejor tú también)

Soñaba con hacer cosas diferentes a las que hacía mi padre.

Ahí estaban todas mis ilusiones de cambiar el mundo.

Luego, el trabajo me compró con resultados económicos y todo eso quedó sepultado.

Entra en nosotros el código de la responsabilidad: si no ganamos, eso no es posible.

Cuando empezamos a pensar que no podemos hacer rentables nuestros sueños, los abandonamos.

Lo malo es que en esos sueños está escondido el diamante de nuestros éxitos.

Lo que somos encierra millones de partículas, de quimeras, algunas realizables y otras no.

Las que son realizables son las que permanecen como una llamada permanente en nuestro interior.

Con el paso del tiempo alguien me dio un consejo que comparto contigo:

«Busca lo que es realizable, busca la ilusión que hay detrás de eso, y haz un esfuerzo para conseguirlo.

Tienes que ponerte en tus sueños.

Que la realización es aprender técnicas.

Que la ilusión tiene que ser compartida porque si no es una ilusión vacía.

Que las palabras tienen un significado plural y conocido para todos.

Y que llegar a un sitio requiere una lucha, que es saber para qué sirve.»

Para ser visionario hay que ser realizador, hay que tener ilusiones, hay que ser palabras con significado y, por encima de todo, hay que saber que hay que luchar.

Y nos debemos cuestionar permanentemente qué es lo que queremos hacer.

Es fundamental pasar al mundo de la realidad las cosas que son irreales.

Eso es ser creativo: saber que hay que aprender cosas.

Poner a tu disposición los medios que hay para llegar a tu ilusión.

(escrito y dibujado por un humano)

319 Dentro / fuera

Verás. El psicoanalista francés Didier Anzieu desarrolló el concepto de «yo-piel»

Una metáfora de la piel como algo que separa el mundo interno del externo y que permite la construcción de una identidad.

Según Anzieu, la piel es la interfaz donde se produce el intercambio de sensaciones entre la madre y el hijo.

El yo piel tiene dos componentes: uno corporal y otro psíquico.

El primero es sensorial y sobre él se estructura el segundo, que da acceso a la identidad.

Esa es la función de los muros de tu vivienda.

La parte exterior de este muro sería el «yo corporal» y el lado interior sería el «yo psíquico», que refleja tu experiencia existencial.

Lo exterior es la pantalla protectora contra el miedo que te produce lo que se encuentra fuera, los elementos, lo desconocido.

La parte interior es como un lienzo sobre el que proyectas tu personalidad a través de sus colores, cuadros, espejos, decoración, papeles pintados, etcétera,

en un intento de reflejar quién eres.

Cuando ocupas una casa por primera vez, abarcas un lugar en el mundo y estableces un intercambio con él.

Las ventanas serían los elementos donde se incorpora lo externo a lo interno, lo propio, permitiendo la comunicación entre estos dos espacios.

La entrada es el umbral de paso del mundo exterior al interior.

Aquí se viven los primeros impactos.

Te encuentras a la vez con un espacio nuevo, con una persona nueva (todos somos nuevos cuando llevamos un tiempo sin vernos) y unas palabras que pueden ser o no las apropiadas para el momento.

Esta entrada también cumple con la función de salida, al ser el lugar de las despedidas y la última impresión que se llevan los visitantes cuando se marchan.

Aquí puedes seguir leyendo:

(escrito y dibujado por un humano)

318 ¿Para qué esperar?

Verás. Esto lo hacemos muchos, quizá tú también.

Y tiene que ver con la comunicación.

Con la comunicación de lo que sentimos hacia alguien.

La semana pasada una querida amiga me envió un audio de WhatsApp con la voz entrecortada de angustia.

Resulta que su pareja estuvo indispuesta el fin de semana y finalmente fueron al hospital a que le hicieran unas pruebas.

Todo bien, le dieron algún calmante para el dolor y a casa.

Al día siguiente mi amiga recibe una llamada del hospital, exenta de tacto, empatía y delicadeza.

Le dijeron que habían visto algo en las pruebas y que era muy grave. Que volviera inmediatamente al hospital, que era muy urgente, que tenían que hacer más pruebas.

Mientras se las hacían me envió el angustiado WhatsApp.

La palabra cáncer ya picoteaba su cerebro.

Y pensó en dejarlo todo, en marcharse con él al fin del mundo a disfrutar de lo poco que le quedaría de vida a su alma gemela.

 Y, no me lo dijo, pero en ese instante valoró lo que significaba la relación.

Lo importante que era para ella.

El amor, que seguramente no expresaba con regularidad y que ahora manaba a raudales mezclado con el miedo a la pérdida.

Y valoró cada caricia recibida y dada.

Y pensó que podría haber sido mejor amanta y más amiga.

Al final, era una peritonitis y a lo mejor en el futuro, según evolucione, le quitan la vesícula.

Yo no sé muy bien para qué sirve la vesícula, pero me quedó muy claro para qué sirven las palabras.

Comprendí que pasamos la vida junto a alguien sin poner nuestro corazón en sus manos.

Pasamos años junto a un compañero de trabajo sin reconocer su labor.

Vamos a comer todos los domingos a casa de nuestros padres sin agradecerles la existencia.

Y, a veces, la vida nos lo recuerda.

¿Para qué esperar?

(escrito y dibujado por un humano)

317 Cuesta muy poco

Verás. Yo aprendo mucho paseando a Kinder.

Aprendo de la vida y aprendo sobre mí.

Esta tarde  en el parque, sentada en un banco, estaba una mujer de edad indefinida.

Era de algún país latinoamericano, pero no sabría precisar de cuál.

Desgajaba lentamente una naranja y la comía despacio.

Su pelo largo, ensortijado y entrecano le tapaba parcialmente la cara.

Aun así, pude ver su mirada entre triste y melancólica (o eso me pareció a mí, a lo mejor era yo)

Miraba la fruta como si algo se fuera a desvelar en su interior.

Kinder es un demonio de Tasmania con otros perros, pero adora a los humanos.

Se acercó despacito al banco, con las orejas gachas y moviendo suavemente el rabo, hasta casi tocar a la mujer.

Ella levantó la cabeza y su cara se encendió con una sonrisa que iluminó el atardecer del parque.

Así de sencillo es.

Una perrita nos da un poco de cariño y nos arregla la tarde, o el día, o la vida.

Imagínate lo que podría hacer una persona.

Lo que podrías conseguir tú… y yo.

(escrito y dibujado por un humano)

316 Introyección

Verás. Hoy es domingo y quizá estés leyendo esto en tu casa.

¿En qué lugar te encuentras?

En el dormitorio, en el salón, en el baño, en el cuarto de estudio…

¿Es tu sitio de lectura habitual?

Levanta un momento la cabeza y echa un vistazo a tu alrededor.

¿Qué objetos, muebles o elementos decorativos te llaman la atención?

¿Podrías explicar por qué? ¿Los adquiriste tú? ¿Son regalos? ¿Los has heredado?

¿Cuál es la habitación de tu casa que más te gusta? ¿Hay alguna que casi no pisas?…

La última pregunta: ¿te gusta tu casa?

Tienes, como todo ser humano, una serie de vínculos psicológicos con el espacio en el que habitas, así como —en un sentido más amplio— con tu pueblo o ciudad, tu barrio, tu país…

A veces eres conscientes de ello y a veces no.

Me voy a centrar en los vínculos con la vivienda.

En virtud de ellos te peleas a muerte con tu pareja por un sofá, tus hijos adolescentes defienden casi con sus vidas la decoración de sus habitaciones

o te gastas un dinero que no tienes en cambiar el suelo del apartamento que acabas de alquilar.

Tu relación con el hogar es una puerta de vaivén: tú proyectas sobre el entorno tu personalidad, emociones, creencias, valores,

y el entorno te transforma como persona, un mecanismo que en psicología se denomina «introyección».

Esta proyección a veces choca con la de la persona con la que convives, y de ahí surgen las grandes peleas sobre si la mesa del comedor es la adecuada o no.

Es una lucha que va más allá de la estética: en ella interviene de manera poderosa el inconsciente de ambos.

Modificas el ambiente y este te modifica a ti; cambia tu personalidad y afectará a tu toma de decisiones.

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(escrito y dibujado por un humano)

315 El equilibrio

Verás. En la vida buscas un constante equilibrio: entre lo privado y lo público, entre tú y tu pareja, entre lo interior y lo exterior, entre el trabajo y la familia.

Un equilibrio emocional que no es fácil de conseguir.

Tu casa es una balanza más a equilibrar, y es fundamental: si una de las tres patas que sujetan tu vida —lo profesional, lo personal y lo trascendente— falla, las otras se tambalean.

En la vida personal, tu pareja cubre un porcentaje muy alto en tu grado de felicidad;

con ella, la casa puede convertirse en el espacio perfecto para enmarcar la relación o en el escenario de una tragedia shakesperiana.

Tarde o temprano llega ese interesante momento en el que compartes casa con alguien, generalmente tu pareja.

¿Qué ocurre entonces con la energía, con la mezcla de hogares de la infancia, con la intimidad, los gustos y los anhelos de ambos?

Crear hogar con otra persona es un proceso.

Es una negociación hacia el bien de ambas partes. Es un dar y recibir, un soltar y tomar hasta que el equilibrio llega (si es que llega)

La clave del éxito es la comunicación, el compromiso y valorar al compañero o compañera por encima de objetos o recuerdos.

Tu personalidad es un fluir cambiante y adaptativo que, en armonía con otro, te puede llevar a los cielos, así como la desarmonía puede conducirte a los infiernos.

Si el lugar donde vives no refleja tu yo más profundo, tarde o temprano querrás abandonarlo.

Recuerda que tú eres tu casa, y ¿qué ocurrirá si no ves ese reflejo?, ¿cómo te sentirías si al mirarte al espejo en vez de contemplar tu cara vieras la de tu pareja?

En primer lugar, te preguntarías: ¿Dónde estoy yo?

Si esto es así, hay dos caminos a seguir:

o hablas con el otro para revertir la situación

o acabarás buscando un lugar que sí te represente, en el que, cuando busques tu reflejo, lo encuentres; un lugar al que puedas mirar y verte a ti.

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(escrito y dibujado por un humano)

314 Retorno imposible

Verás. En la casa de la infancia pasaron muchas cosas por primera vez.

Algunas relacionadas con la ternura, la seguridad, la risa, pero otras con experiencias dolorosas.

Es también en la casa infantil donde habitan las heridas no cerradas, el potencial que no se llegó a desarrollar y los deseos insatisfechos.

Como casi todos los animales, necesitas tener una madriguera, una guarida o nido donde resguardarte de las inclemencias del tiempo y del peligro que suponen otros animales.

Existe una correspondencia simbólica entre la casa, el útero y la madre primordial.

Hay muchas viviendas tradicionales en forma circular que lo reflejan: la maloca amazónica, los tipis indios, los rondavels sudafricanos, las yurtas de Asia Central, las casas honai de Indonesia o los característicos iglús canadienses.

Al salir del útero de la madre ya no puedes regresar a él, lo cual genera una añoranza casi existencial de regresar a ese primer y verdadero hogar.

Es el anhelo por volver a casa que describe Homero en la Odisea, el relato de las vicisitudes del retorno de Ulises a su Ítaca natal tras la guerra de Troya: diez años luchando y otros diez para regresar a un reino que le considera ya muerto.

El capítulo 3 del Génesis, donde puedes leer la expulsión de Adán y Eva del Paraíso, simboliza también ese destierro de la casa a la que será imposible volver.

Para Jung, ese querer regresar al hogar inalcanzable tiene que ver con la búsqueda de la verdad, la trascendencia y la realización personal que está en todos nosotros.

Te obliga a encontrar tu propósito de vida y a comprender el lugar que ocupas en el mundo.

Al final, se trata de cerrar los ojos por última vez con la sensación de haber tenido una existencia significativa que haya merecido la pena vivirse.

Visto así, el transcurrir de la vida es un continuo ir y venir de separaciones y retornos de tu ser hacia una mayor conciencia.

Y en tu vida real podrías haber vuelto a tu casa de la infancia o a tu casa materna, por ejemplo, después de un divorcio o una crisis económica.

Esto quizá marque el comienzo de un nuevo renacer.

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(escrito y dibujado por un humano)

313 Axis Mundi

Verás. Desde las épocas más remotas los seres humanos hemos alzado nuestras caras al cielo.

Lo hemos considerado como el reino de la perfección y del equilibrio y así lo hemos reflejado en nuestras construcciones.

El sol, la luna y las estrellas han regido casi desde siempre la orientación de la arquitectura.

Primero fueron los edificios sagrados y luego la planificación de toda la ciudad, las decisiones de dirección y emplazamiento de las construcciones no han quedado al azar.

Damos significados a los edificios para que representen nuestros sistemas de creencias en un tiempo y en un espacio concretos.

La arquitectura, de alguna manera, ha servido para expresar y comunicar los valores asociados a nuestra existencia.

Es difícil encontrar edificios y poblaciones orientados al azar.

Suelen estar alineados respecto a la trayectoria del Sol, la Luna o las estrellas con el objetivo de crear aquí, en la Tierra, un lugar de encuentro con los dioses.

No hace falta irse muy lejos para ver ejemplos: en casi todas nuestras iglesias cristianas se entra por el oeste y se avanza hacia el este, donde se sitúa el altar.

Ese camino representa el paso de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida.

Los edificios que hemos construido, también nos han representado a nosotros mismos en la medida en que han sido reproducciones simbólicas de nuestro cuerpo, o de partes de él.

El lugar más sagrado de la antigua Grecia, el complejo de templos de Delfos era conocido como el ombligo del mundo.

A menudo se marca como el axis mundi, el lugar donde se juntan las tres regiones del cosmos: Cielo, Tierra y Submundo.

Dicha unión lo convertía en el ámbito perfecto para la comunicación con Dios.

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(escrito y dibujado por un humano)

313 Te saludarás a ti mismo

Verás. Como sucede con tantas cosas que comparto en estas páginas, todo empieza en la casa de la infancia, en el hogar familiar.

Allí sentiste que te valoraban, quizá te comparaban con tus hermanos o incluso con los vecinos.

En el hogar infantil te diste cuenta de qué partes de tu personalidad no eran válidas y decidiste esconderlas.

Esas son las facetas que ahora relajan tu espíritu cuando las expresas en la intimidad del hogar adulto.

Solo en este espacio te permites sentir vulnerabilidad y te aceptas tal y como eres, con independencia de lo que piense sobre ti el mundo,

porque aquí, en el hogar, solo están tus seres queridos, aquellos que te valoran incondicionalmente, valoración de la que tal vez no gozaste en tu casa infantil.

El poder ser tú entre tus cuatro paredes es importante,

pues siéndolo te permitirás expresarlo en la decoración, los colores y el mobiliario, para obtener la simbiosis perfecta entre tú y tu hogar.

Si actúas así, proyectarás tu personalidad en todo lo que te rodea y sentirás el gozo de estar en el lugar al que perteneces.

The time will come

when, with elation,

you will greet yourself arriving

at your own door, in your own mirror,

and each will smile at the other’s welcome,

and say, sit here. Eat.

Love After Love. Derek Walcott.

Llegará el momento

En el que, con júbilo,

te saludarás a ti mismo al llegar

a tu propia puerta, en tu propio espejo,

y cada uno sonreirá ante la bienvenida del otro,

y dirá, siéntate aquí. Come».

Amor tras amor. Derek Walcott.

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(escrito y dibujado por un humano)

312 Creer en uno mismo

Verás. Hay personas que consiguen lo que se proponen.

Sí, todo lo que se proponen.

Y no son personas que se obsesionan con algo y están en monotema todo el día.

Tampoco han leído el libro de: visualiza tu objetivo, pega una foto en la nevera y se cumplirá.

Tengo una amiga que lo consigue con una facilidad envidiable.

Quería casarse de blanco porque su primer matrimonio fue civil…

Y lo consiguió a los 45 años.

Tenía el sueño de vivir en la playa…

Y, desde hacer dos meses tiene su propia casa en la costa.

Tenía un recuerdo, vívido en su mente, de su tío tumbado plácidamente en una hamaca entre dos frondosos árboles…

Y, justo ayer, me envía la foto de sus pies descansando en una hamaca.

Y, lo que digo, no es una persona obsesiva.

Es una persona que tiene muy claro lo que quiere…

Más la paciencia para esperar y la energía para conseguirlo.

Creo que a veces o nos obsesionamos, o no creemos lo suficiente en nosotros, o no tenemos la paciencia y el compromiso que se necesita.

Por eso no lo conseguimos.

No es falta de talento.

Es seguridad en uno mismo.

Es autoestima.

Es pensar que te lo mereces.

Es creer en ti.

Y el universo escucha.

Enhorabuena Mariola, no tanto por lo que consigues, sino por lo que eres.

(escrito y dibujado por un humano)