Quiero irme a Oslo a visitar a mi querido amigo Arash
Busco vuelos.
Veo precios.
Me encuentro diciéndome a mi mismo: ¡Qué caro!
¿Qué quiere decir qué caro?
100€, 200€, 500€, ¿1.000€?
Y me pregunto, Jon ¿desde dónde estás mirando los precios?
Es obvio que los estoy mirando desde la escasez, desde un lugar donde existe lo caro y lo barato.
Y me dirás que siempre existe lo caro y lo barato, que son estados comparativos de un mismo producto o servicio ofrecido por diferentes proveedores.
Y tienes razón. Pero hay algo más.
Es mirar un precio desde tu estado de ánimo y la creencia en ti mismo de un momento concreto.
El lógico que busque el vuelo más económico. Hace dos años también lo habría buscado así, y, sin embargo, con un mismo precio no me habría parecido caro.
¿Qué es caro cuando vas a ver a un gran amigo con el que no compartes una buena conversación desde hace ya mucho tiempo?
¿Cómo pones precio a eso?
Hace unos años, como te decía, no me habría parecido caro, entonces ¿qué ha cambiado?
No es la cantidad de dinero que tenía hace esos años, ya que más o menos es la misma que tengo ahora.
Tiene que ver más con creer en mí. Con creer en el fluir de lo económico en la vida. Antes no miraba el dinero y confiaba plenamente tanto en su abundancia como en su movimiento.
Ahora parece todo un poco más estancado. Siento como que le cuesta más fluir y moverse y pasar de unas manos a otras de la forma que pasa la energía de una sonrisa.
Y se cierra un círculo que me cuesta romper:
Esa sensación me hace poner más foco en el dinero físico, en los euros, lo que me lleva a notarlos pesados y sin movimiento. Y esa pesadez aumenta mi concentración en los billetes.
Y no me gusta.
Ayer estuve comiendo con mi sobrino Claudio.
Me habló de un amigo suyo que era ahorrador extremo. Iba andando a todas partes para ahorrar y lo hacía mirando al suelo por si encontraba alguna moneda.
Se cortaba el pelo él mismo y buscaba siempre lo más barato y la forma de ahorrar con absolutamente todo.
Llevaba un Excel como si fuera un diario con lo que ahorraba cada día y cómo invertía ese dinero.
Mi sobrino estaba fascinado, y me preguntó que me parecía eso.
A mí siempre me parece bien lo que haga cualquier persona, si es coherente y sus decisiones no afectan negativamente a terceros.
Solo le dije que veía un problema en cómo funcionaba su amigo.
Esa obsesión por optimizar al máximo el ahorro de dinero le llevaba a estar pensando todo el santo día en dinero: formas de ahorrarlo, de no gastarlo, de dónde invertirlo…
Y creo que la vida es algo más que dinero.
Si se convierte en una obsesión que llena un 90% de nuestro pensamiento…
La vida, es más, mucho más, como para atascarnos en pensamientos obsesivos.
Eso sí que es caro.
(escrito por un humano)