164 Carpe diem

Verás. ¿Quieres cambiar la percepción que tienes de la vida?

No hay problema.

Tengo un ejercicio muy, muy, sencillo.

Y muy, muy, impactante.

¿Preparado?

Vas a necesitar ir a Ikea, o a Leroy Merlin.

Allí vas a encontrar una de esas cintas métricas de papel que nos dan para medir los muebles que tienen expuestos.

Vale. Coge la cinta (suele medir 1 metro) y córtala en la línea de 85 centímetros.

¿Por qué 85?

Es la edad media que vivimos los españoles.

Pues eso, córtala por los 85 centímetros y el trozo que te queda en la mano representa toda tu vida. (de 0 a 85 cm)

Ahora vuelve a cortar la cinta por el número que coincida con tu edad.

En mi caso la cortaría por la marca de 64 centímetros.

Tira el trozo que va de 0 a tu edad.

Lo que te queda en la mano representa lo que te queda de vida.

Impactante ¿no? A mí me pareció poco. (me quedan 21 centímetros de vida)

Guarda el trocito en un sitio bien visible.

Pégalo en la nevera, por ejemplo.

Carpe diem

(escrito por un humano)

163 Lo del otro

Verás. Estoy en el ascensor de Mercadona (bueno, ahora mismo no, hace media hora)

Somos tres personas con nuestros carritos llenos (no voy a entrar en lo que cuesta llenar el carrito)

Yo voy mirando el contenido de mi carrito repasando mentalmente lo que necesitaba comprar y observando todo lo que he comprado que no necesito.

Pero ese no es el tema.

El tema es que con la visión periférica veo a la persona del carrito de mi izquierda mirar mi compra.

Y veo al del del carrito de la derecha recorrer con el ceño fruncido el contenido del carrito de mi izquierda.

Y, no son miradas de esas que miran para pasar el tiempo, no.

Son miradas escudriñadoras. Rayos X que valoran, juzgan y critican lo que hemos comprado los demás.

A lo mejor me equivoco y soy yo, pero eso es lo que me parece.

Y me hace pensar, como siempre, en la vida.

Y recuerdo las veces que a lo largo de mi vida he mirado el carrito del vecino, del hermano, del compañero de trabajo…

Y lo he despreciado o lo he envidiado.

En ambos casos, he perdido de vista el contenido de mi carrito.

Y es un contenido valioso.

Y es el contenido que va a proporcionarme todo lo que yo quiera y busque en la vida.

Y en vez de observarlo, estudiarlo, agradecer que esté ahí…

En vez de eso, mi atención está en lo que tiene el de al lado. Que es suyo. Que no lo voy a poder utilizar. Que no es ni mejor ni peor que lo mío.

Simplemente es diferente.

Hasta que comprendo que, gastando tiempo, energía y recursos en mirar lo que no está en mí, me olvido de lo que sí está.

Me olvido de agradecer lo que tengo.

Me olvido de ver que ahí está todo lo que necesito. Que, si necesitara lo de mi vecino, lo tendría en mi carro.

Y vuelta a lo de siempre: agradecer.

(escrito por un humano)

163 Lo sencillo

Verás. La primera vez que volé con mi hija, ella debería tener 4 o 5 años (a lo mejor exagero y tenía alguno más)

El caso es que estábamos en el aeropuerto rumbo a Barcelona.

Ella estaba muy emocionada con toda esta nueva experiencia de ruidos, personas que van y vienen, maletas y despedidas.

Pasamos seguridad y con las tarjetas de embarque en la mano le encomendé una misión.

Tenía que encontrar ella sola la puerta de embarque número 27.

Me mira con extrañeza y se le repito.

Sí, tenemos que ir a donde está el avión. Mira los números y llévanos a la puerta 27.

Se quedó paralizada unos minutos.

Miraba las señales, las flechas y a mí, alternativamente.

Yo no me movía, dispuesto a perder el avión si era necesario. Lo primero el aprendizaje (me repetía mirando de reojo el reloj)

Quería que mi hija fuera autosuficiente, que buscara la lógica de los números y las señales. Que dedujera el camino intelectualmente. Que pensara cómo solucionar este problema.

Y, sí, lo solucionó.

Pero no como yo pensaba (o habría hecho)

Se acercó a una persona vestida con el uniforme del aeropuerto y, con su mejor sonrisa, le preguntó cómo se llegaba a la puerta 27.

Volteó la cabeza triunfante y aleteando impaciente la mano gritó: ¡Vamos, vamos!

A veces (muchas) la solución de los problemas es mucho más fácil de lo que parece.

Y, a veces (muchas) está relacionada con personas.

(escrito por un humano)

162 Los maestros

Verás. Hace unos días, más bien unas semanas, mi amigo Jesús, fotógrafo de pro, me preguntaba sobre los maestros que uno se va encontrando.

Obviamente hay muchos.

Pero se pueden clasificar en tres categorías.

Mira que a mí me gusta dividir a las personas en grupos de dos, pero esta vez son tres.

El primer grupo lo conforman los maestros de vida.

Esos que te enseñan de qué va esto de vivir y te ayudan en la difícil transición corpórea.

La principal lección es la supervivencia.

Las madres, sin duda, son uno de estos maestros. Entregadas, luchadoras, supervivientes natas ante los avatares de la vida…

El segundo grupo de maestros son los que podemos llamar cognitivos.

Son los que te ayudan a pensar, a usar tu cabeza, a valorar tu inteligencia, a que tengas un pensamiento crítico.

A este grupo suelen pertenecer los padres, los maestros, los jefes…

Como maestro recuerdo a Don Manuel. Marianista con una mano de pelotari que utilizaba con generosidad cuando no sabíamos la lección (antes se podía)

Mi padre Claudio, mi maestro Peter, mi mentor Andrés…

Una larga lista a los que agradecer mi desarrollo intelectual.

Por último, y suele ser a partir de los 40, aparecen los maestros transcendentes.

Aquellos que te hacen mirar más allá de ti, más allá de todo y hacen que tu cabeza estalle.

Hacen que la vida cobre sentido.

Te acompañan en tu propósito y su sabia conducta es la guía perfecta para tus decisiones.

Ahí, igual que algunos de vosotros está, sobre todo, Joaquina.

(escrito por un humano)

162 Día de la madre

Verás. Te voy a proponer algo diferente.

Tómate unos minutos y busca una música, una canción, un sonido que te recuerde a tu madre.

Escúchala y piensa en un momento amoroso que hayas vivido con ella.

Si te das cuenta de que los sonidos de tu madre son afines a ti y notas que te llenan, piensa en un valor que tenga ella y comprométete a desarrollarlo y a vivirlo tú.

Si hay aceptación y disfrute con esta escucha piensa en el momento en el que comprendiste que estabas compartiendo algo grande con ella. Piensa en su valor y comprométete a movilizarlo para siempre.

Grita dentro de ti que ese valor es tuyo y que sólo necesitas aceptarlo para hacerlo crecer ilimitadamente.

Tu mente, tu emoción y tu cuerpo reconocerán a tu madre como la pieza fundamental de tu felicidad y tu desarrollo.

Recuerda un momento en el que lo hayas vivido y comprenderás que esto es así.

Si notas que rechazas escuchar sus sonidos es porque tu madre representó la falta de confianza en ti mismo y la inseguridad.

Escribe lo que sientes con esa música, ante el recuerdo que tienes de ella.

Si hay un rechazo a escuchar estos sonidos la tendencia natural será a la enfermedad, a la limitación económica, a la lucha y el esfuerzo para lograr cosas que podrían alcanzarse con fluidez. Pero sobre todo será causa de inseguridad en la manifestación personal.

Ahora decide si quieres seguir así o prefieres aprender algo maravilloso de ella.

Si has sentido calor y has reconocido todo lo que te ha dado, ese valor de tu madre significará tu felicidad y tu desarrollo.

Haz un mapa de los valores de tu madre. Vacíalos de tu presencia y del contenido de las relaciones que ella haya tenido, de tus hermanos, de tu padre, de la vida misma.

Deja sólo su tesoro, su diamante y tómalo sabiendo que hasta dentro de un tiempo no será tuyo. Marca un proceso de aprendizaje para obtener este bien.

Si tu madre vive, envíale un mensaje por WhatsApp diciendo que la amas. Antes, tienes que ver un valor que ella tenga y que te ha transmitido.

En el caso de que tu madre haya fallecido, escribe el mensaje exactamente igual: «mamá, me he dado cuenta de que tengo este valor que me has transmitido tú. Estoy muy emocionado de haberme dado cuenta y te quiero profundamente».

Un ejemplo: «madre, me he dado cuenta de que soy creativo como tú, me doy cuenta de que desarrollo mi trabajo, feliz, gracias a ti. Sentado en la silla en la nada del mundo y de pronto me doy cuenta de esto».

Si ese maravilloso valor de tu madre no lo has desarrollado, puedes escribir algo así como: «estoy dispuestísimo, desde este momento, a aprender de este gran valor tuyo, que hasta hoy no he valorado»

No te preocupes si tu madre piensa que estás loco. Lo importante es que lo saques de dentro.

En realidad, cuando envías el mensaje a la madre, se lo mandas a la madre tierra.

¿Ya lo has enviado?

(escrito por un humano)

161 Iluminación

Verás. Cuando por todas partes se habla del apagón, a mí me llama hablar de iluminación.

Por lo visto, el apagón ha llevado a muchas personas a conocer a sus vecinos, a hablar sin móviles, a tomar cervecitas en las terrazas…

(bueno, eso último ya lo hacíamos sin apagón)

Si dejamos a un lado las sombras, en forma de angustia, desesperación y miedo de no pocos, en general (responsabilidades aparte) las personas hablan de verse, conocerse, conversar…

Lo que me hace pensar,

¿Qué parte de mi vida debería apagar para que se ilumine otra parte que estoy ignorando?

 A lo mejor estoy tan centrado en algunas de mis luces que, si las apagara, descubriría otras igual o más impresionantes.

Es un poco como cuando pierdes un sentido y los otros se agudizan.

Pues eso,

¿Qué parte de mi vida debo apagar para que luzca otra?

Quizá dejar de amarme a mi (que es bueno, no hay duda) para amar a otros.

Quizá no enfocarme en mis necesidades sino en las de los otros.

Quizá dejar de mirar al espíritu para estabilizar mi vida terrena.

Quizá dejar de escribir para hablar (o al revés)

Quizá dejar de mirar lo que necesitan las empresas y mirar lo que a mí me da paz.

Quizá leer menos y hacer más (o al revés)

Quizá pensar menos y sentir más (o al revés)

Quizá apagar mis deseos para ver el lado trascendente de la vida.

Quizá no planificar el futuro que creo debo tener y simplemente aceptar.

Quizá.

(escrito por un humano)

160 El código

Verás. Voy a establecer un código que creo que va a ser muy útil para los dos.

Espero que te parezca bien.

Cuando la entrada empiece por: «Verás…» pues será un escrito como los que hago normalmente, para contarte algo o reflexionar sobre algún tema concreto.

Pero, si el escrito empieza con otras palabras, querrá decir que te voy a vender algo.

También aportará valor, pero hay una venta.

De esta forma puedes decidir desde el principio si quieres seguir leyendo o no.

Los dos tranquilos: yo no tengo la sensación de molestar con algo que a lo mejor no te interesa,

Y tú tienes la libertad de leer la publicidad, o no.

No solo de pan vive el hombre, pero también.

Dicho esto, te dejo con una dilema al que le he estado dando vueltas:

Hay que preguntarse primero quién uno es, para después actuar.

o

Hay que actuar para ir descubriendo quién uno es.

(escrito por un humano)

159 Cambiar el mundo

Verás. Hay una frase que, de tanto oírla, se está quedando un poco hueca.

Se la oímos decir a empresas, organizaciones y también a personas, cuando hablan de su propósito.

A lo mejor tú la has dicho alguna vez.

Yo también.

«Quiero cambiar el mundo»

Se nos llena la boca de ella, pero hay algo dentro de nosotros que nos dice que es un farol.

Que eso nos viene grande. Que eso solo está al alcance de los poderosos, de los líderes carismáticos o de los políticos.

Ayer vi un documental de Netflix que me hizo cambiar de idea.

Vi los dos primeros episodios y te los recomiendo. Mucho.

Se trata de Chef’s Table. La flor y nata.

Al principio pensé que iba de cocineros top persiguiendo estrellas Michelín con comida cara y rara.

Pero no, O sí y no.

El primer capítulo nos presenta a un chef británico, Jamie Oliver.

 (sí, ¡británico y chef! parece que esas dos palabras no deberían ir juntas en una misma frase)

Bueno pues Jamie, humilde, disléxico… y visionario.

decide inspirar a las nuevas generaciones con una cocina saludable y alegre.

Además del éxito de sus muchos restaurantes, consiguió cambiar la forma en la que los comedores de colegios humildes de toda Inglaterra alimentaban a los niños.

Consiguió que el gobierno inglés inyectara millones de libras para nutrir de manera adecuada a las nuevas generaciones.

Y cambió el mundo.

El segundo capítulo lo protagoniza José Andrés.

A este seguro que sí lo conoces.

Revolucionó la cocina española en Estados Unidos, con enorme éxito.

De ahí saltó a dar de comer a millones de personas por todo el planeta.

Y se le ve en los conflictos, las guerras, los desastres naturales de cualquier país, dando de comer al hambriento.

Y cambió el mundo.

Solo son humildes cocineros, y cambiaron el mundo.

Así que la frase, a lo mejor no está tan hueca.

A lo mejor solo hay que querer y esforzarse, desde donde uno está. Desde lo que uno ama hacer, y lo extiende.

(escrito por un humano)

158 La creatividad

Verás. Hoy va la cosa de creatividad.

A lo mejor acabas de entrar en la duda. ¿Soy creativo? ¿No lo soy?

Si pintas, compones música, escribes poesía, o haces alguna de las bellas artes, no tendrás duda.

Pensarás que eres creativo.

Pero ¿y si no?

Ahí puede que te asalten las dudas.

En mi experiencia, cuando pregunto en los cursos, más del 80% de las personas piensan que no lo son.

Vale, pues voy a intentar romper esa creencia.

El problema estriba en cómo definimos la creatividad.

Si crees que la caprichosa mano de Dios ha tocado la frente de unos pocos, a los que consideras creativos, y a ti no, pues vas por el mal camino.

La creatividad es como correr.

Todos podemos correr, aunque unos lo harán mejor que otros.

Es obvio que hay personas con más talento que otras para correr, y lo harán más rápido, y se cansarán menos.

Pero eso no quiere decir que tú no puedas correr. A tu ritmo, a tu velocidad, pero puedes.

Otra cosa es que te compares con los corredores olímpicos. Ellos están en otra división.

Pero lo cierto es que el correr, como la creatividad, pueden ir mejorando con el entrenamiento, la constancia y el esfuerzo.

Así que, no es que no seas creativo, es que no te ha interesado ejercitar ese músculo.

Pero puedes empezar cuando quieras.

Desarrollo más este tema en mi último libro

¡Ya está en papel en Amazon!

(escrito por un humano)

157 La vida de la marmota

Verás. En La gaya ciencia, Nietzsche nos plantea un dilema interesante para redefinir nuestra vida.

Tranquilo, esto no va de dar la chapa filosófica. Solo quiero plantearte un escenario… y quizá alguna pregunta.

Don Friedrich plantea que pasaría si un demonio se te apareciera ahora mismo, con el siguiente planteamiento.

«Esta vida, tal y como tú ahora la vives y como la has vivido, deberás vivirla aún otra vez e innumerables veces, y no habrá en ella nada nuevo; sino que cada dolor y cada placer, y cada pensamiento, y cada suspiro, y cada cosa indeciblemente pequeña y grande de tu vida deberá retornar a ti, y todas en la misma secuencia y sucesión»

¿Cómo lo ves?

Revisa un momento lo que has vivido hasta ahora.

Revisa tus luces y tus sombras.

Revisa los picos y los valles.

¿Sería para ti, esta sentencia, una maldición o una bendición?

¿Crees que la sentencia es un castigo del demonio, una condena a repetir una vida que no te ha gustado vivir?

o

¿Crees que es de un dios y jamás oíste nada más divino?

No quiero insultar tu inteligencia diciéndote que en la vida no hay marcha atrás.

Pero, sí voy a decirte que te queda mucho por vivir.

Entonces, ¿qué crees que debes hacer de ahora en adelante para que, si se repite tu vida, por lo menos este tramo te resulte divino?

A partir de ahora, en cada acción te puedes preguntar: «¿quieres esto otra vez e innumerables veces más?»

(escrito por un humano)