86 El cuadro y el marco

Verás. Si levantas un momento la cabeza, y miras a las paredes del espacio donde estás, seguro que, en la pared verás colgado algún cuadro.

Fíjate un momento en él.

Casi seguro que ese cuadro está enmarcado.

Fíjate en ese marco.

Depende de tu gusto, o del gusto del que lo ha enmarcado, será algo sencillo de madera o metal.

También puede ser algo barroco con dorados y filigranas.

Depende cómo sea ese marco, resaltará o distraerá tu atención del cuadro.

Si el marco es excesivamente grande y decorativo, desviará totalmente nuestra atención sobre el lienzo, y nos quedaremos atascados en la crítica o adulación del marco.

Y… ¿qué piensas que es más importante, el marco o el cuadro?

Casi seguro que has contestado que el cuadro.

Si es así… ¿por qué no valoras de la misma manera a las personas?

Tenemos una tendencia a valorar, apreciar y juzgar a las personas por su marco.

Y nos olvidamos del cuadro, de la esencia, del Ser de la persona.

Es cierto que vivimos cada vez más en una sociedad que aprecia más el valor del marco sobre el cuadro.

Pero, cuando miremos a una persona ¿seremos capaces de diferenciar lo uno de lo otro?

Con los seres humanos que nos encontramos confundimos con frecuencia y facilidad el contenido con la forma.

Una persona que es desagradable, que grita, que roba, que falta al respeto… lo que sea: es inmoral, no tiene ética…

Ese es su marco. Quizá no es el mejor de los marcos. Quizá tenga el marco equivocado…

Pero no le juzgues por su marco.

Busca el cuadro. Aunque se esconda apagado por la enormidad del marco, siempre, en el interior, hay un valioso cuadro.

Esa es la esencia de la ser. Tu esencia.

Muéstrala y las personas dejarán de mirar tu marco para admirar tu cuadro.

(escrito por un humano)

85 Atrapar el amor

Verás. Cuando estaba en el colegio, con 9 o 10 años, teníamos en clase un periquito verde con la cabeza amarilla al que sentíamos nuestra mascota.

Yo era el responsable de cuidarle.

Limpiaba la jaula, rellenaba el comedero con el mejor alpiste, mantenía fresca el agua y cuando todos los demás compañeros habían abandonado la clase, abría la puerta de su jaula para que volara libre por el aula.

Me fascinaba verle volar.

Me gustaba ver cómo, con unos breves aleteos conseguía cruzar toda la clase, haciendo quiebros y giros imposibles, esquivando muebles y lámparas.

Yo corría a la pizarra y lo dibujaba una y otra vez, intentando capturar su vuelo.  Mi frustración era grande cuando solo conseguía dibujar el pájaro, pero nunca conseguía dibujar su vuelo.

El pájaro de tiza me miraba estático mientras el real dibujaba curvas en el aire.

Pasaron los años y en un viaje a la costa del Pacífico en México se repitió la historia.

El sol apenas despuntaba y sentado en la arena contemplaba los cambios de color en la espuma blanca de las olas.

Ante mis ojos pasó el ave más elegante que jamás he visto.

A escasos centímetros de las olas, un gran pelícano planeaba en círculos quizá buscando algún banco de peces.

Sin ningún movimiento perceptible de sus alas se mantenía suspendido en el aire durante minutos.

Aprovechando la brisa jugaba con las olas, el viento y los peces.

Cogí mi cámara de fotos y descargué el carrete entero sobre el bello animal, queriendo de nuevo capturar ese majestuoso vuelo.

Cuando recogí las fotos reveladas, las miré una y cien veces para encontrar aquella en la que estaba capturado ese vuelo que tanto me había impresionado.

En todas ellas, sin excepción, aparecía el pelícano, estático, como disecado, en ninguna estaba capturado su vuelo.

Con el tiempo he aprendido a disfrutar del vuelo de los pájaros y, apoyándome en la imposibilidad de su captura, extasiarme de los instantes mágicos que me brindan.

Te cuento esto porque hoy, 14 de febrero, es San Valentín.

(escrito por un humano)

84 El instante

Verás. Hace unos días escribía sobre la imposibilidad de vivir 100% el presente.

Imagínate lo difícil que es con la escritura.

Esto que estás leyendo ya lo escribí. Está en el pasado. Es historia.

Sin embargo, hay un tipo de escritos que sí son presente. Y son presente cada vez que lo lees.

Un haiku es un poema breve, que en apenas tres versos debe condensar la intensa vivencia del instante.

Es una condensación de la esencia del pensamiento, sin espacio para recurrir al pasado y sin referencias al futuro.

Solo el más absoluto presente expresado con la exquisitez que requiere lo breve.

“No hay sino este camino:

andar solo”

Son instantáneas de la vida captadas, pero no capturadas, que la permiten fluir sin anhelo, sin apego, provocando solo el pensamiento profundo tras ser iluminados con su frescura.

“Cae la lluvia

y, tal como cae, me moja:

estoy expuesto”

El monje viajero Basho, el gran maestro de haiku, dijo: «Haiku es simplemente lo que está sucediendo en este lugar en este momento».

La belleza con la que Taneda Santoka, quizá el último de estos monjes peregrinos resuelve el problema de vivir y plasmar, sin congelar, el absoluto presente es admirable.

“La mariposa aleteando

ha cruzado por encima del tejado del templo”

Quizá sea una metáfora de cómo lo superficial y lo aparente pasa sin rozar el espíritu;

o quizá nos habla de la momentánea distracción del camino espiritual para recoger un aprendizaje; quizá es solo el presente.

(escrito por un humano)

83 Hoy he sido un poco bestia

Así es. Lo reconozco.

A veces, quizá muchas veces, soy un poco bestia.

Puede que sea falta de empatía, aunque yo lo uno más con golpe de realidad (me imagino que eso es lo que decimos todos a los que nos falta empatía)

La cosa fue como sigue:

Curso online y llega la parte de preguntas (mi parte favorita de cualquier curso)

Una mujer me cuenta sus miedos a todo: a emprender porque cree que va a fracasar; a ser feliz porque cree que se va a terminar en algún momento; a la aventura de viajar porque teme que algo va a salir mal…

Y así un buen rato. Cuando termina la enumeración de situaciones que están casi seguro avocadas al desastre le pregunto:

  • ¿Has tenido siempre, toda tu vida esos pensamientos?
  • Creo que sí.
  • ¿Por alguna experiencia tuya o de tu familia que recuerdes?
  • Pues… no me acuerdo.
  • Quizá tengas que hacer una constelación familiar para ver el origen de esa creencia y poder trabajarla.
  • Buff. Ya he hecho de todo… y nada, aquí sigo.
  • Y… ¿Para qué quieres tener ese freno en tu vida?
  • Yo no lo quiero tener.
  • Si no quisieras, no lo tendrías (esta no es la parte bestia)
  • De verdad que no quiero, pero me viene el pensamiento.
  • Y ¿qué es lo peor que te puede pasar en la vida?
  • Morirme. Que me muera y no pueda cuidar a mis hijos.
  • (Ahora sí viene la parte bestia) ¿Qué hay de malo en morirse? La muerte es parte de la vida y si llega, no pasa nada, simplemente uno se va.
  • Pero tengo que cuidar a mis hijos.
  • Bueno, si te marchas es que tienen la capacidad de cuidarse sin ti. Tendrán un padre, unos abuelos o unos tutores que les cuidarán. Ellos han elegido esa experiencia de vida: Crecer sin su madre. Es duro ¡claro que es duro! Pero ellos lo han elegido así. La vida en sí misma no es tan importante. Lo es el aprendizaje que hacemos en ella, por duro que éste sea. Elegimos los maestros y van apareciendo según los necesitamos y, a veces, elegimos que esos maestros se vayan antes de tiempo, y lo hacemos porque somos capaces de superarlo, somos capaces de perdonarles que nos hayan abandonado; y tenemos todo lo que necesitamos para vivir la vida que tenemos por delante.

No sé si esta contestación es dura o no (a mí no me lo parece) Lo que sí tengo claro es que, a veces, detenemos nuestra vida parapetándonos detrás de un miedo extraño para no responsabilizarnos de vivirla plenamente, con fuerza y con compromiso.

Intento decir las cosas desde el amor.

A veces lo consigo.

Pido disculpas las veces que no.

(escrito por un humano)

82 Los prácticos

Verás. Si el mundo gira es gracias a las personas prácticas.

Son ellas las que lo hacen girar.

Quizá piensas que son las ideas las que mueven el mundo, pero creo que te equivocas.

Sin alguien práctico que la ponga a caminar, la idea se queda en algo interesante que, a lo mejor, puedes plasmar en un libro.

Y no creas que hay tantas personas de esas (las prácticas, me refiero)

Mi mujer es una de ellas.

Te conté que se estropeó mi coche.

Bien, pues antes de que yo me llenara la cabeza de problemas y posibilidades, ella llamó al seguro, negoció con el taller para que recibieran el coche de urgencia, habló con el de la grúa para que lo llevara…

En fin, todas esas cosas que hacen que un problema se resuelva sin tanto aspaviento.

No había yo parpadeado dos veces y el problema estaba resuelto.

Eso es lo que necesita el mundo.

Personas valientes, emprendedoras, con fuerza, resolutivas, que no se dejan arrollar por ninguna dificultad y consiguen lo que se proponen.

Verás. Yo daba clases en el Máster de Emprendedores de IPP. Hacía con los alumnos un ejercicio que consistía en que construyeran con piezas de Lego sus proyectos.

Luego les daba feedback.

Buenos, pues algunos sacaban sus ideas, sus proyectos adelante y otros no.

Y lo que les diferenciaba no era que la idea fuera más o menos buena.

La gran diferencia era que algunos sabían y empujaban para ponerla en práctica y transformarla en una realidad tangible, y otros solo estaban enamorados de la idea.

Y las ideas no se construyen solas.

Para eso están las personas prácticas, o, mejor aún, para eso debemos esforzarnos en sacar nuestro lado práctico.

(escrito por un humano)

81 Somos lo mismo

Imagínate que somos todos iguales… sí, ya sé que somos todos iguales.

Pero imagínate que somos lo mismo… ya sé que somos lo mismo.

Pero imagínate que las personas para ti significan lo mismo.

Verás. A ver si me explico bien.

A lo mejor has tenido un jefe.

Ha sido un jefe generoso. Muy generoso.

Te ha dado un salario con el que has pagado tus facturas. Te ha dado conocimientos con los que has podido crecer profesionalmente. A lo mejor te ha dado valores, amistad, ética…

Has recibido muchas cosas.

A lo mejor has tenido otro jefe (o lo has sido tú) y le has dado tú muchas cosas a él: horas extras no remuneradas, tus conocimientos, tu buen hacer con los clientes, tu entrega…

Has dado muchas cosas.

A lo que iba. En realidad, los dos jefes, con distintas caras, son el mismo jefe.

Están ahí para que comprendamos el maravilloso equilibrio de dar y recibir. 

El universo no entiende de tiempo ni de personas distintas, solo sabe de dar y recibir.

Y tú eres el que a veces da y a veces recibe. ¿Qué importa si es o no la misma persona?

Si solo comprendiéramos esto, no pensaríamos que hay personas egoístas o personas generosas. Pensaríamos que ahora nos toca un rol y ya nos tocará el otro.

Piensa en tus parejas. Las pasadas y la presente.

Con ellas ha ocurrido exactamente lo mismo.

A veces sientes que has dado mucho (crees que has dado más que el otro)

A veces sientes que has recibido mucho.

Piensa ahora que las dos parejas son, en realidad, lo mismo. La misma persona. Con otro cuerpo, y otra forma de hacer el amor, pero la misma esencia.

Hay momentos en los que has dado y momentos en los que has recibido. Solo eso.

Y mágicamente, mucho del rencor desaparece.

(escrito por un humano)

80 Un rayo de luz

Verás. Uno en la vida va haciendo lo que le gusta. Se le da bien y fluye con ello, sin pensar mucho en el impacto que tiene.

Y, de repente, recibe un correo.

Un correo largo, escrito a corazón abierto, de una persona que hace tiempo se cruzó en mi vida.

Y te abre el alma, y te dice que, esos escritos que haces, casi sin esfuerzo, cada mañana, le han tocado el corazón.

Y sigue escribiendo, demasiado tímido para llamarme.

Y habla por primera vez de lo dura que he sido su vida. Del dolor de una muerte que le acompaña desde su adolescencia, de los golpes y desaciertos de una vida sin motivación.

Y te dice que cada mañana un rayo de luz aparece en su bandeja de entrada, aportándole vida.

Y me doy cuenta de lo trascendente de lo intrascendente.

Y aprovecho el escrito de hoy para agradecer a Luis Miguel su mensaje.

Agradecer que nuestras vidas se hayan cruzado para bien de ambos.

Mis lágrimas no llegan a salir, pero sí noto el nudo en la garganta. La emoción de sentir que algo de lo que hago aporta valor a una vida azotada por la incomprensión.

Gracias Luis Miguel y de eso último que dices en tu correo, ni te preocupes.

Gracias también a ti que permites que invada tu vida un ratito cada mañana.

(escrito por un humano)

79 Aceptar la vida

Verás. Ha llegado ese día.

Ese día que todos tememos, que esperemos que no pase, pero pasa.

Mi querido coche con 320.000 Km. A sus espaldas, ha empezado a hacer ruidos raros y me ha dicho que “hasta aquí hemos llegado”

Lo típico: seguro, grúa, taller… y a esperar el presupuesto.

En algún otro momento de mi vida estaría poniendo velas a los santos, abrazando con fuerza mi tarjeta de crédito, visualizando ya cómo adelgaza mi cuenta bancaria en tiempo real.

En fin, la oscuridad del desastre económico se ciñe por la Tierra Media.

Pero eso era hace tiempo. Ya no.

Ya sé la palabra mágica.

Una palabra que aprendieron en la India hace 2.500 años.

Ahora te la digo, pero déjame contextualizar un poco.

El norte de la India está lleno de ríos y los monzones provocaban inundaciones y el caos en las pequeñas comunidades agrícolas.

Imagínate estar todo el año trabajando en tu cosecha y en un solo día todo se echa a perder. Toda tu riqueza se desvanece.

Y no te lo explicas. Miras al cielo intentando entender las oscuras voluntades de los dioses.

Vives en un ecosistema sometido a todo tipo de variables e imprevistos extremos.

Y aquí aparece la palabra mágica: aceptación.

Y con ella, en el siglo V a.C. nace el budismo, ofreciendo paz en un mundo cambiante.

Aceptar lo impredecible significa mirar hacia el interior para metabolizar la frustración y transformarla en resiliencia. O en aprendizaje.

Sin colapsar, sin caer en la tristeza, sin culpar a nadie.

Así que acepto el destino de mi compañero de viajes que me ha proporcionado tantos kilómetros de felicidad.

Y lo acepto de la misma manera que mi amigo Alexis acepta un retraso de 4 meses a la financiación que está esperando para su maravilloso proyecto.

De la misma manera que tú, quizá, estás aguardando la oportunidad de mostrar al mundo tu valía.

PD: No confundir aceptación con sumisión.

(escrito por un humano)

78 Vivir el presente

Tengo muchas dudas sobre este mantra del desarrollo personal.

Creo que se dice mucho y se entiende poco.

Si lo tomas literal es imposible ya que cuando piensas en el ahora ya ha pasado.

Paradojas aparte, te pido una cosa.

Levántate de tu asiento, camina hasta la cocina y abre la nevera.

¿Está vacía?

Eso quiere decir que no has vivido el presente. Has previsto que en un futuro (seguramente no muy lejano) vas a tener hambre.

Hiciste la compra pensando en el futuro de la misma manera que planificas tu agenda de trabajo, o tus viajes.

Mira, un salto de pasado a futuro:

Te acuerdas de que va a ser el cumpleaños de tu pareja (presente pensando en el pasado) le compras un regalo (presente pensando en el futuro) y cuando se lo das es el único momento en el que estás viviendo el presente (espero)

Si tienes rencor a alguno de tus padres, si odias a alguien, si estás resentido, todo eso es muy del pasado.

Si visualizas el crecimiento de tu negocio, planificas tu trayectoria profesional, realizas un plan de acción para algo… todo eso es futuro.

Así que… ¿cuánto espacio dejas para disfrutar del presente?

Te propongo un ejercicio:

Dibuja un círculo en el centro de una hoja en blanco.

Ahora lo tienes que dividir en 3 partes de manera proporcional.

Una de las partes va a representar el pasado, otra el presente y otra el futuro.

Calcula el % de tiempo que pasas diariamente en cada uno de estos “espacios” y el tamaño del sector del círculo será acorde a ese porcentaje.

Te propongo hacer este ejercicio todos los días, antes de acostarte durante una semana.

¿Cuánto tiempo pasas con nostalgia, rencor o agradecimiento, pensando en el pasado?

¿Con qué frecuencia tienes la sensación de estar muy concentrado en lo que estás haciendo en un momento dado?

¿Con qué frecuencia imaginas lo que puede deparar el futuro, y cuántas veces al día te preocupas por lo que pueda venir?

El último día compara los porcentajes y estudia la cantidad de tiempo que has pasado en cada uno de esos lugares.

Mira cuál de estos tres continentes eres:

Europa: motivada por los sueños.

USA: “el país de las oportunidades”

Asia: motivado por la realidad.

«Es un error, un acto de violencia absurdo, concentrarse en el aquí y el ahora con la seguridad de que así percibimos lo esencial. Lo importante es avanzar con convicción y calma, con el talante y la melancolía apropiadas por el paisaje temporal y espacialmente interno del que estamos hechos»

Pascal Mercier (escritor)

(escrito por un humano)

77 Aceptación

Verás. De pequeño odiaba cortarme el pelo. Lo odiaba.

Éramos cuatro hermanos y mi padre así que el peluquero, Pedro, venía a casa con su instrumental.

El practicante también venía, y también le odiaba (por motivos obvios) pero no tanto como al peluquero.

El practicante me producía dolor, Pedro me cortaba el amor de mi madre.

Te cuento.

Cuando llegaba el peluquero, la primera fase era esconderse, a ver si con un poco de suerte se olvidaban de mí.

Cuando ya habían pasado todos por las tijeras, me arrastraban al baño entre llanto y rechinar de dientes.

Pedro, impasible ante los lagrimones que corrían por mi cara y mis ojos de odio, ejecutaba su terrible tarea.

Al terminar, sintiendo mi cabeza como una bola de billar corría al dormitorio y volvía a llorar de rabia e impotencia debajo de la cama.

Con la distancia que dan los años, lo analicé, ya que me parecía una reacción desbordada ante un simple corte de pelo.

Cuando buscas hacia atrás, acabas encontrando y las piezas encajan.

Yo soy el segundo hermano. Siempre oía a mi madre decir que ella quería una niña, y pensaba que mi pene le habría defraudado bastante.

Lo único que podía hacer, para tener un poco de la aceptación deseada, era dejarme el pelo largo y así parecer una niña.

Esto mi consciente no lo sabía, solo he unido los hilos a posteriori.

Yo solo quería que mi madre me aceptara. “Seguro que te quería” estarás pensando.

Seguro que sí, pero yo quería más. Quería su aceptación. Y aceptar es amar a alguien tal y como es.

Amar al orco que lleva uno dentro, tanto como al angelito que muestra por fuera.

Es fácil amar a un niño que se porta bien, es obediente y saca buenas notas. Pero para que se sienta aceptado también debe ser amado cuando muestra la cara oculta de la luna. (Aquí no confundir amar con educar)

El caso es que yo no era niña y no podía hacer nada para cambiarlo y mi pelo me delataba.

El problema de no sentirnos aceptados por nuestras madres es que luego nos resulta muy difícil pensar que otra persona lo hará.

Si la mujer que me ha llevado nueve meses en su vientre habría preferido otra cosa, ¿quién me va a preferir a mi ahora?

Con los años aprendes, entiendes el aprendizaje, vuelves a amar a tu madre, y notas el amor de otras personas.

Bueno, me voy a la peluquería que tengo una cita.

(escrito por un humano)