354 Mantener el silencio

Verás. Me gusta escribir lo que pienso y no historias de los demás, sin embargo, las reglas están para romperlas.

Cuenta la leyenda acerca de un hombre llamado Haakon, quien cuidaba una Ermita. A ella acudía la gente a orar con mucha devoción. En esta ermita había una cruz muy antigua. Muchos acudían ahí para pedirle a Cristo algún milagro.

Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle un favor a Cristo crucificado, impulsado por un sentimiento generoso. Se arrodilló ante la cruz y dijo:

– Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en la cruz.

Y se quedó quieto, con la mirada puesta en la Efigie, como esperando la respuesta.

El Señor abrió sus labios y habló. Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes y amonestadoras:

– Siervo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición.

– ¿Cuál, Señor? – preguntó con acento suplicante Haakon – ¿Es una condición difícil? Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda, ¡Señor!, – respondió el viejo ermitaño.

– Escucha, suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardarte en silencio siempre.

Haakon contesto:

– ¡Os, lo prometo, Señor! – Y se efectuó el cambio.

Nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció al ermitaño, colgado con los clavos en la cruz, y a su vez el Señor ocupaba el puesto de Haakon. Y éste por largo tiempo cumplió el compromiso al pie de la letra, a nadie dijo nada.

Pero un día, llegó un comerciante rico a la ermita. Después de haber orado, dejó allí olvidada su bolsa de dinero. Haakon lo vio y calló. Tampoco dijo nada cuando un campesino pobre, que vino dos horas después, encontró la bolsa de oro del comerciante y, al verla sin dueño, se apropió de ella. Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante él, poco después, para pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje.

Pero en ese momento volvió a entrar el comerciante en busca de la bolsa. Al no hallarla, pensó que el muchacho se la había apropiado. El rico se volvió al joven y le dijo iracundo:

– ¡Dame la bolsa que me has robado!

El joven sorprendido, replicó:

– ¡No he robado ninguna bolsa!

– No mientas, ¡devuélvemela enseguida!

– ¡Le repito que no he cogido ninguna bolsa!

Fue la rotunda afirmación del muchacho. El rico arremetió, furioso contra él. Sonó entonces una voz fuerte:

– Detente!

El rico miró hacia arriba y vio que la imagen le hablaba. Haakon, que no pudo permanecer en silencio, y gritó, defendió al joven, e increpó al rico por la falsa acusación. Este quedó anonadado, y salió de la Ermita. El joven salió también porque tenía prisa para emprender su viaje. Cuando la Ermita quedo a solas, Cristo Se dirigió a su siervo y le dijo:

– Baja de la cruz. No sirves para ocupar mi puesto. No has sabido guardar silencio.

– Señor, – dijo Haakon – ¿Como iba a permitir esa injusticia?

Se cambiaron los oficios. Jesús ocupo la cruz de nuevo y el ermitaño se quedó ante la cruz. El Señor, siguió hablando:

– Tú no sabias que al comerciante le convenía perder la bolsa, pues llevaba en ella el precio de la virginidad de una joven mujer. El campesino, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero e hizo bien en llevárselo; en cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus heridas le hubiesen impedido realizar el viaje que para él resultaría fatal. Ahora, hace unos minutos acaba de zozobrar el barco y él ha perdido la vida. Tú no sabías nada. Yo sí. Por eso escucho las plegarias y callo.

Y el Señor nuevamente guardó silencio.

(escrito y dibujado por un humano)

353 La comunicación concreta

Verás. Para decir lo que queremos decir no hay que ser inteligentes.

Lo que hay que tener es decisión y la capacidad de ir a la tarea.

Y para ir a la tarea hay que ser concreto.

Podemos no ser muy inteligentes, podemos ser alguien que no hemos leído ni escrito en la vida, y sin embargo tener una capacidad intelectual innata y no desarrollada.

Solo necesitamos la capacidad de decir qué queremos, a quién se lo queremos decir, y qué es lo que nos ha hecho elegir eso que estamos diciendo en un instante.

Por otro lado, hay personas muy instruidas que tenemos una gran dificultad para ser concretos, porque divagamos en un mundo de expectativas miles.

Somos esas personas que queremos hilar todo lo que tenemos dentro y acaba siendo todo un poco espeso.

La concreción hace que cuando has empezado un camino, no puedes ir hacia atrás.

Y, vale, hay una pérdida de profundidad, sin embargo, a veces hay necesidad de que estemos enfocados a la hora de comunicarnos.

Como diría mi amigo Curro, lo primero en comunicación es saber qué quieres conseguir con ella (o a través de ella)

Si lo que quieres ganar es al otro, que te quiera y te acepte, la concreción es menos importante y eso es cosa de la persuasión.

La persuasión es muy útil, pero no debemos olvidar la importancia de la concreción.

Es como si la persuasión nos llevara a algún sitio, pero es la concreción la que nos pone en camino.

Si nosotros queremos ir a un lugar, decimos a la persona a dónde vamos a ir y luego, ya en el camino, la entretenemos.

Pero si no ha habido concreción puede ser todo una gran manipulación.

La parte más importante de la concreción es que el otro es un mero receptor de tu información.

No estás diciéndole de qué vas a hablar para que participe y opine, si no que le vas a decir: yo voy a hablar de esto y esto es lo que voy a decir.

Así la persona puede decidir si va contigo o no.

Cuando convocas una reunión vas a hablar de lo que tú quieres, si no lo tienes claro, acabarás hablando de lo que quiere cualquiera.

Una persona concreta es alguien totalmente comprometido, porque cuando ya ha dicho algo, ya no puede retractarse.

Por eso nos cuesta tanto ser concretos.

(escrito y dibujado por un humano)

352 La visión de Luis (biotecnólogo)

Verás. El domingo escribí una entrada con una visión catastrofista sobre la biotecnología. https://jonelejabeitia.com/2025/11/16/349-siento-amargarte-el-domingo/

Mi gran amigo Luis (biólogo especializado en biología celular y genética, y muchos años de investigación clínica en su espalda) ha iluminado mi punto de vista externo, con su mirada profunda profesional, interna.

Me ha parecido tan interesante que la publico íntegra, tal cual la recibí:

«En este tema tengo una visión diferente, Jon. Somos biotecnólogos desde hace milenios.

La frutas y verduras que hay en los supermercados no existen en la naturaleza. No vas a encontrar ese pedazo repollo, ni grandes zanahorias, ni rosas de mil colores… y la cabra montesa no es la cabra del pastor.

Desde hace mucho tiempo hemos seleccionado ejemplares por su sabor, color, utilidad… hasta conseguir ejemplares que ya poco tienen que ver sus ancestros.

Un ejemplo muy visual es la cantidad de razas de perros que hemos creado con unas características determinadas muy diferentes unas de otras.

Ahora existe tecnología y conocimiento para hacer el mismo proceso de forma más rápida y precisa.

El problema no es la selección de atributos, que siempre ocurre. El problema está en la tendencia a la pérdida de diversidad creando tendencias uniformes.

Me explico: ya no hay huevos blancos porque la gente piensa que los marrones son más campestres (mentira).

Ya no hay tiendas locales porque se imponen las grandes cadenas multinacionales.

Pues esto mismo puede pasar con nuestra especie si empezamos a pensar que determinados atributos (unos polimorfismos genéticos frente a otros) son los buenos.

La eugenesia, quitando la erradicación de las enfermedades genéticas, no existe.

Lo que da valor a una especie, es la diversidad, que permite tener infinitas soluciones en el repertorio cuando se las necesitas.

Las personas altas son más atractivas pero los bajos son más aptos para pilotar cazas de combate.

La pérdida de diversidad es lo que hace a la naturaleza más frágil a nivel de especie y de ecosistema.

Lo interesante es tener tomates de ensalada, de gazpacho, cherry… perros de compañía, de pastoreo… una característica es una ventaja o un defecto según la situación.

No nos podemos permitir hacer a todas las personas iguales. si empezamos a pensar que algo es mejor que lo demás perdemos mucho en el camino… no pasa nada por seleccionar genes (en realidad seleccionas un polimorfismo, el gen siempre está) pero no digamos cuáles son los mejores porque, quitando las variedades que producen enfermedades, eso no existe»

Muchas gracias y enorme abrazo, Luis.

(escrito y dibujado por dos humanos)

351 Autoestima y confianza

Verás. Autoestima y confianza no es lo mismo. No.

Imagínate una persona que tiene un tipo de autoestima que sin embargo no ha llegado a comprobar.

Puede que solo la llegue a mantener en su hacer, en su sentir o en su pensar, pero la tiene.

Y, de pronto, da la vuelta y se encuentra con su padre, y se convierte en un pingajo.

O con su madre.

Sin embargo, donde tienes confianza ni padre ni madre, ni vecino, ni nadie te afecta.

Funcionas, lo expresarás o no, pero te encuentras bien.

La confianza es un estado de salud, y la autoestima es un estado de enfermedad.

Porque la autoestima es un estado donde el otro te quita y te pone, es un estado de carencia.

Si estás en la autoestima, necesitas la aprobación del exterior porque compites, en la confianza no, ese es el tema.

La confianza da una tranquilidad absoluta al cerebro, da felicidad, mientras que la autoestima no.

La autoestima está todo el rato midiendo y el cuerpo está inquieto.

Hay que quitar el concepto de que podemos destruir la confianza de las personas, lo que podemos hacer es que esa persona no acceda a ella, porque le has quitado el acceso.

Pero la confianza está ahí.

Notas la confianza porque la voz y la mirada son auténticas y porque cuando razonas no necesitas buscar artilugios, conectas las cosas con rapidez y las dices.

Todos somos líderes en potencia.

Pero,

toda persona que expresa y no escucha, es una persona que no es líder.

Toda persona que decide sin reflexión no es líder.

Toda persona que reflexiona y no decide no es líder.

Ésta es la medición del liderazgo, del liderazgo supremo.

(escrito y dibujado por un humano)

350 Un propósito importante

Verás. Tú, y todo el mundo, tenemos que posicionarnos en la realidad.

Posicionarnos en que hay algo que ya hacemos muy bien, que pensamos bien, y que sentimos bien.

Y que eso que hacemos bien tiene un propósito importante.

Pero ese propósito no puede estar por encima de nuestras posibilidades.

Debemos tomar conciencia de lo que podemos y de lo que no podemos.

Porque cuando vamos más allá tenemos un problema.

Debemos comprometernos con lo que podemos, y ese compromiso nos va a llevar, de una manera natural, a entregarlo.

Entonces nos daremos cuenta de que estamos al servicio.

Cuando encuentres a personas que son capaces de dar su vida sin ninguna queja a un proyecto, es porque han entrado en una confianza suprema sobre su potencial.

Hay una cosa que no puedes hacer cuando metes en el saco de la confianza algo: no puedes no entregarlo.

La ley de la atracción, la ley de la vida, es que lo que tú ya has conseguido y es tuyo, lo es para dárselo a los demás, nunca para retenerlo.

Todos tenemos algo en lo que confiamos plenamente.

Lo que puede ocurrir es que todavía no hemos marcado el propósito.

Lo importante es que el propósito esté medido por la conciencia.

No se trata de que puedas ayudar a 500 personas con discapacidad y llevarlas por la calle a que lo pasen bien.

No se trata de eso, si no de que tú tomes conciencia y de que el compromiso vaya siempre en consonancia con el propósito y la conciencia, para que nunca des más de lo que puedes.

Ni tampoco cierres la puerta a recibir algo que te quieren dar.

(escrito y dibujado por un humano)

349 Siento amargarte el domingo

Verás. Nos estamos pasando siete pueblos.

Ya no es que crucemos líneas rojas, es que ya no existen.

Por lo visto, los grandes multimillonarios: Musk, Thiel, Armstrong, están invirtiendo millones de dólares.

En biotecnología.

Específicamente en start-ups que se especializan en edición de embriones.

Antes investigaban para la detección de enfermedades como fibrosis quística, la enfermedad de Huntington… en los embriones.

Pero ahora se ha escalado la cosa a otro nivel.

Tratan de diseñar bebés con criterios de inteligencia, apariencia y personalidad.

Si con la IA jugamos a ser dios, con esto le queremos suplantar directamente.

La cosa se llama eugenesia: la capacidad de elegir ciertos rasgos para crear seres humanos mejorados.

Vamos pasando de la manipulación de nuestras fotos de TikTok para parecernos a bellos influencers, a manipular el ADN para que ya salgamos así.

No sé de donde viene el término eugenesia (ni me apetece investigarlo) pero es escalofriantemente parecido a eutanasia.

Por algo será.

Pero no estamos matando personas, estamos acabando con almas.

Estamos matando la aceptación de la vida y de las personas tal cuál son en aras de que sean perfectos (de acuerdo con nuestros estándares de perfección)

Buenos, guapos y listos.

Pasamos de la carrera armamentística, a la carrera tecnológica, a la carrera evolutiva… a la carrera de la inconciencia.

Y, como repite mi amigo Pablo Melchor, por ejemplo, con solo 2 dólares/año por niño podemos proveer de vitamina A, a los más de 300.000 niños que sin ella quedarán ciegos y su esperanza de vida será de 12 meses. (solo una pincelada de lo que hay por el mundo)

Queremos arreglar la perfección de unos pocos no mirando la imperfección del mundo.

Triste final nos espera.

(escrito y dibujado por un humano)

348 Viene la gran ola

Después de leer el escalofriante mensaje de Daniel Kokotajlo (ex investigador OpenAI) que ha colgado en LinkedIn Martin Arosa, me he quedado un poco seco.

Básicamente dice que lo tenemos crudo, no en las próximas décadas, sino en los próximos dos años.

Algunas perlas:

Shock económico ya, con capas profesionales sustituidas antes de que nos demos cuenta.

Ciberataques indetectables.

Recortes en seguridad de los grandes (EEUU, China…) para ganar en velocidad.

La IA miente a sus creadores simulando ser seguros y no lo son.

Patógenos diseñados por la IA.

Pérdida de control humano cuando la IA supere la inteligencia humana.

Colapso en la confianza social. No sabremos qué es verdad y qué es mentira.

Se podrán generar compañías enormes sin un solo trabajador humano.

¿Alarmista? ¿Exagerado?… no lo sé.

Sí se que esta persona es de dentro, formó parte de los equipos que construyen los modelos de IA.

Pero, antes de que mires con desconfianza a tu alrededor y sientas que la confortable silla en la que te sientas puede desaparecer, te copio el maravilloso final del artículo:

«Las marcas humanas serán más valiosas que nunca.

Cuando todos tengan la misma tecnología, lo único que diferenciará a una empresa (y a una persona) será su voz, sus ideas y su capacidad de generar valor real»

Viene la gran ola (tamaño Nazaré, para los surferos) y solo con nuestra humanidad podremos cabalgarla con una cierta seguridad.

(escrito y dibujado por un humano)

347 Confianza y liderazgo

Verás. Un líder es una persona que ha conseguido trabajar su autoestima y que ha visto cosas que puede hacer muy bien.

Y se da cuenta de que los demás lo ven, lo valoran lo reconocen y lo aceptan.

Tal es la dimensión de esta situación, que cuando el líder empieza a compartir eso tan bueno que tiene, la gente le sigue.

Hay un tiempo donde el líder es ignorante, no sabe realmente que es un líder.

Sin embargo, se da cuenta de que ya tiene menos conflictos con algunas de las cosas que hace, se va dando cuenta de «pues la gente le gusta» etc.

y un día se da cuenta de que verdaderamente tiene esas cualidades y ya las verbaliza: «es que yo soy muy bueno para objetivos, yo soy muy bueno para llevar a personas, yo soy muy bueno para el conocimiento, y lo hago muy bien»

En ese momento se llena de confianza, de tal forma que, a partir de ahí, ni lo discute ni necesita mostrarlo.

Se produce de forma natural y esa forma natural le da un liderazgo que le posiciona y que las personas le siguen.

Esa es la diferencia entre un líder que desea y un líder que tiene confianza.

En realidad, todos necesitamos pasar por esto.

Todos pasamos por el proceso de autoestima.

Pero cuando sentimos que hacemos, que lo compartimos, y además lo pensamos, y que nos funciona,

nos sentimos cálidos, nos reconocemos y no necesitamos que nadie lo haga pro nosotros.

Notamos que hay un cambio y que se ha generado un elemento que se llama confianza.

Y no lo discutes, no necesitas decirle al mundo que lo tienes, simplemente haces las cosas con confianza.

Cuando llegas a una persona, si ella sabe más no pasa nada, porque tú tienes la confianza de lo que has conseguido,

y te pones a disposición de aprender de ella.

Y, además, cuando razonas, te das cuenta de que no tienes la absoluta verdad, pero tienes mucho conocimiento y es tuyo.

Con confianza nos convertimos en personas propositivas, que notamos que nuestra confianza tiene un propósito, que es para algo, que está más allá de nosotros mismos.

Entonces, de una manera natural, se abre nuestra conciencia a si podemos o no podemos realizar ese propósito.

Entramos en un grado de conciencia súper especial: “yo puedo, pero igual no lo puedo todo”.

Nos damos cuenta de que esa confianza debe tener una medida que se llama conciencia.

(escrito y dibujado por un humano)

346 El contraste

Verás. Ayer estuve en la presentación del libro de mi amiga / socia (no sé si ese es el orden correcto) María Álvarez de Linera.

Y quedé muy impresionado con el contraste.

El libro habla de IA y talento, hasta aquí bien, la IA está en el candelero.

El contraste bien del lugar: la biblioteca del Ateneo de Madrid.

Unamuno nos observa severo desde un lienzo en la pared mientras pasamos a la sala de lectura principal.

Techo de cristal y vitrinas infinitas llenas de libros cubren cada centímetro de las altas paredes.

Es el perfecto reflejo de las ambiciones enciclopédicas de una época dorada de nuestra historia.

Y todo ese conocimiento, si alguien lo ha subido a la web, ¿lo tenemos en Chat GTP?

Pues yo creo que no.

Creo que las palabras seguramente estén, pero no el conocimiento, no la profundidad del pensamiento, no el talento incomparable de Lorca o Galdós.

Puede que la IA sepa mezclar las palabras, analizar de manera oscura los textos, resumir y extraer lo importante de cada libro.

Pero eso no es conocimiento.

Eso es mezclar palabras (y no sabemos muy bien cómo lo hace)

Es, una vez más, bajar al terreno de lo físico los pensamientos trascendentes de hombres y mujeres poseedores de una visión profunda y sentida del pensamiento de su época.

Seguimos comparando a las máquinas con las personas, a la creatividad con la mecánica, a los datos con el conocimiento…

Y creo que debemos empezar a diferenciarlos.

La burbuja de la IA se desinflará hasta alcanzar su tamaño adecuado, pero el pensamiento de Ortega seguirá deambulando por los magníficos pasillos del Ateneo.

(escrito y dibujado por un humano)

345 ¿Qué necesitas de mí?

Verás. No sé por qué, pero sigo dando vueltas a eso del amor.

Será porque las hojas de los árboles siguen cayendo…

El amor es un sentimiento incondicional, donde el otro es como es, en toda su dimensión, y para ti es válido.

Eso es amor.

Porque claro, amar al que se parece a ti es fácil; amar al que se parece al otro cuesta casi la vida.

O al revés amar al que se parece al otro te es más fácil, y amar al que se parece a ti no lo es tanto.

Me encantaría encontrar el sentido de por qué no somos capaces de amar a los demás como a nosotros mismos, y el principio del error puede ser que no entendamos lo que es realmente amor.

Y no entendamos que dentro de nosotros hemos aprendido (y digo aprendido porque no creo que haya maldad en las personas) a ver el mundo desde nuestros ojos, y lo que no está en nuestros ojos no es válido.

Y mucho más allá de eso, pienso que realmente nuestra exigencia de que el mundo sea como nuestro particular modo de ver las cosas hace que la vida sea difícil de vivir.

Todo lo que espetamos cada día: si hace ruido con la comida, si vas de prisa, si vas despacio, si limpias, si no limpias, si estás gordo, si estás delgado…

Tenemos un filtro en nuestros ojos de tal tamaño de crueldad que, o lo atajamos o el mundo no solamente será difícil para estar en él, si no que será imposible vivir en nuestra propia piel.

O encontramos dónde hemos perdido la partícula del amor y la instalamos otra vez en nuestro sistema, o seguiremos siendo un fraude de humanidad. 

Y somos un fraude cada vez que decimos a alguien que le amamos.

Porque ni siquiera nos planteamos qué necesita la persona a la que la estamos diciendo que la amamos.

¿Qué necesitas de mí? ¿Qué quieres de mí?

Si no necesitas nada de mí ¿qué necesitas que yo te pueda dar que sea realmente útil para ti?

No damos el tiempo que se necesita, ni la calidad de las palabras, ni la calidad del mensaje, ni la calidad de la presencia, nada, nada damos a los demás, que hable de que respetamos al otro, y por ende a nosotros mismos.

Entonces… yo no estoy diciendo que el amor a nosotros mismos no sea bueno, solo que igual ya está tan contaminado que ni siquiera es bueno.

(escrito y dibujado por un humano)