71 A veces

A veces siento que nada es real.

Que las serenas montañas del Valle del Guadalhorce que me rodean no son reales. Que, tras ellas, en realidad no hay nada. Que solo aparece todo cuando las cruzo.

No siento real el sendero por el que camino.

Ni los almendros que empiezan a florecer. ¿Qué sentido tienen?

Sí, anuncian la primavera, ¿para qué?

¿Qué sentido tiene la primavera?

Ni siquiera siento real a la pequeña Pomerania que corretea a mi alrededor.

Es un sentimiento profundo. Extraño. No es triste, solo contemplo todo perplejo.

Es como un cambio de fase.

Como la sensación que tenía cuando estaba a punto de acabar la mili donde, por un lado, estaba la ansiedad de acabar, y por el otro el miedo a lo que vendría después.

Si has tenido un hijo seguro que lo entiendes.

Estás al final de tu octavo mes y ya quieres que salga. Quieres ver ese rostro que lleva oculto casi nueve meses.

Y por otro lado temes por su salud, por si sabrás cuidarle, educarle, quererle…

Quizá eso sea lo que a veces me hace pensar en la irrealidad del presente, de las cosas ¿de las personas?

No sé si tú eres real.

No sé si, en realidad, solo estás para mostrarme el camino de mi propósito de vida.

No sé si esta sensación está relacionada con ir comprendiendo lo trascendente de la vida.

Pero me pasa.

A veces.

(escrito por un humano)

70 La hora bruja

Verás. Son las 4. ¡Las cuatro de la madrugada!

Y, de repente, mis párpados se abren sin que medie mi voluntad (suena un poco zombi, pero así pasa)

Entonces, cojo el portátil, que sabiamente lo tengo a mano, y empiezo a escribirte.

Me ha pasado toda mi vida,

Cuando estaba estudiando arquitectura y tenía entre manos algún proyecto, las mejores ideas, las soluciones para edificios, distribuciones de espacios, volúmenes encontrados, formas y espacios… se me ocurrían a esta hora: entre las cuatro y las cinco de la mañana.

Los que saben de estas cosas dicen que, cuando te acuestas con un reto, o un problema, el cerebro sigue trabajando en él hasta que da con la solución.

Debe ser que el mío la encuentra a esta hora.

Además, si no la escribo en el momento desaparece, como el azúcar en el café.

Esa explicación puede tener sus bases científicas, pero a mí me gusta más creer que es “la hora bruja”

La hora bruja es ese período del día o de la noche (mejor en la noche que es más intenso) en el que los bebés lloran de manera prolongada e inexplicable.

Les ocurre entre las tres y cuatro semanas de vida.

Pues debe ser que ahí se me encasquilló algo y sigo llorando ideas muchas noches.

Por cierto, en el mercado financiero, la hora bruja es la última hora de negociación diaria en el mercado de valores entre el mercado de bonos.

Pero a mí me gusta más lo del bebé que llevo dentro.

(escrito por un humano)

69 Tienes la culpa

Verás. Estoy sentado en el AVE dirección Madrid (el deber me llama)

Voy muy emocionado a impartir mi curso favorito. (Pero esa es otra historia)

El caso es que hay una persona en el asiento de la fila de al lado.

Llega una tercera persona. La mira. Mira su billete. Arruga el entrecejo. Endurece la mirada.

«Estás en mi asiento” espeta.

La persona que está sentada mira su billete y, con tranquilidad, le señala el luminoso del fondo del vagón que indica el número de vagón.

«Ah, oh, disculpe» y se marcha a su sitio.

Lo que me llama la atención, y por supuesto yo también lo hago, es que buscamos primero el culpable fuera.

Yo voy bien, tú te has equivocado de asiento.

El primer pensamiento es que el que se equivoca es el otro. El que ha hecho algo mal es el otro, el que es un despistado es el otro…

Siendo optimista diré que hay dos tipos de personas: las que buscamos el culpable fuera (mayoría) y las que se culpan de todo.

Qué bello sería hacer una revisión interna antes de lanzar el ataque externo.

Todo fluiría mejor y cambiaríamos la visión que tenemos del otro. Pasaría a ser como nosotros, un igual, alguien que a veces comete errores y a veces no.

Como tú y como yo.

(escrito por un humano)

68 Magnetotérmico

Magnetotérmico

Verás. Este pasado fin de semana impartí un curso muy especial.

El caso es que Javi, uno de los alumnos, usó como metáfora la electricidad, y fue muy bueno.

Hablábamos de cómo tendemos a culpabilizar a las personas y, al hacerlo, las juzgamos como merecedoras de castigo y se lo aplicamos:

Con enfados, desprecios, burlas, y toda la artillería que llevamos dentro.

El caso es que Javi decía que es como si tuviéramos dentro un magnetotérmico, y cuando culpamos (en muchos casos para sacar la culpa que sentimos dentro) salta el magneto, o como se decía antes, saltan los plomos.

Cuando ocurre eso en casa, nos enfadamos con el cuadro eléctrico, con la compañía distribuidora, con la casa en sí…

Es decir, nosotros nunca tenemos la culpa.

Vale pues el 95% de las veces que saltan los plomos es por nuestra culpa y por dos causas:

Exceso de tensión (hemos enchufado demasiados aparatos a la red y sobreasamos la potencia contratada.

Cortocircuito (hemos metido el secador debajo del grifo)

En ambos casos somos los causantes del corte de luz, pero para no sentirnos culpables de nuestra torpeza, culpamos a Endesa.

Vamos con la solución.

En casa la solución es sectorizar. Para eso está el cuadro eléctrico. En él podemos detectar cuál de los sectores de la casa es el que ha “saltado” e ir a solucionarlo.

Pues cuando salta nuestra ira podemos hacer lo mismo: averiguar qué es lo que la ha provocado.

Para ello nos tenemos que sectorizar. Y tenemos 3 sectores claros, que a su vez se pueden subdividir.

Son: el sector físico: nos enfadamos por cosas materiales, por ejemplo, porque pensamos que pagamos demasiados impuestos.

Sector emocional: tiene que ver con la ira desatada en la relación con personas: hermanos, parejas, padres, compañeros…

Sector racional: aquí está la intolerancia a las ideas de los demás, por ejemplo.

Vale, pues si sectorizas tus enfados, podrás luego ir a esa parte de ti y analizar qué es lo que realmente pasa ahí.

(escrito por un humano)

67 Menos

Leía ayer un artículo sobre un tal Adrien Leliève. Resulta que ha inventado la bicicleta eléctrica… ¡sin batería!

¿Y eso qué importa? Te preguntarás.

Algunos datos: cada bici eléctrica lleva una batería de litio.

Europa importa 1,2 millones de bicicletas al año. ¡Cada año!

Las baterías de litio duran solo 5 años y luego van al vertedero.

Haz tú los números.

Su solución es sustituir las baterías de litio por supercondensadores hechos de carbono y aluminio fácilmente reciclables.

Tiene muchas más ventajas, pero este no es el lugar para contarlas. Si buscas Pi-POP en Google tendrás toda la información.

Cuando la busques, lo primero que dirás es: ¡qué cara!

Bueno, ¿qué precio tiene nuestro planeta?

Como siempre, me desvío de lo que te quiero contar.

La conclusión del artículo de Ollie Potter es que, a veces, las mejores innovaciones surgen de preguntarnos: ¿qué pasa si necesitamos menos?

Mi bumerang interno rápidamente lo lleva a mi vida. Externa e interna.

Y te comparto su pregunta: ¿qué pasaría si, en nuestra vida, necesitáramos menos?

Menos cosas, menos emociones sin regular, menos pensamientos obsesivos, menos necesidad de ser aceptados o reconocidos, menos dependencias…

Menos.

(escrito por un humano)

66 Abrir el grifo

Si abres el grifo, sale agua

Verás. Si vas a la cocina o al baño y abres el grifo, sale agua.

Ya ni nos sorprende, ya ni pensamos en el privilegio que eso implica, ni en los millones de hogares en lo que esto no pasa.

 Tranquilo, este escrito no va a ir de tomar conciencia de lo injusto que es el mundo (a lo mejor otro día sí, hoy no) sino de abrir o cerrar grifos metafóricos.

Esta es la Newsletter del 26 de enero. Eso quiere decir que he escrito 26. Newsletter.

¡26!

Para ti a lo mejor es normal, pero para mí escribir todos los días algo que (pienso yo) aporte y me haga reflexionar y mirar el mundo de otra forma, me sorprende. Y mucho.

La verdad, pensaba que no iba a ser capaz. Ahora pienso que, a lo mejor, puedo hacerlo durante todo 2025.

Y lo pienso, no porque me crea que soy especialmente talentoso, no. Lo pienso porque estoy aprendiendo a abrir el grifo y dejar que el agua fluya.

Ese es el secreto.

No se trata de poner presión en el cerebro para que salgan las ideas, sino confiar, abrir el grifo y las ideas fluyen.

Al principio a trompicones, como cuando te cortan el agua en casa por una avería y al abrir por primera vez el grifo el golpe de ariete hace ruidos raros y sale con fuerza salpicando todo.

Pero luego, fluye. Un caudal tranquilo y continuo que llena todos los recipientes que pones debajo.

Pienso que ahí está el secreto de la creatividad. Creatividad no solo en las artes, sino en todo.

Abrir el grifo, dejar fluir, confiar, aceptar y, el recipiente que pongas debajo del chorro se llenará. Y el agua tomará la forma exacta de ese recipiente.

Y eso es importante: pensar cuál es el recipiente que quiero poner. Una vez pensado… abre el grifo.

(escrito por un humano)

65 Escrito por un humano

Verás. Tú, que eres gran observador, te habrás dado cuenta de que empiezo casi todas mis Newsletter con: “verás” y las termino: (escrito por un humano)

Lo primero tiene que ver con un copywritter (lo que sea que es eso) me enseñó, y sirve para captar la atención de tu cerebro (dándole una especie de orden) quieras tú o no.

La verdad, no sé si funciona. Si lo que sigue al «verás» es un petardo, tu cerebro dejará de leer después de la primera frase (espero que no sea el caso, jajaja)

EL final es más interesante, lo de: (escrito por un humano)

Viene de una conversación con mi querido amigo Fer.

Él como músico y yo como escritor, intercambiábamos nuestros miedos a la Inteligencia Artificial de la misma manera que cuando niños intercambiábamos cromos de futbolistas en el patio del colegio (no sé si eso sigue pasando)

El caso es que mientras esperamos que se regule, o no, la creatividad utilizando IA, en vez de obligar a marcar cualquier producto artístico: libro, canción, dibujo, ilustración, video, etc.  cuando se utilice esta herramienta, debería ser al revés.

Es decir, marcar los productos artísticos elaborados de principio a fin por un ser humano.

Un marchamo que garantice un cerebro gris y un corazón rojo detrás de la obra.

Para poder sentirnos orgullosos de lo que hacemos, para poder mantener el don de la creatividad en estado puro, para que la inspiración nunca nos abandone.

Para que, dentro de mucho tiempo, recordemos que fuimos nosotros los que creamos la IA, y no al revés.

(Escrito por un humano)

64 El ojo que todo lo ve

¿Sabes que estamos creando el ojo que todo lo ve?

Se llama Stargate (parece un nombre lo ha puesto George Lucas)

Está costando 3 billones de euros. Sí, has leído bien, Billones con B.

Lo que viene a ser 1/3 del PIB español.

No importa quién lo financia. Bueno, vale, te lo digo:

Salt Altman (Open AI)

Masayoshi Son (SoftBank)

Larry Ellison (Oracle)

Es una gigantesca infraestructura de procesamiento de datos cuyo objetivo es construir una super inteligencia artificial.

Será el «ojo que todo lo ve». Una entidad superior que observa todo lo que sucede.

En el antiguo Egipto, era el ojo de Horus, un símbolo de protección, salud y poder.

En el cristianismo, representa la omnisciencia de Dios: Él ve todo y sabe todo.

Para los masones simboliza la vigilancia y la sabiduría divina. Un recordatorio de que estamos siendo observados por una entidad superior.

En El señor de los anillos, es el ojo de Sauron, en su vigilancia incesante y su percepción penetrante, sobre la Tierra Media.

No sé tú, pero yo me voy a releer 1984 de Orwell.

(escrito por un humano)

63 Entender la polaridad

Verás. Estoy intentando entender esto.

Ayer me llegaron dos comunicados.

El primero aterrizó en la bandeja de entrada y era un mensaje cortante. De una solitaria y dura línea.

Con dos frases:

«Sinceramente… La vida de tu padre no me interesa, y mucho menos la tuya»

Hacía referencia a lo que publiqué ayer mismo y que empezaba diciendo que mi padre era de Bilbao.

En el fondo el escrito era una reflexión sobre la comunicación, pero eso da igual.

Por la tarde llegó un audio de WhatsApp de una querida amiga.

Me felicitaba por los escritos de todos estos días y reconocía en ellos mi verdadera esencia.

Y aquí estoy yo, en el ocaso del día, buscando mi posicionamiento entre estos dos polos.

Reconociendo la verdad que esconden ambos.

Luchando por no aferrarme a ninguno de los dos.

Intentando aprender para qué necesito el palo y la zanahoria el mismo día.

Voy a parar aquí de escribir y me voy a la cama. Quizá esta noche, a las 4 de la mañana me venga la respuesta.

Ya te contaré.

……..

Mi cita con las 4 de la mañana no me falla.

Y me doy cuenta de que esos extremos son la cristalización de un proceso que, en ambos casos, recorren un pasado para llegar a un presente.

Las dos personas proyectan su ser, no en mí, sino en los escritos.

Las dos hablan de sus vidas.

Una, mirando su sombra, y la otra su luz.

Una en involución, y la otra en evolución,

Y así, proyectamos en los demás la percepción que tenemos de nosotros mismos.

Y los mensajes, no deja de ser, en realidad, una visión de mi polarización:

De mi luz, cuando admiro lo que hago; y de mi sombra, cuando pienso que mis escritos no interesan a nadie.

Buenas noches.

(escrito por un humano)

62 El silencio

Verás. Mi padre es de Bilbao.

Sí, sí, del mismo Bilbao.

Estudió en los Jesuitas y se hizo ingeniero industrial. Más vasco no puede ser. Sí, 10 apellidos tenía el hombre.

El caso es que para él la comunicación era muy importante.

Te cuento.

Cuando yo era pequeño, comíamos los fines de semana toda la familia junta (tengo 4 hermanos) en el comedor.

Cuando empezábamos a hablar de cualquier tema trivial, mi padre cortaba las palabras de raíz: “Esas son conversaciones de peluquero” sentenciaba.

(Todo mi respeto a la profesión, pero mi padre seguía el cliché de que en las peluquerías se leen revistas de cotilleo y se hablan naderías)

Total, que, en la mesa, además de cortar un trozo de filete, cortabas en muchos casos el silencio.

La otra regla de la comunicación que tenía era que los sentimientos se los guarda uno par sí mismo. No son para ir contándolos a los cuatro vientos.

Y por eso no le gustaba Andalucía (compró una casita en la playa de Huelva donde pasé todos los veranos de mi infancia) ni los andaluces (mi madre es de Cádiz).

Contradicciones que tenía el hombre, pero esa es otra historia.

Estábamos con la comunicación.

Con lo que yo me he quedado es que comunicar es transmitir con un propósito. Y ese propósito nunca es llenar el silencio.

Ese propósito es movilizar, influir, argumentar, informar a otro u otros seres humanos, esperando una retroalimentación de su parte.

Vaaaale, también está lo de decirle a la pareja que la amas, que no quiero yo también ser como el de la película.

Todo lo que no sea eso, es parloteo, y eso no es comunicar.

Lo que hace cierto un proverbio que rueda por ahí: “Cuando hables, procura que tus palabras sean mejor que tu silencio”

Aplicable para entradas de redes, blogs, memes…

(escrito por un humano)