311 Integridad en el hogar

Verás. En la casa aprendes a recorrer el camino que va de lo íntimo a lo social;

en ella has aprendido a sobrevivir, a sentir y a pensar.

Si has perdido el contacto con alguna de estas tres potencias, es el momento de retomarlo, hallando las cualidades puras de los espacios donde se desarrolla cada una:

la cocina y el baño para la supervivencia; el dormitorio para las emociones y el salón y cuarto de estudio para el pensamiento.

Si la energía de tu casa de la infancia no era pura en alguno de estos ámbitos, eso habrá afectado al desarrollo de la potencia correspondiente.

El hogar es la paz, la tranquilidad, el lugar donde se van alternando los períodos de calma propiciados por la madre con los períodos de flujo que aporta el padre.

Este hogar es prioritario con respecto al espacio profesional;

si no se consigue hacer hogar, será difícil alcanzar una situación óptima en el trabajo.

Es como si tu vida estuviera sustentada por dos pilares: la casa y el trabajo; la vida personal y la vida profesional.

Si uno de ellos se tambalea, tu existencia te parecerá inestable, la incertidumbre que genera la pérdida de uno de esos dos apoyos alimentará el riesgo de derrumbamiento.

En cierta medida, este libro pretende fortificar tu casa de tal manera que, si el pilar profesional flaquea, el personal esté en condiciones de sujetar tu vida con firmeza.

Para conseguir este hogar en la edad adulta, el principio más importante es la integridad, que consiste en la relación entre el daño recibido y el daño causado.

Casi todos hemos vivido situaciones en el hogar natal que nos hicieron daño y provocaron un sufrimiento con mayores o menores consecuencias.

Alcanzarás la integridad en tu hogar adulto evitando causar a otro ese padecimiento que tú experimentaste.

Si logras detener toda situación que, por acción u omisión, se asemeje a otra negativa vivida antes por ti, evitarás que la persona con la que estás quede dañada tal como te ocurrió a ti.

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(escrito y dibujado por un humano)

313 Palabras y acciones

Verás. Una mujer sabia me dijo una vez:

Cuida cada palabra, pues nunca sabes el pasado de quien la recibe, y puedes hacer mucho daño.

Un comentario, una inocente broma, incluso una solitaria palabra, puede tocar una herida que no acabó de cerrar.

Y el daño está hecho.

Y ya no se puede ir hacia atrás y borrar lo dicho.

Estando totalmente de acuerdo con esto, yo añadiría algo más.

Cuida tus acciones, pues también pueden remover pasados que no han cicatrizado del todo.

Y así, un acto sin aparente trascendencia puede ser también fuente de tristeza, dolor o pesadumbre.

Y eso se suele transformar en que la persona que lo recibe opte por dos caminos: huir o atacar.

El dolor busca su alivio en la expresión interna de enfado o ira.

También la persona puede decidir huir hacia dentro, hacia el silencio.

Hacia un aislamiento donde digiere lentamente.

Te preguntarás, a lo mejor, que entonces no se puede hacer ni decir nada delante de otros.

Ese es un pensamiento que te intenta evadir de la responsabilidad de ser delicado, de pensar en el otro, de tomar conciencia de tus actos y de tus palabras.

En la vida tenemos muchas vivencias, y muchas de ellas son dolorosas.

A veces creemos que ya pasamos página, y algo externo nos recuerda que no.

Que un hilo de sangre sigue manando de la herida.

Y ocurre lo que ocurre para que la cerremos definitivamente.

Pero, como con las heridas físicas, duele el cauterizarlas.

Alivia pensar que no hay maldad en el otro.

Solo inconciencia.

(escrito y dibujado por un humano)

312 Lección de ventas

Verás. Estoy rodeado de turistas que me molestan, sin darme cuenta de que yo soy uno de ellos.

En la bella piazza del Duomo de Florencia admiro cómo los seres humanos somos capaces de lo más bello y también de lo más ruin.

Brunelleschi y Netanyahu, la cara y cruz de la naturaleza humana

Construir una de las más bellas cúpulas jamás creada, y por otro lado destruir vidas, ciudades, países, como tantas veces ha sucedido a lo largo de la historia.

Pero esto iba de lección de ventas y me estoy desviando.

Como te decía estoy en la famosa Piazza y se me acerca una sonrisa blanca sobre un profundo fondo negro, como solo los senegaleses tienen.

Me quiere vender un cinturón de cuero y sigue sonriendo ante mi negativa.

«De dónde eres, amigo» me dice guardando hábilmente el cinturón.

«Ah, Madrid, España. Senegal y España muy unidos» prosigue ante mi respuesta, empezando a trenzar los lazos invisibles.

«Mi hermano en España, en Madrid, vendiendo. Me gusta mucho España. Mira, te voy a hacer un regalo»

Ignorando, una vez más, mis negativas saca una pulsera de cuero con una figura de elefante y me promete que me dará mucha fuerza.

Y saca otra con abalorios insertados que le da a mi mujer «esta para el mal de ojo»

«¿Tenéis hijos?»

Saca más pulseras para nuestros hijos, por las que se niega a recibir dinero.

Ya ha creado la sensación de obligación. Ya estamos en deuda con él. Ahora llega el propósito.

«Me marcho a Senegal en 1 mes. Llevo 5 años sin visitar a mi familia. Estoy muy feliz»

Soy yo ahora el que le recuerda ese cinturón que quería vender.

La lección me costó 25€ y admiro lo que se puede aprender con necesidad, sin cursos de ventas, solo con la dura experiencia que da la vida.

Empatiza, crea vínculos, desequilibra dando, deja caer el propósito… y recibirás.

(escrito y dibujado por un humano)

311 Compartir el caos

Verás. Es difícil encontrar parejas que tengan el mismo nivel de exigencia con respecto a este equilibrio entre orden y desorden.

Lo habitual es que uno sea una cosa y el otro la opuesta.

Esto es así, y solo hay una palabra que pueda solucionar la cuestión: aprendizaje.

Siempre he pensado que en la vida te encuentras con las personas de las que tienes que aprender, y tu crecimiento en pareja va a depender mucho de cuánto estás aprendiendo de tu compañero o compañera.

En tu condición de maestro y alumno a la vez, el orden es una buena asignatura. Encontrar el equilibrio entre la rigidez y el caos es un trabajo de aprendizaje que ambos debéis acometer para llegar a una convivencia pacífica.

El caos es algo sumamente interesante. En la mitología griega es el origen de todo. De él nacieron Gea (la Tierra), Urano (el Cielo) y Eros (el Amor).

De alguna manera la historia de la humanidad se puede interpretar como una lucha contra el caos.

En la Tierra caótica intentamos, a través de la arquitectura, traer el orden que rige en el Cielo, y por eso orientamos nuestras casas hacia los puntos cardinales o hacia determinadas estrellas.

La física, la química o la psicología no dejan de ser ciencias que buscan entender y dar sentido a nuestro entorno físico, químico o humano.

La teoría del caos es una rama de la matemática y la física que estudia el comportamiento de sistemas dinámicos altamente sensibles a las condiciones iniciales.

Cuando leí esta definición asocié inmediatamente la pareja que convive por primera vez con ese sistema dinámico altamente sensible.

En la teoría del caos, la sensibilidad a las condiciones iniciales es un principio fundamental;

pequeñas diferencias originares pueden llevar a resultados muy diferentes.

Es el efecto bola de nieve cuesta abajo.

¿Cuántos de los tsunamis con tu pareja se han originado a partir de algo extremadamente pequeño que tiene relación con la casa?

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(escrito y dibujado por un humano)

310 La extensibilidad absoluta

Verás. Lo primero que ves en una casa es su geometría, racionalizas y analizas lo tangible.

De la misma manera que cuando te presentan a alguien por primera vez, tu mirada se posa en lo físico, su género, su ropa, su pelo…

para luego entrar, casi al instante, en su personalidad, su energía… cuando las miradas se cruzan.

Antes de penetrar el lado humano de la casa te detienes en su aspecto constructivo.

Su realidad visible.

Luego sientes su lado humano, su calor, su confort, si te acoge o no.

La casa pasa a ser un espacio de consuelo, de intimidad, donde es posible ver hasta lo que uno no quiere; es el punto donde la geometría trasciende.

«Mi casa es diáfana, pero no de vidrio.

Es más bien de la misma naturaleza que el vapor.

Sus paredes se condensan y se relajan según mi deseo.

A veces, las estrecho en torno mío, como una armadura aislante…

Pero otras, dejo que los muros de mi casa se expandan en su espacio propio, que es la extensibilidad infinita»

¿De quién habla Spyridaki sino de sí mismo?

Él es su casa, y la ve según se siente en cada momento:

más libre y relajado o atrapado en un corsé emocional que le oprime.

A veces nota que está encerrado y limitado por su propio cuerpo, y otras, libre, en contacto con el espíritu infinito de su ser.

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(escrito y dibujado por un humano)

309 La casa de la infancia

Verás. La idea de construir una casa está inculcada en el inconsciente colectivo de tal manera que es muy raro no haber fabricado alguna de niños:

una cabaña, un escondite remoto en las ramas de algún árbol o una simple alfombra sujeta entre dos sillas han servido de refugio, guarida y casa dentro de la casa.

Cuando eres niño, estás haciendo algo mucho más importante que manipular una alfombra o juntar un montón de ramas;

estás iniciando un proceso creativo que te va a revelar algo de tu persona.

Estás aprendiendo de ti mismo a través de la manipulación física del entorno.

Dando una vuelta más de tuerca, esas primeras construcciones representan el descubrimiento de tu propio ego, separado del de tus padres, hermanos y resto de la familia.

Son tus primeras tentativas en la experiencia de habitar, de apropiarte de un sitio especial para ser tú mismo y proyectarte en él.

Es una suerte de independencia emocional que necesitas para salvaguardar tu preciada intimidad.

Si tienes la oportunidad, haz una visita a la casa de tu infancia e intenta recorrer en soledad sus distintas estancias.

¿Qué sientes?

Déjate ir, cierra los ojos a ratos y respira ese olor que a lo mejor te transporta a otro tiempo, a otra escala de las cosas donde todo era más grande, más inocente y nuevo.

Si puedes, visita también el hogar donde crecieron tus padres o tus abuelos, y quizá te ayude a entenderlos mejor.

Si has heredado la casa familiar, ¿qué has hecho con ella?,

¿la has renovado totalmente o la has preservado tal como estaba?

Quizá hayas mantenido algunas habitaciones y otras no.

Estudia esas decisiones e intenta comprender qué te llevó a tomarlas.

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https://www.edaf.net/libro/yo-soy-mi-casa_165487/

(escrito y dibujado por un humano)

308 Eliminar lo que sobra

Verás. Da una vuelta por tu casa y pregúntate:

¿cuántos de los objetos que rondan por aquí puedo tirar sin percibir su ausencia?

De lo que tengo guardado en los armarios, trasteros, cajones, ¿qué llevo sin utilizar más de un año?

¿Y más de cinco?

¿Tengo altillos?

¿Empleo el hueco de la escalera para guardar cosas?

¿Tengo la buhardilla o el espacio bajocubierta repleto de objetos?

La excesiva «conquista del espacio» va en detrimento del orden espacial.

Para despejar un poco tu casa, puedes ponerte delante de cada objeto o mueble y hacerte las siguientes diez preguntas:

  1. ¿Me gusta?
  2. ¿Me sirve para algo?
  3. ¿Está alineado con mis valores?
  4. ¿Refuerza mi forma de ser?
  5. ¿Qué emoción tiene asociada?
  6. ¿Siento paz cuando lo contemplo?
  7. Si cierro los ojos y pongo mi mano sobre él, ¿la energía que recibo es positiva?
  8. ¿Ocurre algo si me deshago de ello?
  9. ¿Está colocado en el lugar adecuado?
  10. ¿Necesita reparación?

Si la decisión final es deshacerte del mueble o del objeto, una última pregunta:

¿cuándo lo vas a hacer?

Solucionar el problema de la acumulación pasa por el desapego.

Es bueno despejar los espacios, dejar el pasado a tus espaldas y abrirte a un futuro lleno de nuevos significados.

Para caminar en esta vida cambiante conviene andar ligeros de equipaje.

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(escrito y dibujado por un humano)

307 La partida actual

Verás. Ayer estuve comiendo con una pareja (y me recordó a mis padres: ella andaluza y él vasco)

Pero ese no es el tema.

El tema es lo duro que resulta cuando en la vida tienes una visión clara de lo que quieres y algo te retiene y no te deja avanzar.

Es como esos presos de dibujos animados que llevan una cadena en el tobillo unida a una gran bola de hierro.

Pues así estaba él, digiriendo las alcachofas a la vez que la frustración.

¿Qué hacer cuando tienes un socio, una pareja, unos padres… que no te sueltan, que no te dejan ir?

Pues puedes romper de un hachazo el hilo invisible que te une a ellos.

Eso sería una solución: ir a los tribunales, romper un corazón, generar odio familiar…

La otra opción (la buena a mi modo de ver) es sopesar ese equilibrio estático en el que me encuentro, donde no puedo ir hacia delante y tampoco retroceder.

¿Qué hay delante que, a lo mejor, me asusta a lo que inconscientemente no me quiero enfrentar?

¿Qué hay detrás que me retiene? ¿Qué energía de odio, resentimiento, ira, desamor… me sigue uniendo a la persona?

Porque, a mi modo de ver, cuando uno camina, o quiere caminar hacia una visión alineada con sus valores, con su ser, con el bien común… el Universo le deja jugar las cartas.

Y no solo eso, sino que, además, le da una buena mano para que la partida vaya a su favor.

Quizá lo que hay que intentar es querer ganar esa partida de póker sin que el otro pierda.

Es decir, borrar el pasado sin resentimientos para caminar hacia el futuro con desapego.

Porque, en realidad, no importa con qué cartas jugaste en la partida anterior.

Tampoco importa con qué cartas jugarás la siguiente.

Lo único importante es cómo estás viviendo la partida actual.

(escrito y dibujado por un humano)

306 Relaciones de alta calidad

Verás. Hay un punto de partida para salir y empezar a tener relaciones sociales de alta calidad.

Se trata de no restar valores a los demás.

Si entramos en el grupo liderando nunca pondremos en evidencia los valores de los demás.

Los aprovecharemos.

Así nos damos cuenta de cómo, si sumamos a los demás, podemos hacer sociedades que sean eternamente sostenibles.

Los valores de los demás suman.

Cuando estamos con otros se construyen edificios y cada uno tiene una piedra que soporta el suyo, su valor.

Cuando les juzgamos, despreciando sus valores, es porque no somos líderes.

Y cuando lideramos sumando valores aparece la empatía.

Es ahí donde nos damos cuenta de que todas las fortalezas que hay a nuestro alrededor construyen una relación totalmente auténtica entre todos, y además, de prestigio.

Si entras al grupo con miedo y crees que te van a hacer algo, en pocos segundos el grupo te machaca.

Pero cuando entras moviéndote con autenticidad, aceptas que en todo el grupo hay alguien que funciona contigo, y que tú puedes funcionar con la totalidad.

La empatía no permite hacer grupos dentro del grupo.

En la empatía funciona todo lo que hay.

Llega uno y funciona, se acerca otro y funciona. Todas las personas valen.

Con nuestra empatía dejamos marca en las personas.

Si no la hemos dejado es porque no hemos entrado en sociedad con nuestras fortalezas, hemos entrado con nuestras debilidades.

Con la empatía lo que sumamos es autenticidad y por lo tanto mucho prestigio.

Pero toda esa energía la podemos matar con la crítica.

La muerte de la inteligencia social se produce al criticar las manifestaciones emocionales de los demás.

(escrito y dibujado por un humano)

305 Integridad y autoestima

Verás. La integridad está directamente relacionada con nuestros valores.

Así que si queremos saber si somos o no íntegros, lo primero es determinar cuáles son esos valores nuestros.

La integridad es la coherencia entre nuestros valores y la práctica de estos.

Es decir, una integración entre pensamientos, sentimientos y expresión de estos en nuestros actos.

Y cuando actuamos en contradicción con nuestros criterios o normas bajamos en nuestra estima.

De tal forma que la integridad y la autoestima están directamente relacionados.

Si no tienes una buena apreciación de ti mismo, la puedes mejorar siendo consciente en dos direcciones:

Primero debes conocer tu criterio presente y actuar en consonancia con él.

Segundo, ver y aceptar el crecimiento y ampliación de tu criterio y los valores morales a través de tu experiencia diaria.

Esto quiere decir que un estado de aprendizaje nos ayudará a reafirmarnos y extendernos en nuestros conocimientos.

Sin embargo, el ego juega casi de continuo con estos principios vitales, con el fin de provocar la caída y la culpa que de inmediato se produce.

Y ambas, caída y culpa, serán usadas como bajada de la estima y confianza que has despertado en ti.

De aquí la importancia de tener un conocimiento real y no aparente de nuestros valores y de la capacidad de su practicidad actual.

La integridad no es un estado de percepción sino un estado de conocimiento y coherencia.

Vivimos atascados en un deseo de perfección y de búsqueda hacia comportamientos y principios similares a aquellos que nos rodean.

En este deseo de emulación vamos perdiendo el conocimiento de nuestras verdaderas capacidades y sobre todo de nuestros principios.

Y así, la estima personal entra en un conflicto de valoración no permitiéndonos vivir conscientes de la responsabilidad sobre nosotros mismos.

(escrito y dibujado por un humano)