224 Algo más grande

Verás. Mi madre (87 años) está muy preocupada porque sus nietas (5) están en los veintimuchos, y no tienen pareja.

Y es que, eso de elegir pareja tiene su aquel.

Cuando sales de ti para mirar a otra persona, normalmente, lo que estás intentando es cubrir un espacio que parece que no tienes cubierto.

Buscas algo, y ese algo tiene que cubrir unas expectativas.

Cuando conocemos a una posible pareja, hay una especie de llamada intuitiva: «esta es la persona de mi vida» …

y casi siempre nos equivocamos.

(si no fuera así, las relaciones serían eternas)

La mayoría de nosotros hacemos relaciones por eliminación, por pasión, o por vínculos.

En cualquier caso, lo que hacemos es cubrir un espacio de insatisfacción.

Cuando nos miramos en otra persona, lo normal es que estemos buscando en esa mirada algo que nos falta.

Por un lado, nos sentimos especiales y completos, y ni siquiera nos planteamos si eso es verdad.

Sin embargo, nuestra mirada es hacia una persona que es especial, y que tiene algo mejor que nosotros, aunque no lo reconocemos.

Y entonces la relación se acaba convirtiendo en una mirada que no penetra en tu “yo” sino que mira lo de fuera.

Y si no quieres mirar dentro de ti, y estás mirando todo el día fuera, creas dos mundos:

Un mundo en el que criticas y otro en el que te complaces.

Pero el mundo que te gusta es el que necesitas, y el mundo que criticas eres tú.

A lo mejor no te das cuenta. A lo mejor crees que estás buscando a la persona que te gusta.

Pero en el fondo, lo que haces es criticarte, porque crees que lo que te gusta, lo que te complace, está fuera de ti.

¿Qué pasaría si hicieras una revisión completa de ti, y te dieras cuenta de las cosas maravillosas que tienes?

Y, ¿qué pasaría si de esas cosas maravillosas quisieras construir otras más grandes?

(escrito y dibujado por un humano)

223 Lo que te persigue

Verás. He tenido un sueño de esos muy vívidos que tiene uno justo antes de despertarse.

Yo estaba sentado en un teatro.

Sobre el escenario había seis o siete actores que caminaban en todas direcciones.

En la mano derecha llevaban un palito en cuyo extremo se sujetaba una flecha de cartón.

Algunos caminaban en la dirección de la flecha y otros iban en otra dirección, incluso en la contraria.

Detrás de cada uno de ellos había objetos o personas pintadas totalmente de negro. Como si las hubieran sumergido en alquitrán.

Por ejemplo, a una actriz le seguía muy de cerca una casa y un cochecito de bebé, negros.

A un hombre de mediana edad, le perseguía dos figuras mayores, sus padres, muy de cerca y discutiendo entre ellos.

A una niña de 9 años le perseguían un grupo de niñas de su edad, en uniformes escolares.

Y así todos, con sus flechas y sus oscuros perseguidores.

Luego salí del teatro y, en la calle, pasaba lo mismo.

Todos los transeúntes llevaban sus flechas y eran seguidos por siniestras figuras negras.

Miré mi mano derecha.

Mi flecha apuntaba en la dirección en la que me desplazaba.

Me detuve. Giré lentamente la cabeza para ver qué o a quién tenía detrás.

Y, antes de conseguirlo, me desperté.

Y me puse a escribir.

Y me quedo pensando que, sí, que mi vida va en la dirección en que quiero que vaya,

Pero ¿qué sombra está desacelerando mi camino?

(escrito y dibujado por un humano)

222 Defensa de la alegría

Verás. A veces cometo el imperdonable error de ver las noticias.

Y me asomo a un mundo cínico, desesperado y cruel, al que no puedo evitar juzgar.

Ante el amargo sabor de boca solo conozco un antídoto que quiero compartir contigo:

La poesía.

Somos capaces de lo más doloroso y de lo más bello. Así somos.

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

(escrito por Mario Benedetti)

221 No eres perfecto

Verás, te voy a decir algo que te va a sorprender:

No eres perfecto.

Así de crudo, no lo eres.

Siempre serás un poco impaciente, intolerante, malhumorado…

Yo en lo que creo es que cuando el ser humano pone sus ojos sobre algo maravilloso de si mismo, es capaz de cambiar el mundo.

Pero cuando no pone su cabeza sobre algo importante de si mismo, las cualidades se acaban convirtiendo en, parecer que es.

La inseguridad, la falta de creatividad, la indolencia… solo son actitudes, no es Ser.

O te planteas moverte en tu potencial, o el mundo se te va.

En la medida que seas capaz de mirar a una persona y ver su gran potencial, sus valores, su diamante, estarás mucho más dispuesto a que todas esas actitudes negativas no aparezcan en ti.

No vas a ser agresivo con nadie cuando te das cuenta de que el otro tiene un potencial impresionante y lo está aprendiendo.

Le dirás: “qué te pasa, qué necesitas en este momento, cómo puedo colaborar para cambiar esto.”

Así que no puedes esconderte detrás de unas pocas actitudes negativas

Cuando miramos a las personas vamos poniendo letreros:

Gran deportista, gran cantante, gran pintor…

En el mundo estamos viviendo para una serie de personas que están practicando su potencial,

y de pronto los adoramos, mientras que todos los demás pensamos que si hiciéramos lo mismo no llegaríamos a ningún sitio.

Sin embargo, deberíamos hacer lo mismo que hacen ellos.

Ver lo que tienes bueno y trabajar, y trabajar y trabajar, hasta convertirte en lo mejor del mundo, en eso que eres bueno.

Si hay gente capaz y nos sentimos incapaces, el mundo será siempre para cuatro.

Y el mundo no es para cuatro.

El mundo es para ti.

(escrito y dibujado por un humano)

220 El cuerpo

Verás. Admiramos y ponemos como ejemplo a los deportistas.

 A lo mejor ni nos gusta el deporte que practican y, sin embargo, admiramos la fuerza de voluntad que han tenido para llegar a lo más alto.

Y esa voluntad viene de la conciencia que tienen del cuerpo.

Eso les permite el éxito.

Es tu cuerpo el que te abre la puerta a poder amar. En el cuerpo está la vida.

Cuando fallece un ser querido, estamos a su lado, le cogemos la mano, su cuerpo late, y, de pronto, ya no está.

No importa que tengas el recuerdo más hermoso de su vida.

Ya no puedes verle, ya no puedes hablar, ya no puedes conectar.

Ya no tienes el elemento conector: el cuerpo.

Cuando respetas al cuerpo eres capaz de engendrar la voluntad y la felicidad.

Pero, por otro lado, el cuerpo es también lo que nos separa de los demás, lo que nos hace más difícil comprender el concepto de unidad.

El cuerpo es lo único que te permite pensar que estás separado de los demás, pero en realidad formamos todos parte de una sola cosa: una entidad divina que no se separa con el cuerpo.

El cuerpo es quién nos dice que estamos aquí y que tenemos una función.

La vida está en el cuerpo. Y ese cuerpo tiene que formar parte de tu identidad, de tu estructura.

Con él irás respetando el paso del tiempo en la vida. Seguirás viendo tu belleza, tus posibilidades.

Seguirás sintiéndote fuerte y potente.

El primer ejercicio de identidad lo hacemos con nuestro cuerpo: nos da una identidad de género, de nombre, de país… éstas son cosas visibles, tangibles.

Pero ¿quién eres más allá de eso? ¿qué puedes decir de ti mismo?

(escrito y dibujado por un humano)

219 El último tramo

Verás. Esta mañana he estado zigzagueando en el laberinto Ikea.

Al final del recorrido, como seguramente sabes, está la sección para niños con peluches, cunas, tiendas de campaña de juguete…

He caminado más despacio, observando a las jóvenes parejas que rebuscan por allí.

Están en un segundo tramo de la vida, preparando un primero para el bebé que está a punto, o ya ha nacido.

Y recuerdo sin nostalgia ese tramo de mi vida.

Mi hija recién nacida.

La pareja todavía sin destruir.

Y vuelvo al presente. Vuelvo al último tramo de la vida que estoy viviendo.

Y me alegro de estar en él. Me gusta la vida que llevo vivida y me llevaría un gran disgusto (y un enorme susto) si mañana me despierto y he vuelto a esa etapa.

Estuvo bien cuando pasó, pero no retrocedería ni un día de mi vida.

Me gusta que vaya siempre hacia delante.

Me gusta que tenga fin.

Me ilusiona el presente que vivo y el futuro que intuyo.

No quiero retroceder en el tiempo.

Creo que la vida está bien, precisamente porque tiene un final.

Y la serenidad, templanza y aceptación que se consigue en este último tramo, no tiene precio.

Está bien la familia, los amigos, los cantos de los pájaros y el sabor de un melocotón maduro.

Pero no hay nada comparado con la paz interior que se gana con la edad.

(escrito y dibujado por un humano)

218 Las dimensiones

Verás. Vivimos en un mundo de 3 dimensiones.

Pero, como mínimo, deberíamos ser capaces de ver dos.

Me explico.

De la misma manera que los vinilos tenían su cara A y su cara B, cualquier situación en la vida tiene, al menos, esas dos dimensiones.

Por ejemplo,

Mi amiga Virginia se va de viaje a Sevilla con otra persona y, pierden el AVE de regreso a Madrid.

Primera dimensión (suele ser por la que optamos casi siempre) «Hemos perdido el tren porque hemos salido tarde del hotel. Si hubiera venido sola habría salido 1 hora antes, como a mí me gusta»

Segunda dimensión: «Debería haber salido cuando yo pensaba salir y que me da paz. Mi amiga lleva su ritmo y yo el mío»

Tercera dimensión: «Acepto que estas cosas pasan, la vida está llena de incertidumbres y hay que adaptarse a lo que ocurre»

Y podría seguir escribiendo dimensiones.

La diferencia entre ellas es el aprendizaje.

En la primera culpo a mi acompañante y no aprendo nada.

En la segunda aprendo a comunicar lo que me da paz y está alineado con mi forma de ser y lo aprendo para la siguiente ocasión. (No juzgo a mi amiga)

En la tercera no pierdo la paz y acepto.

La pregunta es ¿Para qué elijo la primera dimensión y la valido como si fuera la única?

Respuesta: Hay un culpable fuera (que no soy yo) responsable de los males del mundo.

Si miras a un elefante solo por atrás, es un culo redondo con un rabo colgando.

Si lo miras por delante son unas orejas grandes, unos colmillos blancos y unos ojos divertidos.

El elefante es el mismo.

Tú eliges.

(escrito y dibujado por un humano)

217 El lastre de la aceptación

Verás. Somos muchos los que buscamos aceptación.

Nos cuesta decir que no.

Evitamos los conflictos cueste lo que cueste.

No decimos lo que pensamos para no caer mal.

La raíz de todo es la aceptación. La aceptación que sentimos que no tuvimos en nuestra infancia y que ahora buscamos por doquier.

De niños queremos el reconocimiento de nuestro padre, y la aceptación de nuestra madre.

Esa aceptación significa: «madre, acéptame como soy. Con mis luces y mis sombras. No solo cuando hago lo que tú quieres y me porto bien, y no me peleo con mis hermanos. Acepta mi debilidad y mi fuerza, cuya expresión a lo mejor no te gusta»

Si de pequeño no hemos sentido esa aceptación (no quiere decir que nuestra madre no nos quisiera, solo que ha quedado dentro el duro sentimiento de que tu madre no te acepta como eres.)

Por ejemplo, tu madre desea con todo su corazón que seas una niña y naces niño (o al revés)

Y te lo dice y te lo muestra.

Y no hay nada que puedas hacer.

Así que como sientes el desamor en la casa, lo buscas fuera.

Y, tu niño interior no quiere volver a sentirse no aceptado.

Y entonces eres amable, conciliador, sumiso, demasiado obediente, porque tú ya no importas.

Solo importa el que las personas te acepten.

Pero, aunque lo hagan, en el fondo no te lo crees, porque…

si la mujer que te ha tenido en su vientre 9 meses no te acepta como eres…

¿quién lo hará?

Hay que luchar. Hay que recuperar la libertad, hay que echar al niño hambriento de cariño y sacar al adulto que se quiere, que se acepta,

y que se enfrenta a la vida, expresando su ser tal cual es.

(escrito y dibujado por un humano)

216 La luz del verano

Verás. Parece que hace un mes, pero, en realidad llevamos unos pocos días de verano.

La tendencia general es a quitarse ropa. Pantalones cortos, ombligos al aire…

Sin embargo, la energía del verano nos está pidiendo que quitemos otras cosas.

La luz nos hace salir, clarificarnos, y exponernos a lo que somos. El verano nos conecta con dejar cosas.

Y lo hace para que nos aproximemos al pensamiento, a la mirada y ver con qué nos tenemos que comprometer y qué nuevos campos tenemos que abrir.

En verano deberíamos deshacernos de todas las cosas superfluas. Eliminar todos los trajes de falsedad que, en realidad, no nos han servido para nada.

Llega el 21 de junio y con él, la claridad y, ahora, ¿qué quiero de mi vida? ¿quién soy? ¿por qué estoy aquí?

El verano necesita una justificación clara, se pregunta por qué quieres lo que quieres, y por qué eres como eres.

Solo quiere poner luz en nuestra oscuridad. Te dice  que el propósito de tu vida es tener una mente clara para que puedas comprometerte con los demás.

Y ¿cómo te vas a comprometer si estás perdido en tus propias debilidades?

Y las ideas, sin compromiso, no nos valen para nada.

En este tiempo me planteo lo hermoso que es cuando tienes el pensamiento de yo soy, yo tengo, yo puedo, yo comparto,

y lo maravilloso que es cuando te levantas con una motivación y  un propósito de tu cambio y transformación personal.

sin dejar de mirar todos los días el faro del amor y la felicidad que es creer en ti mismo, en tu sociedad,

creer que el amor es un ejercicio de respeto a uno mismo, es crear tu personalidad y estar motivado para hacer la vida y poder perdonar y poder dejar atrás todo lo que no sea eso.

Olvídate de todo aquello que no sea tu camino, tu creencia, o tus ideales, y de todo aquello que no sea  la motivación para hacer lo que amas.

(escrito y dibujado por un humano)

215 Dar y recibir

Verás. ¿Qué te resulta más sencillo, dar o recibir?

Consideramos que dar y recibir son dos acciones que no se producen en el mismo tiempo.

Hay personas que sienten que lo han dado todo en su última relación, y que sólo han recibido desaire y desamor.

Lo dicen muy convencidas.

Imagínate una caricia.

Imagínate que estás al lado de la persona más preciada por ti y extiendes tu mano cálida hacia su piel.

Es un gesto reconocible y habitual cuando sientes algo muy especial por el ser amado.

Tu mano roza la piel tersa de su cara y se deleita recorriendo las facciones tan queridas.

Pareciera que ese momento es de absoluta donación.

Sin embargo, ¿quién te ha pedido este gesto?

La persona amada estaba a tu lado viviendo sus propios sentimientos.

No hizo amago de acariciarte. Fuiste tú, correspondiendo a una llamada interior, quien alargaste la mano y te deleitaste de la piel tan querida.

Fueron tus manos las que recibieron la cálida fricción contra aquella piel tan deseada.

Quizá no pusiste el empeño en sentir tú lo que querías que sintiera el otro.

Quizá cuando acabaste tuviste un momento de mohín y enfado porque no hubo la respuesta que esperabas.

Pero ¿es justo este sentimiento (o exigencia)? 

Si tu cualidad fuera la ternura, este acto sería uno más de los muchos que en tu cotidianidad confirmarían tu alma tierna y sensible.

En ningún caso esperarías que los demás lo recibieran con vítores de entusiasmo.

Sólo si tus movimientos están conectados a la espera, vivirás sensaciones de frustración en el dar y recibir.

Dar y recibir es un acto simultáneo, se inicia uno cuando empieza el otro.

Es algo que es para ti y que tú mismo tienes la satisfacción de vivirlo.

(escrito y dibujado por un humano)