254 La mujer y la comunicación

Verás. No deja de admirarme la capacidad de comunicación que tienen las mujeres.

Antes paseaba a mi perra por el campo y disfrutábamos la soledad de corretear libres (más ella que yo)

Ahora paseamos por el Parque de El Retiro y vamos con correa.

El caso es que nos cruzamos con muchas parejas,

Van de la mano, o corriendo, o paseando un perro…

Pues me he fijado que en el 85% de las veces la que va hablando es la mujer.

Los temas son de distinta profundidad y contenido (ten en cuenta que solo oigo fragmentos)

Pero la elocuente, la que comparte lo que siente, lo que piensa, su visión de la vida, el futuro, el pasado…

Es la mujer.

Y admiro esa capacidad de volcar hacia fuera lo que va por dentro.

Acabo de impartir un curso de comunicación y me doy cuenta de que los ejemplos que pongo de grandes oradores son hombres:

Obama, Luther King… lo típico.

¿Cómo sería el mundo si no les hubiéramos quitado históricamente el micrófono a las mujeres?

Cuánta más claridad habría en las empresas, organizaciones gobiernos…

Se habla y se escribe mucho sobre la castración que han sufrido (y sufren) en su desarrollo personal y profesional.

Creo que lo que más hemos perdido es su maravillosa capacidad de comunicarse.

Y con ello, nuestra capacidad de aprender a hacerlo nosotros también.

Y no hablo de grandes y elocuentes discursos (que también)

Si no de esa conexión de corazón a corazón que ellas no tienen ningún miedo en establecer.

Espero que alguna vez nos perdonen.

(escrito y dibujado por un humano)

253 La entrega

Verás. Estoy seguro de que eres una persona entregada.

No se trata de cuantificar si mucho o poco, pero seguro que te entregas.

Seguro que en tu trabajo lo das todo, que cuidas a alguno de tus padres mayores, o tienes hijos viviendo contigo…

Además, puede que hagas algún tipo de trabajo social…

Es decir, eres una persona entregada.

Ahora bien, ¿es una entrega libre?

Si estás condicionado a entregarte, o lo estás haciendo porque crees que lo tienes que hacer, o porque te ves obligado a hacerlo,

la entrega es un auténtico suplicio.

Aunque te estés inmolando.

Nadie se entrega si no siente la libertad dentro. Y nadie se siente feliz si no es libre para esa entrega.

Eso de: «me entrego porque me necesitas» es inmolación.

No hay entrega.

La entrega desde la libertad es incondicional.

No esperas ningún resultado.

Muchas veces pensamos que hipotecamos nuestra libertad para entregarnos.

Pero debemos sentirnos libres para darnos. Una libertad que se nota en tu espíritu.

Nadie te la impone, nadie te la exige…

La entrega es lo que nos da la plenitud y nos hace sentir la felicidad, pero si no hay libertad, no la notas.

(escrito y dibujado por un humano)

252 ¿Un mundo perfecto?

Verás. Lo que te voy a decir te va a sonar raro.

A lo mejor hasta dejas de leer porque no te lo crees:

Hemos elegido un mundo perfecto, la dificultad está en que no lo vemos.

Todo lo que tenemos enfrente es una manifestación de nuestra realidad, de nuestra personalidad. Y esa realidad está ahí.

Tu percepción es tu exigencia para tu desarrollo personal.

Tu desarrollo es entender que la felicidad está en saber reír, no en saber matemáticas.

Las matemáticas te pueden dar un punto de fuerza, pero la capacidad de disfrutar de la vida no está en saber grandes cosas de matemáticas, si no en poder mirar tiernamente los ojos de una persona y encontrarte reflejado en ella.

Es ver a alguien y sentir que todo tu ser se manifiesta en ese ser.

Esa es la felicidad, lo otro es aire.

Te puedes sentir muy feliz con matemáticas, literatura y mecánica cuántica… seguro.

Pero al final, más allá del cuerpo físico, está un cuerpo emotivo que es químico y que hay una necesidad de cubrir, que nos hace movernos por dentro.

Puedes pararlo un tiempo.

Pero tarde o temprano te acercarás a alguien con la necesidad de que esa química juegue un baile.

Y ese baile te va a llevar a algún sitio que se encuentra más allá de ti mismo.

Y eso no son matemáticas. Eso es vida.

Tienes un cuerpo espiritual que necesita trascender la materia, un cuerpo mental que necesita expresarse en libertad y tomar decisiones, un cuerpo racional que te permite diferenciar un pensamiento de otro, un cuerpo emocional que necesita amor.

Eres, somos, una esencia completa, y lo sabio es reconocer que el mundo es perfecto.

Somos una manifestación de esa perfección y quedarte con un trozo y abstraerte del resto, es inútil.

Tarde o temprano todos llegaremos al mismo sitio, a darnos cuenta de que el ego es una falacia.

(escrito y dibujado por un humano)

251 La isla de los dos tesoros

Verás. Tú, como todos, vienes de unos parámetros y de una realidad familiar.

Es probable (muy probable) que hayas visto cómo un hombre y una mujer, después de un tiempo, han hecho caducar el amor.

Hay exigencias que antes no existían, miedo al trabajo, miedo a que las cosas pasen diferente de cómo esperan.

Entonces, hay un pesimismo subyacente: “Si de las personas de las que vengo no he podido ver la felicidad, yo no la puedo conseguir”

Y has dejado el testigo de la consecución de la felicidad en dos personas que nunca las has visto felices.

Pero no las has visto felices porque han pensado lo mismo que tú: “Si a ellos no los he visto felices, no puedo serlo”.

Imagínate que estás en una isla. En el lado derecho hay algo maravilloso, en el izquierdo también, y en el centro no hay nada.

Tú estás en el centro. Pero ¡qué horror!, tienes que caminar hasta allí para conseguir aquello, o tienes que caminar hasta el lado opuesto para conseguir aquello otro…

Casi mejor estar aquí.

Todos los días piensas: “En el lado izquierdo hay algo maravilloso y en el lado derecho también… si los juntara tendría todo lo maravilloso que hay en la isla”.

A veces vas un poco hacia el lado izquierdo, pero entonces el derecho te queda tan lejos… y luego tienes que volver al centro, así que te quedas nada más que con ese trozo.

La mayoría de nosotros hacemos lo siguiente: en nuestras islas personales, no hemos ido ni a la izquierda ni a la derecha.

No hemos buscado ni al padre ni a la madre.

Los que han ido en una dirección les ha parecido demasiado lejana la otra…

Así que todos vivimos carentes de la unidad.

Carentes de la conjunción de esa maravilla.

Si hoy recorriéramos la búsqueda de nuestra isla personal, y fuéramos a buscar lo mejor de nuestro padre, y lo mejor de nuestra madre, y lo juntáramos, seríamos imbatibles.

Pero eso requiere mucho perdón, mucha intención, y un poquito de esfuerzo.

(escrito y dibujado por un humano)

250 Optimismo

Verás. Te guste o no, estás tomando decisiones permanentemente.

Hay que decidir sobre si nos tenemos que poner a aceptar, sobre cómo gestionar lo claro y lo oscuro, lo que quiero, lo que quiere el otro…

Y lo ideal es que la decisión surja del optimismo.

Optimismo para creer que tu voluntad la puedes ejercer.

Para creer que aceptando la situación se va a resolver.

Optimismo para pensar que desde la claridad puedes llegar a conciliarte con los demás.

El pesimismo, que anida demasiado tiempo en nuestras cabezas, nos hará equivocarnos en la decisión,

Surgirá la queja, que es la máxima anuladora de la felicidad (tuya y de los demás).

La respuesta a la decisión siempre es la utilidad: ¿Para qué hago esto?

Si estás tomando una decisión y estás larvando que no va a funcionar, estará condenada,

o bien porque no estás aceptando las derrotas,

o bien porque no estás aceptando otra voluntad,

o porque no tienes claro cuál es el proceso y a dónde te lleva.

Las decisiones nunca pueden estar alejadas del optimismo.

Creo en la felicidad, a pesar de que a veces se me olvide.

El sol no depende de las nubes, ni de dónde estés mirando.

El sol siempre está, igual que la felicidad siempre está.

A veces se encuentra en la cara oculta de la Tierra, pero ahí sigue.

Solo hay que ser optimista.

Yo, lo soy.

(escrito y dibujado por un humano)

249 Las personas

Verás. Cuando algo sale mal o, mejor dicho, no sale de acuerdo con nuestras expectativas, buscamos un culpable.

A veces es el tiempo, el calentamiento global, el tráfico…

Pero casi siempre nuestro dedo acusador apunta a una persona: el presidente del gobierno, el compañero de trabajo, uno de los padres…

Y si nos enfadamos con frecuencia, empezamos a odiar a los seres humanos en general.

Porque no piensan como nosotros, porque no sienten lo que nosotros sentimos, o porque hacen cosas que no nos gustan.

Y entramos en un injusto desamor.

Injusto porque solo las personas pueden apaciguar tu alma.

Solo las personas tienen la capacidad de verte como eres y, aun así, amarte.

Solo las personas sienten compasión, empatía, bondad…

Solo las personas, con unas pocas líneas en un WhatsApp o un correo, pueden decirte muchas cosas:

Que están a tu lado, que te quieren, que cuentes con ellos, que te sienten.

En el post de ayer plasmé lo duro de una decisión.

Y las personas, tú, me enviasteis mensajes que me consolaron, y me hicieron mirar hacia delante,

Y me dibujaron un futuro en el que quiero estar.

Porque es el que he elegido.

Y porque estás ahí.

Gracias.

(escrito y dibujado por un humano)

248 Corazón «partío»

Verás. Hay situaciones que te parten por la mitad. Literalmente.

Fuerzas responsables tiran de ti en una dirección, y el corazón empuja en la contraria.

Y así, con el corazón partío, después de conducir 5 horas, llego a Madrid y te escribo.

Normalmente, cuando hago un viaje largo suelo escuchar la radio, pero esta vez no podía.

Hay algo dulce en el dolor me gusta paladear, sentirlo muy dentro y, aprovechando la soledad del coche, permitir que los ojos se humedezcan.

En Madrid está mi propósito de vida, un trabajo que me llama con fuerza y una socia que abre y abre puertas sin parar (gracias, María)

El recuerdo de Málaga me trae un sabor amargo de no haber hecho bien las cosas.

Allí queda un corazón, un amor que no he sabido expresar bien y una persona que seguirá presente en mi vida.

Eso es lo doloroso de las decisiones. Siempre hay algo que se pierde. Por eso las intentamos esquivar.

Sé que mi vida está aquí. Sé lo que se queda allí. Y elijo.

Siempre estará allí, pero de otra manera.

Ahora me he de ocupar del presente, sin dejar que la melancolía me acaricie.

Y miro al cielo. Y agradezco una vez más la claridad que me brinda.

Y dejo de escribir, pidiéndote disculpas por este escrito quizá demasiado personal, porque necesito aliviar el nudo que tengo en la garganta.

Gracias por estar ahí.

(escrito por un humano)

247 Adiós, casa

Verás. En la vida nos pasan cosas buenas, malas y regulares.

Y muchas de ellas ocurren en un escenario muy personal:

Tu casa.

Y no sé si lo apreciamos lo suficiente y le agradecemos todo ese tiempo que pasamos entre sus cuatro paredes.

Ayer vendí la casa donde he vivido los últimos 3 años.

Y, abusando de tu paciencia, utilizo este espacio para despedirme de ella.

Adiós, casa.

Muchas gracias por acogerme con tanta lealtad estos años. Me has dado luz, calor, y has acompañado mis sueños cada noche.

Siento que a veces no he sido muy agradecido. Me he quejado de algunos de tus achaques, olvidándome de que eres mayor.

Te conocí en un estado grande de abandono y, como cirujanos, mi mujer y yo te fuimos reconstruyendo.

Poco a poco. Durante un año te despertaste cada mañana al sonido de la hormigonera.

Y fuiste muy agradecida. Y luciste en todo tu esplendor, blanca, radiante, llena de ventanas por donde entra este maravilloso sol de Andalucía.

Y ahora llega el momento de despedirme. Esta es mi última noche.

Te contemplo desnuda, sin muebles, sin cuadros, sin los recuerdos que has atesorado con paciencia.

Gracias casa, por acompañar mis alegrías y estar a mi lado escuchando, a veces, mi soledad.

Te guardo en mi corazón y añoraré tu luz, tus frutales, tu paz.

Deseo que tus próximos compañeros te aprecien tanto como yo lo he hecho.

(escrito por un humano)

246 Zona de confort

Verás. Ha llegado la hora de desmitificar la «zona de confort»

Lo haré susurrando porque llevamos muchos años utilizando la expresión y, te diré una cosa:

Ya no existe la zona de confort.

Por si acaso eres extraterrestre y no has oído nunca la expresión,

la «zona de confort» se refiere a un estado psicológico donde una persona se siente segura y cómoda,

realizando actividades conocidas y evitando riesgos.

Aunque puede generar sensación de estabilidad y control, permanecer demasiado tiempo en esta zona puede limitar el crecimiento personal y el aprendizaje.

Y ¿por qué creo que ya no existe?

Pues porque esa sensación de seguridad está asentada sobre la occidental creencia de que podemos predecir el futuro.

Creemos que, si hacemos lo que siempre hemos hecho, nada cambiará.

Creemos que podemos predecir la economía, el resultado de las guerras, o el tiempo que va a permanecer la pareja a nuestro lado…

Y, ahora, en el siglo XXI es una actitud un poco… no se si ilusa o prepotente,

Lo que sí sé es que ya no es real.

Hoy tenemos que sujetar con firmeza la caña del timón pues las corrientes marinas son constantes e impredecibles.

Debemos aproar nuestro pequeño barco a las grandes olas que lo sacuden.

Y cuidar nuestras velas para que no las desgarre el viento racheado.

Así que, si crees que estás firmemente asentado en tu zona de control, mira otra vez.

Y creo que es bueno darse cuenta de esto, porque lo único que de verdad existe en este mundo es la zona de aprendizaje.

La zona de aprendizaje continuo.

(escrito y dibujado por un humano)

245 Bidireccionalidad

Verás. Los sentimientos son algo que no deja de sorprenderme. Especialmente cuando están condicionados a los del otro.

Me explico.

Yo condiciono mis sentimientos a los tuyos.

Si tu no me amas, yo no te voy a amar a ti, no vaya a ser que no exista esa bidireccionalidad.

¿Qué nos hace no ser libres para sentir, independientemente de lo que sienta el otro?

El sentimiento debería ser igual de libre para odiar como para amar.

El amor que tú tienes no tiene que ser un amor condescendiente, ni tiene porqué ser un amor frío.

Si tú tienes la razón, al lado hay otra razón tan libre como la tuya.

Si tú tienes dolor, al lado hay otro dolor tan increíble como el tuyo.

En la medida en la que pensamos que nuestro dolor es el máximo, que nuestra capacidad es la máxima y que lo que nos merecemos el otro no se lo merece, es imposible tener una vida de iguales. 

Puedes ponerte rodilla en tierra delante de alguien y declararle amor eterno.

Pero eso no debería vincular en ningún momento la posibilidad de que el otro te ame a ti.

Solamente amamos lo que nosotros sentimos.

Y eso que sentimos, nos vincula a nosotros con esos sentimientos, no vincula al otro.

Si no hay esa libertar, estamos hipotecando el camino.

Una hipoteca que anula nuestra existencia.

Si no hay libertad para sentir, no hay libertad para amar.

Mis sentimientos no hipotecan a nadie en mis sentimientos.

Mi amor no hipoteca a nadie en mi amor.

Mi camino no hipoteca a nadie en mi camino.

Porque si yo hipoteco al otro en mi camino, lo que estoy diciendo es que existe un solo camino, el mío, y el del otro no existe.

Y si el camino del otro no existe, es que he cortado el circuito del camino, porque me he convertido en un ser en solitario.

(escrito y dibujado por un humano)