56 Cumpleaños

Verás. Hoy es el cumpleaños de mi hija Blanca.

Cumple esa edad que termina en un número redondo y el primer dígito se dice con la boca pequeña.

El caso es que tengo un dilema con esto de los regalos de cumpleaños. No sé si darle uno, o no.

Para mí, cumplir años no tiene ningún mérito. Te sientas en una silla, dejas pasar la vida, y los años van cayendo uno tras otro, quieras o no quieras. No hay nada que hacer (bueno, sobrevivir)

Entonces, ¿a qué viene eso de regalar?

Ese es mi dilema: Si no regalo nada uuuhhhh, mal padre, presión familiar, sentimiento de culpa. Mal rollo.

Si regalo algo, voy contra lo que pienso de los cumpleaños.

Podría regalar cualquier basurilla para quedar bien. Eso sería lo peor para ella, para la familia y para mí.

Entonces pienso en Blanca. Pienso en cuando era una adolescente y yo estaba muy preocupado por su futuro, por si sería buena persona, por qué estudiaría, qué le depararía el futuro próximo… es decir, cosas de padre inseguro.

Una amiga me dio un gran consejo, que como los buenos consejos vienen arropados entre signos de interrogación:

«¿No encontraste tú tu camino? ¿Qué te hace pensar que ella no lo va a encontrar?»

Lo encontró.

Blanca es inteligente, buena persona, la acaban de ascender a jefa de su Departamento en una empresa importante, tiene una vida social plena llena de amigos que la adoran, cuida de su madre, es independiente económica y emocionalmente, mira a los ojos cuando habla y mueve su melena negra con seguridad.

Soy un padre orgulloso. Muy orgulloso de cómo es, de cómo maneja su vida y de lo que va consiguiendo. Y lo ha hecho ella sola, a pulso.

Eso sí se merece un regalo.

De los pañales, a una falda plisada gris, a una cazadora corta para enseñar el ombligo, a un traje de chaqueta… todo eso en lo que abres y cierras los ojos.

Feliz cumpleaños, Blanca, te quiero.

(escrito por un humano)

55 Donde está, no está

Verás. Donde está no está.

Parece un truco de magia, pero no (o a lo mejor es magia divina)

Te cuento. Hace tiempo, una queridísima y admiradísima amiga me dijo esa frase.

Ella era osteópata y me miraba un dolor en la rodilla derecha. La primera pedrada que me soltó es que las rodillas reflejan el rencor. Que aparte del tratamiento, si quería ir a la causa del dolor, que mirara a quién tenía rencor.

También me dijo que los dolores se suelen reflejar en el lado contrario del cuerpo, que es donde está el verdadero problema.

Por supuesto acabó acertando en las dos cosas, en lo del rencor y en el problema real de la rodilla izquierda.

Donde está no está.

Con el tiempo he aprendido que cuando nos enfadamos pasa lo mismo.

Por ejemplo, recuerda la última bronca que tuviste con tu jefe, o con tu pareja, o con quien sea.

Recuérdalo bien y piensa si el motivo final que disparó la tensión era, en realidad, tan grande o tan importante.

Casi seguro que no. Casi seguro que el problema vino de atrás (puede que de muy atrás) y simplemente se cristalizó en un pequeño detalle que hizo explotar a todo.

Pero la mecha se encendió mucho antes, y eso es lo que hay que buscar.

Vale, te pongo un ejemplo concreto:

Llegas a casa y tu pareja te monta la mundial porque dejaste en el fregadero un vaso sin recoger.

«¡Yo no soy tu esclav@! ¡Ni tu madre! Para ir recogiendo todo lo que vas dejando por ahí.»

Ya te digo yo que el vaso no es el problema. Que seguro que no es la primera vez. O a lo mejor tu pareja tenía una pareja anterior que era un desastre con el orden y lo que ha hecho es una regresión a tiempos pasados no muy felices, y no quiere que se repita.

Donde está no está.

Así que eso que te preocupa ahora, mira a ver si es eso u otra cosa.

Si quieres escuchar el canto de los pájaros, no compres una jaula, planta un árbol.

A veces, las soluciones no están donde creemos que están.

(escrito por un humano)

54 Muy caro

Quiero irme a Oslo a visitar a mi querido amigo Arash

Busco vuelos.

Veo precios.

Me encuentro diciéndome a mi mismo: ¡Qué caro!

¿Qué quiere decir qué caro?

100€, 200€, 500€, ¿1.000€?

Y me pregunto, Jon ¿desde dónde estás mirando los precios?

Es obvio que los estoy mirando desde la escasez, desde un lugar donde existe lo caro y lo barato.

Y me dirás que siempre existe lo caro y lo barato, que son estados comparativos de un mismo producto o servicio ofrecido por diferentes proveedores.

Y tienes razón. Pero hay algo más.

Es mirar un precio desde tu estado de ánimo y la creencia en ti mismo de un momento concreto.

El lógico que busque el vuelo más económico. Hace dos años también lo habría buscado así, y, sin embargo, con un mismo precio no me habría parecido caro.

¿Qué es caro cuando vas a ver a un gran amigo con el que no compartes una buena conversación desde hace ya mucho tiempo?

¿Cómo pones precio a eso?

Hace unos años, como te decía, no me habría parecido caro, entonces ¿qué ha cambiado?

No es la cantidad de dinero que tenía hace esos años, ya que más o menos es la misma que tengo ahora.

Tiene que ver más con creer en mí. Con creer en el fluir de lo económico en la vida. Antes no miraba el dinero y confiaba plenamente tanto en su abundancia como en su movimiento.

Ahora parece todo un poco más estancado. Siento como que le cuesta más fluir y moverse y pasar de unas manos a otras de la forma que pasa la energía de una sonrisa.

Y se cierra un círculo que me cuesta romper:

Esa sensación me hace poner más foco en el dinero físico, en los euros, lo que me lleva a notarlos pesados y sin movimiento. Y esa pesadez aumenta mi concentración en los billetes.

Y no me gusta.

Ayer estuve comiendo con mi sobrino Claudio.

Me habló de un amigo suyo que era ahorrador extremo. Iba andando a todas partes para ahorrar y lo hacía mirando al suelo por si encontraba alguna moneda.

Se cortaba el pelo él mismo y buscaba siempre lo más barato y la forma de ahorrar con absolutamente todo.

Llevaba un Excel como si fuera un diario con lo que ahorraba cada día y cómo invertía ese dinero.

Mi sobrino estaba fascinado, y me preguntó que me parecía eso.

A mí siempre me parece bien lo que haga cualquier persona, si es coherente y sus decisiones no afectan negativamente a terceros.

Solo le dije que veía un problema en cómo funcionaba su amigo.

Esa obsesión por optimizar al máximo el ahorro de dinero le llevaba a estar pensando todo el santo día en dinero: formas de ahorrarlo, de no gastarlo, de dónde invertirlo…

Y creo que la vida es algo más que dinero.

Si se convierte en una obsesión que llena un 90% de nuestro pensamiento…

La vida, es más, mucho más, como para atascarnos en pensamientos obsesivos.

Eso sí que es caro.

(escrito por un humano)

53 Ir solo

Verás. Leo frases que son bonitas y damos por buenas.

Están en memes y circulas por las redes.

Y las damos por buenas sin pararnos a pensar, porque al principio parecen lógicas.

Por ejemplo, seguro que la has visto o la has oído a algún conferenciante:

“Si quieres ir rápido ve solo, si quieres llegar lejos, ve acompañado.”

Algunos se la atribuyen a Robert Waldinger, otros a un proverbio africano, da igual.

Lo que yo pienso es que si quieres ir rápido, ve con personas rápidas-, y si quieres ir lejos, ve con buena compañía (si además son visionarios, mejor).

En el mundo de la rapidez en el que vivimos, creemos que vamos solos, que lo conseguimos todo nosotros, que estamos donde estamos es gracias a lo grandes y poderosos que somos…

Todo falso.

Esa es una creencia y como tal, errónea.

Nadie consigue nada solo y solo hay que ser un poco humilde para ver que las cosas se consiguen gracias a los otros, al equipo, al entrenador, a los que han recorrido ese camino antes y te han ahorrado tiempo y fracasos, al amor de tu pareja, al soporte de tus amigos, a la motivación de tus hijos…

¿Solo?

Hacer las cosas solo es no saber delegar y creer que uno es el único artífice de sus éxitos.

Puede que tengas tú la visión de dónde quieres llegar. Tan importante como la visión es el equipo.

Si piensas que no necesitas equipo para ir más rápido… piensa de nuevo.

No se me ocurre ningún ejemplo de alguien que haya conseguido ir rápido porque va solo.

Y cuando escribo esto no voy solo, estoy contigo.

(escrito por humano)

52 En busca de la felicidad

He quedado a desayunar con mi amiga Susanne.

Estoy unos días de trabajo en Madrid y aprovecho para visitar a mi madre, que vive justo al otro lado de El Retiro.

Así que me dispongo a atravesar el parque en esta deliciosa mañana de principios de un otoño tardío.

Los castaños de indias empiezan a ceder sus hojas y los ocres empiezan a cubrirlo todo. ¡Qué maravilla!

Me sorprende la cantidad de personas que van corriendo de un lado para otro. Ataviados con la última moda deportiva algunos y con el chándal gris de toda la vida otros.

Lo que todos tienen en común es la cara de sufrimiento.

Y eso me sorprende y mucho. ¿Por qué? Puessss, nadie les obliga a correr. Lo hacen porque teóricamente les gusta, disfrutan con ello ¿no?

Si eres corredor o corredora asentirás con la cabeza. Si no pregunta a algún conocido que corra y a ver qué te dice.

El caso es que le estuve dando vueltas a la cosa mientras atravesaba el parque y cuando llegué al lugar del desayuno le pregunté a mi amiga (que es corredora) el porqué de la expresión de sufrimiento en todas las caras.

  • Bueno, es que donde uno se siente muy muy bien es después – me contestó.

Y aquí es cuando uno el título de esta Newsletter con eso del correr. Parece ser que, en la vida, como cuando corremos, la felicidad llega al final.

Una idea muy judeo – cristiana: Sufro durante toda la vida en este mundo cruel e injusto (corro durante toda la mañana en este suelo duro y lleno de socavones) porque luego seré feliz en el Cielo.

Cuanto más sufrimiento, mejor lo haremos en el examen de acceso que nos hará San Pedro.

¿De verdad?

Yo no sé dónde buscas tú la felicidad. Yo lo tengo claro. La felicidad no creo que dependa de cosas que hacemos y de las que esperamos recompensa. Creo que la felicidad es un estado interno de paz interior que te acompaña en el camino, que te llama cuando te alejas y que te busca cuando estrás perdido.

Fuera de nosotros solo la vemos cuando la proyectamos, en la mirada de un niño, en la dulzura de una anciana o en la expresión de amor de una pareja.

No creo que haya que correr para alcanzarla. Muy al contrario, pienso que cuanto más corremos en esta vida, más nos cuesta ubicarla.

Para verla, para sentirla hay que quedarse quieto, solo, en silencio.

Solo así brillará con intensidad y sabremos que solo nosotros somos responsables de que aparezca. Solo nosotros somos responsables de que permanezca aquí, ahora, y en el tiempo.

No hay que buscarla, hay que dejarla emerger de las profundidades de nuestro ser.

(escrito por un humano)

51 El regalo

Seguro que todavía hay por el salón de tu casa envoltorios de regalos.

Sí, ayer era el gran día de regalar.

Te voy a contar lo que aprendí hace algunos años sobre regalar.

No se trata de lo fácil o difícil que es elegir el regalo para la persona que quieres. Es otra cosa. (Si la quieres, eres un poco observador y estás atento a las pistas, es muy fácil)

Como te decía, era el cumpleaños de una persona a la que admiraba y quería muchísimo.

Así que le compré el regalo perfecto, que no viene a cuento contarte qué era.

Entré en su despacho. Era principios de otoño y ella estaba a contraluz, delante de una ventana que enmarcaba las hojas amarilla de un castaño de Indias.

Di los tres pasos que separaban la puerta del frontal de su mesa y, con la mejor de mis sonrisas, deposité mi paquete exquisitamente envuelto (que sepas que el envoltorio dice tanto como el regalo)

Ella me saludó, pero siguió escribiendo lo que sea que estaba escribiendo en el ordenador.

Pasaron 30 segundo que a mí me parecieron muchos más y mi sonrisa se deshizo un poco.

– ¿No lo vas a abrir?

– Ahora no.

Me quedé un poco frío. Se supone que cuando das un regalo la persona lo abre mientras escrudiñas su cara para ver si le gusta de verdad o no, y luego recoges con gloria su agradecimiento.

Pero nada de esto estaba sucediendo.

Levantó la vista y me dijo:

– Es mi regalo ¿no? Así que puedo abrirlo cuando quiera ¿no es así?

-Sí, pero…

-¿Es mío el regalo o no?

-Ya, pero…

-Pues si ya es mío puedo abrirlo o no, dárselo a alguien o tirarlo por la ventana. Tú has hecho tu parte y ahora te toca desapegarte del resultado. El regalo es para el que lo recibe, porque si no, en realidad estás regalándotelo a ti, para tu satisfacción de que te agradezcan algo. Cuando regales, quédate con la satisfacción que produce dar, no te preocupes de recibir. Desapégate, que tu corazón se llene de tu entrega y es responsabilidad del otro lo que quiere hacer con ella.

50 Intensidad

Verás.

Esta mañana me he puesto una camiseta con el dibujo de la cara de Fernando Pessoa, con sus gafas redondas y su sombrero, que compré hace dos veranos en Portugal.

El laureado poeta escribió:

«El valor de las cosas no está en el tiempo que duran, sino. En la intensidad con que suceden. Por eso existen momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables»

Intensidad ¡Qué palabra!

De alguna manera intensidad es darlo todo, vivir el momento, entregarte al aquí y el ahora sin límite, sin tiempo, sin medir el esfuerzo.

Miro hacia atrás y, de las personas que he conocido en mi vida, las que más he admirado han sido las intensas: Joaquina Fernández, Andrés Perea…

Personas que lo han dado todo, cada uno en su nicho y cada uno a su manera. Pero tienen en común eso, la intensidad.

El primer día que conocía Joaquina estuve esperando 3 horas en su sala de espera para ser atendido. Era domingo y veía aparecer su cara sonriente cada cierto tiempo para que pasara a consulta el siguiente.

Fue una espera maravillosa y quedé hipnotizado por su mirada, profunda, vivaz, y sobre todo… intensa. El retraso no tenía nada que ver con una mala gestión de la agenda sino con la intensidad con la que vivía a cada persona, cada momento, cada situación, y eso hacía que el tiempo no existiera no para ella ni para nadie.

El día que conocía a Andrés también fue intenso. Yo acababa de terminar la carrera y bajaba los escalones que conducían a su estudio en mi primer día de trabajo. Mientras yo las bajaba, una chica de más o menos de mi edad las subía llorando.

En el estudio me encontré a Andrés vociferando:

«¡Joder!¡ Es que no se les puede decir nada! ¡Se ponen a llorar enseguida!»

No sé si la chica tenía o no motivos para llorar. Tampoco sé a quién se refería Andrés con el “les”.

Lo que sí sé es que ese fue el primer día al lado de este gran y temperamental maestro que vivía con intensidad increíble cada momento, cada proyecto, cada línea en el papel.

Me llevé muchos gritos y muchas alegrías.

Echo de menos a los dos y si bien no he sabido llegar a sus niveles de intensidad los recuerdo con infinito amor.

Estoy seguro de que, allá donde estén, nadie se aburrirá a su alrededor.

Mi intensidad se diluye en el tiempo y aunque mi corazón lo agradezca, estoy seguro de no llegar a ser una persona incomparable, como lo eran ellos.

Personas únicas con una visión clara de la vida. Una vida que exprimían hasta la última gota. Una vida apasionada, cada uno con su tema, y ambos imprimiéndoles la intensidad del momento.

Ellos no veían el partido de fútbol desde el banquillo. Ellos ocupaban su puesto en el césped, dándolo todo, incansables y motivados por el bien del equipo, corriendo cada minuto, riendo y llorando con cada jugada.

A lo mejor no querían estar en ese equipo, o en ese partido, pero ya que estaban, lo daban todo.

Incomparables.

49 Tres casas

Verás.

Te voy a contar una historia sobre tres casas. No una ni cuatro, tres.

No, no es el cuento de los tres cerditos. O puede que sí con el inconsciente nunca se sabe.

No sé. Tú me dirás al final.

Voy con las tres casas.

La primera es una casa funcional en la que vives solo.

Tu casa, tus reglas, que dirían en una peli americana.

Te la puedes imaginar limpia, o no; ordenada, o no; grande, o no. Pues eso, como tú quieras. Pero, recuerda, es funcional, nada extravagante, pretencioso… pero tampoco es un cuchitril, no te vayas al otro extremo.

La casa 2 es más grande, está muy decorada (con mal gusto o no, depende de ti y de tu gusto)

Pero lo importante es que siempre tienes invitados. De todo tipo, a todas horas.

Haces fiestas y te preguntas quién es la pelirroja de la falda negra, porque ni lo sabes.

También invitas los domingos a tu familia, a comer. Como no te gusta cocinar. Les pides que cada uno traiga algo y luego se reparte entre todo. No lo organizas bien y al final hay mucha tortilla de patata y ensalada de pasta.

Da igual, es divertido.

La casa 3 es distinta.

Vives en ella solo. Es una casa agradable, decorada con mesura, pocos muebles y muy cómodos.

Cada cosa, cada detalle, cada rincón habla de ti.

Lo más importante, su energía es limpia, agradable, hay mucha paz. Hay armonía y casi, tú y tu casa sois uno.

La luz natural entra por grandes ventanas y lo envuelve todo.

Te gusta estar en tu casa y no necesitas nada más.

Atiende.

Tres casas. Tres preguntas:

¿En cuál de las tres te gustaría vivir?

¿En cuál de las tres vives? (sé sincero, solo te engañas a ti mismo)

Si no vives en la que te gustaría, ¿Qué crees que tienes que hacer para mudarte?

Ahí lo dejo,

Hoy no vendo nada, solo preguntas.

Si os gusta eso de las casas, en esta charla TED hablo de ellas

Aúpa ¡

48 Verano y felicidad

Ya estamos en verano. Con él llega una energía de luz para que tu conciencia la ponga en tu experiencia vital y así puedas ver lo que tienes, lo que te falta y todo lo que puedes alcanzar. La luz te hace salir, clarificarte y exponerte a lo que eres.

Es el tiempo de dejar cosas de aproximarte profundamente a un pensamiento, a la mirada y ver con qué te tienes que comprometer y qué nuevos campos debes abrir. Así que lo primero que necesitas este verano es aprender a gestionar los compromisos y manejar sus símbolos. Por ejemplo, en verano tenderás a quitarte ropa, y lo que te está diciendo la estación más calurosa del año es que te quites todas las cosas superfluas que no necesitas. Para entrar en los compromisos hay que quitarse todos los trajes de falsedad que no te han servido para nada.

El verano es el crisol de la conciencia. ¿Qué quieres de tu vida? Esta es la pregunta clave. En el momento que entras en la conciencia del verano tienes que tener claro qué es lo quieres, y por qué. El verano necesita una justificación clara, se pregunta por qué quieres lo que quieres, y por qué eres como eres. Si no encuentras las respuestas te sentirás perdido.

El principio del verano lleva a la luz tu pensamiento más destructivo para que lo cambies y lo resuelvas, no para hacerte daño, ni para criticar y que te obsesiones en tu debilidad. Te dice que el propósito de tu vida es tener una mente clara para que puedas comprometerte con los demás. ¿Cómo te vas a comprometer si estás perdido en tus propias debilidades? Comprométete conociéndote.

El verano es lo previo a las decisiones, lo que quiere decir que aquí se empiezan a almacenar las grandes ideas, para después tomar las decisiones. No te vale tener ideas si no te comprometemos con ellas. Cuando estás dispuesto a trabajar sobre una motivación construida, sana, transparente, conviertes el entorno más frívolo del año en la época de la felicidad, del amor… Cuando dudas del amor de los demás o de lo que él es, vuelves al invierno y a la zozobra; y cuanto más consciente seas de todo lo que eres, de todo lo que tienes, de todo lo que sientes, de todo lo que sabes, más posibilidades hay de que el mundo sea de verdad y se convierta en un paraíso.

No dejar de mirar todos los días el faro del amor y la felicidad que es creer en ti mismo, en tu sociedad, creer sobre todo que el amor es un ejercicio de respeto a uno mismo, es crear tu personalidad y estar motivado para hacer la vida y poder perdonar y poder dejar atrás todo lo que no sea eso. Olvídate de todo aquello que no sea tu camino, tu creencia, o tus ideales, y de todo aquello que no sea la motivación para hacer lo que amas.

47 Amar como aman los perros

No estoy seguro de que la palabra sea amor, pero la usaré hasta encontrar otra mejor. Lo que sí sé es que un perro no tiene expectativas, que te ama independientemente de cómo seas, qué hagas, qué sientas o cómo pienses. Eso le facilita mucho el camino para mirarte y serte fiel.

No se trata tanto de que mueva la cola cuando te ve, sino de que no tiene miedo a quererte y a expresarlo. No importa si tú eres un asesino en serie o el Dalai Lama, y tampoco importa si el perro es un diminuto chihuahua o un majestuoso gran danés, la cercanía, el cariño y la fidelidad siguen ahí, incorruptibles, ni siquiera por ti mismo.

¿Cuándo hemos tenido nosotros la grandeza de mostrar nuestra vulnerabilidad a otro ser humano? ¿Cuándo nos hemos permitido amar tanto a otra persona que la aceptamos 100% tal y como es? ¿Cuándo hemos querido a otra persona sin esperar que nos quieran de vuelta? ¿En qué momento hemos vivido el instante presente sin rencor al pasado y sin proyectar expectativas a futuro? ¿Cuándo no hemos volcado nuestra falta de amor en el otro?

Y, por si lo estáis pensando, no es que el perro compense la comida que le das con el cariño que te ofrece. El perro lo que te agradece es que seas; que te muestres ante él tal cuál eres; y lo haces porque sabes que te va a querer igual, que te va a aceptar igual.

Tampoco es sumisión. Él no te ve como su amo, ni como su compañero, te ve como su líder, su amigo, la persona por la que daría su vida y en muchos casos la daría por cualquier ser humano, aunque no lo conozca.

Creo que en este mundo no hay amor, lo que hay es perdón. Pienso que el perdón es la forma máxima de amor al que podemos aspirar los humanos. Perdón significa romper con un pasado de culpa y dejar de proyectarlo a un futuro lleno de expectativas, de tal forma que podamos vivir un presente lleno de aceptación.