61 La casa perfecta

Verás. Estoy buscando una casa para comprar.

Hay algo dentro de mí que cada 3 años me hace cambiar de casa. Si ves mi conferencia TED lo entenderás mejor.

Pero ese no es el tema.

El tema es que he llegado a la conclusión de que no existe la casa perfecta.

Esta mañana he visitado una.

La casa bien, el jardín perfecto, pero, el camino que lleva a la casa ni las cabras podrían con él.

Y así con todas. Cuando no es la cocina es el salón, cuando no es la entrada es el vecindario.

Aceptando ya que no hay casa perfecta, uno baja un nivel y busca una buena casa.

¿Eso qué quiere decir?

Pues que hay cosas de la casa que no están del todo bien pero las cosas que sí lo están las compensan.

Es un tema de prioridades.

Hay que establecer las líneas rojas: Si me gusta el aire la casa tiene que ser exterior sí, o sí.

Si tengo niños pequeños debe haber un colegio cercano, sí, o sí.

Y la lista continua.

Y nuestras posibilidades de encontrar una casa buena para establecernos aumentan.

Vale, has leído hasta aquí, pero no tienes intención de comprar una casa.

Piénsalo, esto mismo aplica para las parejas, para el trabajo…

Es fácil enamorarse de lo bello de una persona, lo difícil es amar sus imperfecciones.

(escrito por un humano)

60 Decir tacos

Parece que hemos vuelto a poner en valor los tacos.

Aquí van los títulos de algunos libros muy exitosos:

  • Superpoderes del éxito para gente normal. Consigue todo lo que quieras… trabajando como un cabrón.
  • Emprender a ostias
  • Escribo para follar. El libro del copywriting

No quiero ser moralista, solo me llama la atención la necesidad de decir tacos para parecer cercano.

Desde luego es mucho más fácil acercarte por el lado campechano de la vulgaridad.

Es cierto que en muchos casos un exabrupto expresa en una palabra lo que de otra forma costaría una frase, o dos.

Quizá este mundo de lo rápido y concreto se esté llevando por delante ese otro mucho más complejo de buscar la belleza en las palabras y la profundidad en las frases.

Es la diferencia entre follar y hacer el amor. Táchame de cursi si quieres, pero la segunda expresión se acerca más a lo que yo busco, por muy clara que se entienda la primera.

La fuerza no se expresa con palabras malsonantes.

La claridad no está en lo breve sino en la transparencia de lo que se quiere decir.

Quizá los tacos marcan tu estilo, pero ¿es ese el estilo que quieres marcar?

Se puede tener razón dando un golpe en la mesa y diciendo ¡coño! (el taco favorito de nuestro Nobel Camilo José Cela) ¿seguro?

¿No serán los argumentos que revolotean al lado de tu idea los que le dan credibilidad y solidez?

En fin, di todos los tacos que quieras, es tu boca, no la mía.

Pero piensa en lo que te aportan ¿Para qué los dices?

Yo no sé si los autores de los libros que he mencionado antes hablan así, o es todo una estrategia de marketing, que ¡ojo! tiene su público.

No sé lo que aportan los tacos de la misma maneta que tampoco sé lo que aporta esta Newsletter diaria.

Simplemente sale de las yemas de mis dedos con la naturalidad de un taco.

Me cuesta escribir con la claridad que quisiera de la misma manera que a otros les cuesta articular palabras que acaricien el oído del oyente, en vez de patearlo, por muy gracioso que quede.

Hay algo infantil ahí, en lo de reírnos cuando alguien suelta un taco, aunque nos lo esperemos.

Fíjate en los monólogos de muchos humoristas. Es cuando sueltan lo malsonante cuando obtienen las mayores risotadas. Un poco el, pedo, culo, caca, pis, de los niños pequeños.

Quizá los sigamos siendo, ya que nos hacen gracias las mismas cosas. Esta divertida transgresión de lo que no se puede decir a cierta edad pierde su sentido, o debería perderlo, con los años.

O quizá el ingenio escasea y está siendo sustituido por lo fácil.

Lope y Quevedo los usaban así que no son una afrenta a la lengua española. Existen y están en el diccionario.

La afrenta, creo yo, que es para el oyente que, como en mi caso, no sé muy bien qué cara poner cuando la cosa es muy repetitiva.

(escrito por un humano)

59 Olas y peldaños

Verás.

Hay muchos, muchísimos libros de empresa y de desarrollo personal que nos venden procesos.

También hay muchas entradas en las RRSS que te venden ese estilo de crecimiento:

Los 22 pasos del éxito.

Crea tu negocio en 7 pasos

Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva

10 hábitos de madres felices

88 peldaños del éxito

Las 48 reglas de la disciplina

(Son todos títulos reales, y algunos superventas)

Y no me gustan (los títulos, porque por principios no he comprado ninguno de esos libros.) por varios motivos.

El primero es que todo suena a mucho esfuerzo: escaleras que hay que subir, peldaños que hay que superar, claves que hay que descifrar….

Buffff me agota hasta escribirlo.

Lo segundo que no me gusta son los números. ¿Por qué 7 peldaños? ¿Por qué no 3 o 9 o 5? Me parecen muy arbitrarios todos esos números.

Y luego parece que ese es el único camino, o subes esa escalera o ya no tienes nada que hacer en la vida. O tu empresa sigue esos pasos o ya puedes ir cerrando.

Todas estas reglas para llegar a ser perfectos me chirrían un poco. Yo soy más de fluir: interpretar los imprevistos como parte de la riqueza de la vida.

Sentir las experiencias de la vida como placenteras, como parte de un continuo que hemos elegido.

En palabras del filósofo de nombre impronunciable, fluir es el estado de conciencia de una “experiencia óptima”.

Todos hemos tenido alguna y se trata de potenciar ese sentimiento.

Por eso estoy escribiendo un libro (primicia mundial) que se va a llamar “Surfear la vida” 

Porque la vida no son peldaños ni escaleras, son olas que elegimos cabalgar para, en la cresta, tener esa experiencia óptima.

Tú eliges la ola, tú sabes cómo es tu tabla de surf, tú decides el momento y la playa.

Go¡

(escrito por un humano)

58 Las ventanas

Verás. Cuando vivía en el centro de Madrid, guardaba mi coche en un garaje.

Accedía por una rampa recta y al final giraba a la derecha, justo al lado de la cabina donde estaba el vigilante.

Él siempre estaba allí. Día o noche. Festivo o no. Es más, nunca le vi salir del pequeño habitáculo.

Nos saludábamos cordialmente. Yo saludaba a Félix con una sonrisa mientras él me miraba a través de la ventana de cristal.

Me dio que pensar ese hombre.

Allí pasaba, por lo menos, un tercio de su vida.

Al alcance de su mano tiene tres ventanas, aproximadamente del mismo tamaño y aspecto, formando el universo a través del cual conforma los parámetros de su realidad.

La primera de estas ventanas es por donde vamos desfilando los propietarios de los coches, ofreciendo un abanico bastante reducido de corteses saludos, intercambios monetarios e información meteorológica, acompañado de infructuosas búsquedas de tiques por los bolsillos.

Aportamos bien poco de una realidad lejana.

Un viejo televisor es la segunda ventana. Por ella desfilan en ininterrumpida cadencia cuerpos desmembrados de niños, hermosas mujeres, fútbol, distantes noticias y cercanas guerras. 

Es el anestésico perfecto que ayuda a sentir aún más lo irreal de la primera ventana. Es la que se encarga de transformar en opaca su mirada y repetir hoy su gesto de ayer, que será también el de mañana.

La tercera ventana es sin duda la más compleja.

Desde su puerta de cristal oscuro, el microondas le devuelve su rostro. Es en esta ventana donde pasa más tiempo.

Es en ella donde sus pensamientos vuelan, donde puede mover todas las invisibles piezas de ajedrez.

Aunque siempre están las tres abiertas, es la única que le proyecta fuera, la única que todos los días es diferente, que le ayuda a romper el espacio y le hace viajar en el tiempo.

Yo también veo el mundo a través de ventanas. Puede que sean más amplias que las de Félix, pero ventanas, al fin y al cabo.

Debo ser cuidadoso y saber a cuál de ellas le estoy otorgando demasiado poder.

(escrito por un humano)

57 ¿Y si…?

Qué buenas son las frases que empiezan por estas dos palabras.

Y si…

Son frases y pensamientos de aventureros, de valientes, de emprendedores, de personas a las que les gusta vivir la vida derrapando.

¿Y si hacemos este viaje?

¿Y si empiezo una relación con esta persona?

¿Y si me lanzo con este negocio?

¿Y si voy por este camino tan poco transitado?

¿Y si dejo mi trabajo actual que no me llena?

Tantos Y sis, tantas decisiones valientes.

Si estás reticente a dar el paso al frente después de preguntarte esto, te recomiendo: ¿Qué es lo peor que me puede pasar si me atrevo?

Estas preguntas que te planteo están en el ámbito material / emocional. Pero hay otros ámbitos mucho más poderosos en los que te puedes hacer la pregunta: ¿Y si…?

Dos ejemplos:

¿Y si Dios no hubiera creado este mundo y por ende tampoco te hubiera creado a ti?

El solo enunciado de la pregunta hace dos cosas: que te explote la cabeza y a la vez que muchas de las piezas que tienes en tu cabeza respecto al mundo encajen mejor.

Resulta que ya no hay un Dios castigador que te vigila.

Tampoco hay un Dios al que culpar por las calamidades sufridas en nuestras carnes.

Tampoco hay un Dios responsable de las guerras, los desastres naturales, las injusticias del mundo y de la vida.

Si el mundo no lo creó Dios, solo hay otro protagonista en la historia: tú, nosotros, nuestro ego. Somos los que fabricamos este campo de batalla para enredarnos y no caminar hacia el lugar que nunca abandonamos. (elaboraré esta idea en otras newsletters)

Otro ejemplo: ¿Y si fuéramos nosotros los que elegimos a nuestros padres?

Otra bomba. Ya no les podríamos culpar de habernos educado mal, o de no habernos querido como creíamos merecer, o de alguna perversión genética.

Imagina que tu espíritu decide bajar al mundo para hacer algún tipo de aprendizaje y elige a los padres que mejor se lo vayan a enseñar.

Recuerda que a veces elegimos maestros que nos enseñan desde la oscuridad.

Al elegir tus progenitores ya no te puedes disculpar ante ellos de lo dura o blanda que ha sido tu vida.

O de las oportunidades que has tenido o dejado de tener.

Ha sido tu elección. Y te garantizo que es la mejor elección que has podido hacer para aprender eso que querías aprender.

A lo mejor te cuesta saber qué es.

Te doy una pista: De uno de los padres tienes algo positivo de serie. Del otro hay algo que te vendría muy bien aprender, pero tienes que hacer un esfuerzo.

¿Y si escribes una Newsletter cada día para acompañar a las personas en sus caminos, expresando lo que has aprendido en el camino de tu vida?

Pues eso.

(Escrito por un humano)

56 Cumpleaños

Verás. Hoy es el cumpleaños de mi hija Blanca.

Cumple esa edad que termina en un número redondo y el primer dígito se dice con la boca pequeña.

El caso es que tengo un dilema con esto de los regalos de cumpleaños. No sé si darle uno, o no.

Para mí, cumplir años no tiene ningún mérito. Te sientas en una silla, dejas pasar la vida, y los años van cayendo uno tras otro, quieras o no quieras. No hay nada que hacer (bueno, sobrevivir)

Entonces, ¿a qué viene eso de regalar?

Ese es mi dilema: Si no regalo nada uuuhhhh, mal padre, presión familiar, sentimiento de culpa. Mal rollo.

Si regalo algo, voy contra lo que pienso de los cumpleaños.

Podría regalar cualquier basurilla para quedar bien. Eso sería lo peor para ella, para la familia y para mí.

Entonces pienso en Blanca. Pienso en cuando era una adolescente y yo estaba muy preocupado por su futuro, por si sería buena persona, por qué estudiaría, qué le depararía el futuro próximo… es decir, cosas de padre inseguro.

Una amiga me dio un gran consejo, que como los buenos consejos vienen arropados entre signos de interrogación:

«¿No encontraste tú tu camino? ¿Qué te hace pensar que ella no lo va a encontrar?»

Lo encontró.

Blanca es inteligente, buena persona, la acaban de ascender a jefa de su Departamento en una empresa importante, tiene una vida social plena llena de amigos que la adoran, cuida de su madre, es independiente económica y emocionalmente, mira a los ojos cuando habla y mueve su melena negra con seguridad.

Soy un padre orgulloso. Muy orgulloso de cómo es, de cómo maneja su vida y de lo que va consiguiendo. Y lo ha hecho ella sola, a pulso.

Eso sí se merece un regalo.

De los pañales, a una falda plisada gris, a una cazadora corta para enseñar el ombligo, a un traje de chaqueta… todo eso en lo que abres y cierras los ojos.

Feliz cumpleaños, Blanca, te quiero.

(escrito por un humano)

55 Donde está, no está

Verás. Donde está no está.

Parece un truco de magia, pero no (o a lo mejor es magia divina)

Te cuento. Hace tiempo, una queridísima y admiradísima amiga me dijo esa frase.

Ella era osteópata y me miraba un dolor en la rodilla derecha. La primera pedrada que me soltó es que las rodillas reflejan el rencor. Que aparte del tratamiento, si quería ir a la causa del dolor, que mirara a quién tenía rencor.

También me dijo que los dolores se suelen reflejar en el lado contrario del cuerpo, que es donde está el verdadero problema.

Por supuesto acabó acertando en las dos cosas, en lo del rencor y en el problema real de la rodilla izquierda.

Donde está no está.

Con el tiempo he aprendido que cuando nos enfadamos pasa lo mismo.

Por ejemplo, recuerda la última bronca que tuviste con tu jefe, o con tu pareja, o con quien sea.

Recuérdalo bien y piensa si el motivo final que disparó la tensión era, en realidad, tan grande o tan importante.

Casi seguro que no. Casi seguro que el problema vino de atrás (puede que de muy atrás) y simplemente se cristalizó en un pequeño detalle que hizo explotar a todo.

Pero la mecha se encendió mucho antes, y eso es lo que hay que buscar.

Vale, te pongo un ejemplo concreto:

Llegas a casa y tu pareja te monta la mundial porque dejaste en el fregadero un vaso sin recoger.

«¡Yo no soy tu esclav@! ¡Ni tu madre! Para ir recogiendo todo lo que vas dejando por ahí.»

Ya te digo yo que el vaso no es el problema. Que seguro que no es la primera vez. O a lo mejor tu pareja tenía una pareja anterior que era un desastre con el orden y lo que ha hecho es una regresión a tiempos pasados no muy felices, y no quiere que se repita.

Donde está no está.

Así que eso que te preocupa ahora, mira a ver si es eso u otra cosa.

Si quieres escuchar el canto de los pájaros, no compres una jaula, planta un árbol.

A veces, las soluciones no están donde creemos que están.

(escrito por un humano)

54 Muy caro

Quiero irme a Oslo a visitar a mi querido amigo Arash

Busco vuelos.

Veo precios.

Me encuentro diciéndome a mi mismo: ¡Qué caro!

¿Qué quiere decir qué caro?

100€, 200€, 500€, ¿1.000€?

Y me pregunto, Jon ¿desde dónde estás mirando los precios?

Es obvio que los estoy mirando desde la escasez, desde un lugar donde existe lo caro y lo barato.

Y me dirás que siempre existe lo caro y lo barato, que son estados comparativos de un mismo producto o servicio ofrecido por diferentes proveedores.

Y tienes razón. Pero hay algo más.

Es mirar un precio desde tu estado de ánimo y la creencia en ti mismo de un momento concreto.

El lógico que busque el vuelo más económico. Hace dos años también lo habría buscado así, y, sin embargo, con un mismo precio no me habría parecido caro.

¿Qué es caro cuando vas a ver a un gran amigo con el que no compartes una buena conversación desde hace ya mucho tiempo?

¿Cómo pones precio a eso?

Hace unos años, como te decía, no me habría parecido caro, entonces ¿qué ha cambiado?

No es la cantidad de dinero que tenía hace esos años, ya que más o menos es la misma que tengo ahora.

Tiene que ver más con creer en mí. Con creer en el fluir de lo económico en la vida. Antes no miraba el dinero y confiaba plenamente tanto en su abundancia como en su movimiento.

Ahora parece todo un poco más estancado. Siento como que le cuesta más fluir y moverse y pasar de unas manos a otras de la forma que pasa la energía de una sonrisa.

Y se cierra un círculo que me cuesta romper:

Esa sensación me hace poner más foco en el dinero físico, en los euros, lo que me lleva a notarlos pesados y sin movimiento. Y esa pesadez aumenta mi concentración en los billetes.

Y no me gusta.

Ayer estuve comiendo con mi sobrino Claudio.

Me habló de un amigo suyo que era ahorrador extremo. Iba andando a todas partes para ahorrar y lo hacía mirando al suelo por si encontraba alguna moneda.

Se cortaba el pelo él mismo y buscaba siempre lo más barato y la forma de ahorrar con absolutamente todo.

Llevaba un Excel como si fuera un diario con lo que ahorraba cada día y cómo invertía ese dinero.

Mi sobrino estaba fascinado, y me preguntó que me parecía eso.

A mí siempre me parece bien lo que haga cualquier persona, si es coherente y sus decisiones no afectan negativamente a terceros.

Solo le dije que veía un problema en cómo funcionaba su amigo.

Esa obsesión por optimizar al máximo el ahorro de dinero le llevaba a estar pensando todo el santo día en dinero: formas de ahorrarlo, de no gastarlo, de dónde invertirlo…

Y creo que la vida es algo más que dinero.

Si se convierte en una obsesión que llena un 90% de nuestro pensamiento…

La vida, es más, mucho más, como para atascarnos en pensamientos obsesivos.

Eso sí que es caro.

(escrito por un humano)

53 Ir solo

Verás. Leo frases que son bonitas y damos por buenas.

Están en memes y circulas por las redes.

Y las damos por buenas sin pararnos a pensar, porque al principio parecen lógicas.

Por ejemplo, seguro que la has visto o la has oído a algún conferenciante:

“Si quieres ir rápido ve solo, si quieres llegar lejos, ve acompañado.”

Algunos se la atribuyen a Robert Waldinger, otros a un proverbio africano, da igual.

Lo que yo pienso es que si quieres ir rápido, ve con personas rápidas-, y si quieres ir lejos, ve con buena compañía (si además son visionarios, mejor).

En el mundo de la rapidez en el que vivimos, creemos que vamos solos, que lo conseguimos todo nosotros, que estamos donde estamos es gracias a lo grandes y poderosos que somos…

Todo falso.

Esa es una creencia y como tal, errónea.

Nadie consigue nada solo y solo hay que ser un poco humilde para ver que las cosas se consiguen gracias a los otros, al equipo, al entrenador, a los que han recorrido ese camino antes y te han ahorrado tiempo y fracasos, al amor de tu pareja, al soporte de tus amigos, a la motivación de tus hijos…

¿Solo?

Hacer las cosas solo es no saber delegar y creer que uno es el único artífice de sus éxitos.

Puede que tengas tú la visión de dónde quieres llegar. Tan importante como la visión es el equipo.

Si piensas que no necesitas equipo para ir más rápido… piensa de nuevo.

No se me ocurre ningún ejemplo de alguien que haya conseguido ir rápido porque va solo.

Y cuando escribo esto no voy solo, estoy contigo.

(escrito por humano)

52 En busca de la felicidad

He quedado a desayunar con mi amiga Susanne.

Estoy unos días de trabajo en Madrid y aprovecho para visitar a mi madre, que vive justo al otro lado de El Retiro.

Así que me dispongo a atravesar el parque en esta deliciosa mañana de principios de un otoño tardío.

Los castaños de indias empiezan a ceder sus hojas y los ocres empiezan a cubrirlo todo. ¡Qué maravilla!

Me sorprende la cantidad de personas que van corriendo de un lado para otro. Ataviados con la última moda deportiva algunos y con el chándal gris de toda la vida otros.

Lo que todos tienen en común es la cara de sufrimiento.

Y eso me sorprende y mucho. ¿Por qué? Puessss, nadie les obliga a correr. Lo hacen porque teóricamente les gusta, disfrutan con ello ¿no?

Si eres corredor o corredora asentirás con la cabeza. Si no pregunta a algún conocido que corra y a ver qué te dice.

El caso es que le estuve dando vueltas a la cosa mientras atravesaba el parque y cuando llegué al lugar del desayuno le pregunté a mi amiga (que es corredora) el porqué de la expresión de sufrimiento en todas las caras.

  • Bueno, es que donde uno se siente muy muy bien es después – me contestó.

Y aquí es cuando uno el título de esta Newsletter con eso del correr. Parece ser que, en la vida, como cuando corremos, la felicidad llega al final.

Una idea muy judeo – cristiana: Sufro durante toda la vida en este mundo cruel e injusto (corro durante toda la mañana en este suelo duro y lleno de socavones) porque luego seré feliz en el Cielo.

Cuanto más sufrimiento, mejor lo haremos en el examen de acceso que nos hará San Pedro.

¿De verdad?

Yo no sé dónde buscas tú la felicidad. Yo lo tengo claro. La felicidad no creo que dependa de cosas que hacemos y de las que esperamos recompensa. Creo que la felicidad es un estado interno de paz interior que te acompaña en el camino, que te llama cuando te alejas y que te busca cuando estrás perdido.

Fuera de nosotros solo la vemos cuando la proyectamos, en la mirada de un niño, en la dulzura de una anciana o en la expresión de amor de una pareja.

No creo que haya que correr para alcanzarla. Muy al contrario, pienso que cuanto más corremos en esta vida, más nos cuesta ubicarla.

Para verla, para sentirla hay que quedarse quieto, solo, en silencio.

Solo así brillará con intensidad y sabremos que solo nosotros somos responsables de que aparezca. Solo nosotros somos responsables de que permanezca aquí, ahora, y en el tiempo.

No hay que buscarla, hay que dejarla emerger de las profundidades de nuestro ser.

(escrito por un humano)