174 Sostenibilidad

Verás. Voy a escribir sobre una palabra de moda. Una palabra importante.

Una palabra a la que las empresas se están empezando a sumar:

Sostenibilidad.

¿Y eso qué es?

Seguro que lo sabes, pero por si acaso te doy un poco de chapa.

La sostenibilidad empresarial se refiere a la estrategia de una empresa para operar de manera que minimice su impacto ambiental y social negativo, a la vez que genera valor económico a largo plazo.

Es decir, ganar pasta, pero sin perjudicar al medio ambiente o a la sociedad.

Me falta un elemento en la ecuación.

La persona.

¿Quién sostiene a la persona dentro de la sostenibilidad?

Y no me refiero a pagar sueldos, eso ya lo hacen (gracias)

Verás. Mi madre tiene 86 años y una cartilla en el banco.

Sí, ¡una cartilla!

Para los que sois nuevos en esto de la vida, una cartilla es como una libreta (física) donde están impresos todos los movimientos de tu cuenta.

Así que mi madre puede ver si han cobrado el recibo de la luz, o cuánto dinero sacó del cajero la semana pasada.

Sí, eso es lo que hago yo entrando en la App del banco o con el ordenador, pensarás.

Sí, y yo también podría pilotar un helicóptero pero no sé. Te contestaré.

Pues un banco sostenible sería aquel que, ganara dinero, cuidara el medio ambiente, fuera socialmente responsable, Y cuidara la brecha digital.

Así mi madre, y su generación, no tendrían que pelear cada semana para que el banco no elimine la amable cartilla.

Porque alguien debe sostener a las personas que les cuesta sostenerse por si mismas.

(escrito por un humano)

173 La bienvenida

Verás. Qué bonito es, llegar a casa y que alguien se alegre de verte.

Que se alegre de verdad,

Que sus ojos, antes aburridos, se iluminen con te presencia.

Que su sonrisa encienda toda su cara (y la tuya)

Que te reconozca,

Que te muestre lo importante que eres para su vida

Que no le importe la expresión con la que llegues

Que su mirada de amor sea como la del primer día (o más)

Si consigues eso, amigo, si consigues eso, amiga,

Hay algo que estás haciendo bien. Muy bien.

Un apunte: que lo haga tu perro no vale. Quizá es igual de gratificante, pero el incomprensible cariño que nos tienen nuestras mascotas es extraterrestre.

Si vives solo por elección, bueno, eso es algo que te pierdes.

Si vives con alguien y no ocurre, piensa qué tienes que empezar a cambiar para que suceda.

Si vives solo, aunque te gustaría tener pareja con la que compartir, piensa por qué no la tienes. Piensa si realmente la quieres tener. Piensa qué tienes que cambiar para que la persona aparezca.

Y aparecerá. Seguro.

Dar para recibir. La vida misma.

(escrito por un humano)

172 La carrera

Verás. Cuando estudiaba en la facultad, aparecieron los primeros ordenadores.

Y empezó la primera carrera, desesperante, para entender y comunicarme con las dichosas máquinas.

Menos mal que luego aparecieron los Mac, y Windows.

Con ellos apareció la carrera de la digitalización.

Las empresas no querían quedarse atrás y todo era formación relacionada con lo digital.

Luego llegó la carrera de las Apps para el móvil.

Y vino el bombardeo continuo de nuevas aplicaciones que hacían cualquier cosa: desde juegos hasta llevar tu contabilidad doméstica.

Millones de euros se ganaban y se perdían en esta loca carrera por hacerse millonario diseñando Angry Birds.

La crisis de las .com, parece que terminó con esa ansiedad.

Hoy, para no perder el hábito, estamos en otra carrera.

La carrera de la Inteligencia Artificial.

Parece que si no dominamos la IA, nos falta de la otra, la inteligencia normal, la de toda la vida, la del seso.

Y yo me pregunto, ¿a dónde vamos tan corriendo?

¿Qué prisa tenemos por llegar a quién sabe dónde?

Con las carreras hemos creado enormes barreras sociales, hemos extendido el miedo a perder nuestros puestos de trabajo, hemos creado una profunda sensación de torpeza en los que no quieren correrla…

Y me vuelvo a preguntar, ¿a dónde creemos que vamos tan rápido?

Y pienso en la famosa frase de la película «Los hermanos Marx en el oeste»

«¡Más madera!, ¡más madera!»

Y empiezan a destrozar todos los vagones para conseguirla, destruyendo el propio tren, en aras de llegar…

¿A dónde?

(escrito por un humano)

171 El otro

Verás. El mundo está lleno de problemas… y culpamos a las personas.

«Los humanos somos los culpables del cambio climático»

«Tal o cual político es culpable de cómo va el país»

Escuchamos atrocidades en las noticias y pensamos: «cómo es la gente»

Trabajo en empresas haciendo mucho coaching de equipos. Está la creencia generalizada de que, en todo equipo, siempre hay un tonto.

Vale, pues lo he preguntado muchas veces. En serio. He pedido, por favor, que levantase la mano el tonto del grupo.

Y nunca nadie levantó la mano. Qué raro ¿no?

Me fascina con qué facilidad nos excluirnos de entre «los humanos», «la gente», «el tonto» …

Siempre está todo fuera, el culpable fuera, el tonto fuera…

Y, entonces, si la responsabilidad cae siempre fuera ¿cómo podemos solucionar nada?

Dado que no somos nosotros, no hay nada que hacer.

Así que ¿para qué reciclar? ¿Para qué no delinquir? ¿para qué no reconocer que a veces soy yo el tonto del grupo?

Si solo redujéramos un poquito la velocidad con la que lanzamos el dedo índice de la mano derecha, quizá, solo quizá, habría algún cambio.

Y quizá, solo quizá, el mundo, la vida y el equipo, empezaría a moverse con otro tipo de baile.

(escrito por un humano)

170 La pregunta

Verás. Esto pasa a veces (a mí y puede que a ti también)

Nos pasa que tenemos una pregunta atascada y le damos vueltas y vueltas sin encontrar la respuesta.

Puede ser algo que nos ha pasado y no comprendemos por qué o para qué nos ha ocurrido a nosotros.

Y no vemos el aprendizaje de vida que todo suceso debería acarrear.

Y nos preguntamos por qué o para qué.

Y puede que miremos hacia arriba y lancemos nuestra pregunta al cielo.

Pero seguimos sin recibir respuesta.

Y pedimos consejo a un amigo, a nuestra pareja, a un mentor…

Pero, nada. Seguimos sin encontrar la dichosa respuesta.

Seguimos sin entender.

Seguimos con el run run continuo, repitiéndonos la pregunta una y otra vez.

Y alzamos, de nuevo, los ojos al cielo.

Y ya, al borde de la desesperación, comprendemos por fin la verdad oculta.

Sin embargo, no es la respuesta a la pregunta.

Es mejor.

Es la comprensión de que, a veces, la insistencia de la pregunta puede ahogar la respuesta.

(escrito por un humano)

169 Un pequeño contratiempo

Verás. Me ha dejado tirado la moto.

Me quejo de mi mala fortuna, a pesar de que es la primera vez en 25 años que me lo hace. (sí, me lo tomo personal)

Pero me quejo y maldigo mi mala fortuna.

Me toca esperar a la grúa y 45 minutos sentado en la moto, y sin batería en el móvil, dan para mucho.

La moto y yo estábamos en una calle pequeña, casi en la esquina de otra peatonal mucho más grande, hacia la que miro.

La visión que tengo me recuerda a la caseta de una feria donde van pasando los patos para que les dispares con la escopeta de perdigones.

Con la mirada llena de perdigones observo el devenir de las personas que existen en mi visual por un breve espacio de tiempo, y luego desaparecen.

Y las observo malencarado, compadeciéndome de la tarde perdida, de la espera, de la mala suerte…

Y justo cruza mi visual un señor en una de esas sillas de ruedas.

Y luego una madre con dos niños pequeños, uno de los cuales llora desconsolado comido por los celos.

Y luego un vagabundo sonriente y de mirada perdida que ha decidido renunciar a la conciencia, para probar mejor suerte en la próxima vida.

Y se me cae la cara de vergüenza, ante mi buena fortuna y mi mala digestión de una absurda y anecdótica situación.

Un pequeño contratiempo y me siento miserable. Y ni me paro a pensar lo dura que puede llegar a ser la vida.

Cada uno hemos hecho nuestras elecciones, pero, con qué facilidad se me olvida cuando la vida me sonríe.

Con qué facilidad se me nubla el pensamiento ante la adversidad.

Y, levantando la vista del ombligo, me doy cuenta de que, para lo que para mí son unas horas a la contra, para otros son años,

… o una vida entera.

(escrito por un humano)

168 Lo que nos mueve

Verás. La física cuántica a denostado un poco a Newton en lo micro.

Sin embargo, en lo macro, sus leyes siguen gobernando nuestras vidas.

Por ejemplo.

«Un objeto no se moverá a menos que actúe sobre él una fuerza externa»  

¿Te resuena?

Claro que sí. A los humanos nos pasa también y lo llamamos motivación extrínseca.

Es decir, nuestras acciones están motivadas por recompensas (o castigos) que están fuera de nosotros.

Piénsalo. ¿Por qué vas a trabajar?

Si es por la pasta, pues ese esa es la fuerza externa.

¿Por qué haces deporte?

SI es porque quieres ganar la San Silvestre de Madrid, pues esa es la fuerza externa.

Lo que no tienen los objetos es la otra, la fuerza interna.

Y es mucho más poderosa.

Y es mucho más duradera

Con esta, en vez de estar enfocado en el resultado, te centras en el proceso.

Quieres conseguir algo y una fuerza interna, como un imán, te atrae hacia ese objetivo.

Y lo haces por un deseo de superación personal, por ganas de crecer o aprender,

o simplemente por el mero hecho de hacer bien las cosas.

Así que esas dos fuerzas producen el movimiento de vida.

¿Cuál crees que hacía más feliz a Newton?

(escrito por un humano)

167 Llevar el caballo al abrevadero

Verás, en el AVE siempre pasan cosas interesantes.

Como sabes, los asientos van unidos de dos en dos.

A mí me tocó ventanilla.

Me gusta llegar con tiempo así que fui de los primeros en sentarse, abrir el ordenador y empezar a escribir.

Al rato llegó mi compañero de viaje.

Colocó su mochila con ruido y se dejó caer con violencia en el asiento, lo que hizo que las dos butacas se zarandearan con igual intensidad.

Al rato empezó a moverse en busca de su postura.

A mí me parecía que con cada movimiento iba a descarrilar al tren.

Me quedé pensando en las dos cosas que podría hacer.

Descarté decirle algo que le tranquilizara un poco, ya que eso normalmente genera malestar y tensión.

Así que, como te decía, solo veía dos opciones.

La primera era agitarme, con igual fuerza y violencia, en mi asiento para que mi compañero viera lo desagradable que resulta que alguien te zarandee.

La segunda opción era hacer exactamente los mismos movimientos que él hacía, pero con delicadeza, sin hacer temblar los asientos.

Y ahí vi a los dos maestros a los que solemos acudir en situaciones de la vida.

Al que dice, «te vas a enterar de lo que vale un peine» que no es más que una forma de obligar a la otra persona a que se mire en un espejo cuyo reflejo no suele identificar.

O al maestro que enseña con el ejemplo, sin imponer, sin tensionar, solo mostrando el camino que da paz.

Sin apegarse a que el otro comprenda y con la satisfacción de haber llevado al caballo al abrevadero.

Pero no olvides que es el caballo el que debe decidir beber.

(escrito por un humano)

166 No querer mirar

Verás. El mundo nos está diciendo continuamente quiénes somos y quienes deberíamos ser.

De alguna manera vivimos en un tiempo que quiere que nos hagamos otras personas.

Puedes intentar, de las mil maneras posibles, no seguir una moda, no escuchar la canción que retumba en todas partes, no leer los libros reseñados en el suplemento dominical…

Pero, lo más grave, a mi modo de ver, son las prescripciones que la sociedad trata de imponernos sobre la felicidad.

En 1926, la psicoanalista y escritora británica Marion Milner, emprendió un experimento de vida de siete años.

El objetivo era desenmascarar todo lo que crónicamente confundimos con la realización (prestigio, placer, popularidad…)

Y poder revelar el núcleo de lo que constituye la felicidad genuina.

Narró su viaje en un diario con el rigor de observación de una científica de campo.

Finalmente descubrió que somos seres profundamente diferentes de lo que imaginamos ser.

Que las cosas que perseguimos con más intensidad son las que tienen menos probabilidades de brindarnos alegría y satisfacción duraderas.

Sin embargo, hay otras cosas más auténticas a las que podemos prestar mucha más atención en la esquiva búsqueda de la felicidad.

La dificultad estriba en lo fácil que es cegarnos a lo que realmente queremos.

Qué costoso es dejarnos llevar por los deseos impuestos por los demás y evadir nuestra cotidiana selección de valores.

(escrito por un humano)

165 Mirar a los ojos

Verás. Seguro que ya vas practicando lo de sonreír a las personas con las que te cruzas por la calle.

Gracias.

Ahora te cuento el escalón siguiente.

Estos días, caminando por Madrid, observo que muchas personas van con el ceño fruncido, ensimismadas, con la frente nublada…

Pues tu aportación ahora puede ser tan sencillo como mirar a las personas a los ojos.

No cuando hables con ellas, eso doy por supuesto que lo haces.

No cuando estás comiendo en un restaurante, eso es un poco invasor.

Hazlo cuando vayas caminando por la calle.

Primero busca paz en tu interior.

Segundo, que esa paz se refleje en tu cara,

Tercero, mira a las personas a los ojos.

Una mirada profunda, sin juzgar, sin curiosidad, sin invasión.

Solo intenta transmitir la paz que sientes.

A través de una mirada dulce podemos acariciar el alma de las personas.

Podemos compartir un poco de paz en una mente que lo agradecerá.

Es una mirada difícil de ejecutar.

Es una mirada serena; que dura unos breves segundos; que acaricia por dentro; que no espera nada a cambio; que se va con la misma delicadeza con la que llegó.

Al mirar, tu pensamiento solo está lleno de paz, y tus ojos rozan el interior de tu hermano.

Y te sientes bien. Y la otra persona también.

No hay palabras, no hay gestos, no hay movimiento.

Solo luz, a través de tu mirada.

(escrito por un humano)