146 La necesidad de la cruz

Verás. Cada año lo entiendo menos. Lo sigo sin comprender.

Contextualizo. Acabo de terminar de ver la película de Mel Gibson, La Pasión.

Son más de dos horas de dolor y apenas 30 segundos, al final, de resurrección.

En su momento la vi en el cine y salí de la sala por la crueldad de muchas escenas.

No voy a entrar en si sucedieron así o no.

Lo que quiero comprender es cómo, una sociedad tan progresista, un mundo tan moderno, una ciencia tan avanzada, se llena en Semana Santa de fiestas y de dolor para celebrar la liberación de la culpa.

Todos sus seres queridos están ahí, y de repente, se levanta y dice: «hola, no estoy muerto, estoy vivo».

Si eso sucediera hoy, seguramente convertiríamos ese momento en el gran día para recordar que murió alguien que no se murió.

Tiene que haber algo detrás de todo esto.

Creo que, en esta macro fiesta de la cruz, tiene que haber una inmolación permanente de algo que nosotros consideramos que es castigable, o de algo que consideramos que se merece todo ese dolor.

Me resulta interesante que, entre los dos mitos, el de la muerte y el de la resurrección, abracemos el primero y pasemos de puntillas por el segundo.

¿Qué nos hace a los seres humanos estar durante dos mil de años hablando de la muerte de Jesús, cuando creemos que resucitó?

La respuesta la veo en nuestras vivencias cotidianas.

Hago algo hoy, o hice algo en el pasado, y vivo en la cruz de la culpa permanentemente.

Me resulta imposible pensar que, si me siento culpable, no me van a castigar.

Con ello, busco mi cruz personal, no teniendo claro que vaya a resucitar.

Desde que nacemos nos han explicado que, si haces algo mal, te tienes que culpar por ello. Y me pregunto:

¿Para qué está siendo útil esto de «yo tengo que ser castigado con la muerte cada vez que hago algo mal”»?

De alguna manera, esto lo solucionamos buscando a alguien a quien culpar. Alguien a quien crucificar. Alguien en quien descargar esa insoportable culpa que llevamos dentro.

¿Para qué necesito crucificar a todos aquellos que me han hecho daño y, además, no los resucito?

(escrito por un humano)

145 ¿Qué tipo de lector eres?

Verás. Creo que soy un tipo de lector que busca. Como todos, estarás pensando.

Lo interesante es saber qué es lo que uno busca: entretenimiento, conocimiento, miedo, risa, congoja, llanto…

Yo busco en dos direcciones.

Por un lado, busco profundidad en el conocimiento humano.

Es decir, no busco tanto historias interesantes como personajes complejos, profundos, con dudas existenciales, que se enfrentan a enemigos internos y no siempre salen victoriosos.

Las historias son solo el escenario necesario, pues la acción ha de transcurrir en alguna parte.

Por otro lado, soy un lector bastante conceptual y estético.

Contemplo el texto como una obra de arte en la que me gusta que haya dos o tres “lecturas” superpuestas, cuyas capas se van descubriendo, muchas veces después de haber concluido la obra.

Me gusta que el autor me sorprenda con nuevas formas de decir algo, estructuras narrativas ingeniosas o juegos temporales que aporten al desarrollo conceptual de la obra.

Lo autobiográfico y la identificación con alguno de los protagonistas me parece irremediable.

A veces leo en tercera persona, como un observador de una obra de teatro más que como un actor de esta.

Esta visión me proporciona mucha más información literaria, sin dejarme llevar del todo por el devenir de los personajes.  

Me parece fundamental que lo que leo me aporte ideas y formas distintas de abordar situaciones concretas: físicas, mentales o espirituales.

Me gusta acabar cada capítulo con preguntas, dudas y a ser posible aturdido con algo nuevo.

A estas alturas te habrás dado cuenta de que, en realidad, estoy hablando de la pareja.

De cómo es la persona que me guasta coger del brazo en el devenir de la vida.

(escrito por un humano)

144 Comprender el amor

Verás. Hace mucho que no hablo de amor (¡y es primavera!). Así que voy a por ello.

Los antiguos griegos, en su esfuerzo por ordenar el caos, parece que lo tenían claro.

Amor filial, dirigido hacia los hermanos, padres, hijos y amigos.

Eros, el que compartimos con amantes.

Ágape. Es el amor más profundo, espiritual, puro e impersonal.

Parecía todo muy claro hasta que llegó la Ilustración que sostuvo que el amor no es más que un fallo de la razón.

Llegaron luego los románticos al rescate para recuperar los antiguos valores, y colocaron eros en la cúspide de la existencia humana.

Todavía hoy vivimos bajo esa tiranía.

Las relaciones de hoy son más complejas y les cuesta aferrarse a la reconfortante solidez de clasificaciones y etiquetas.

Yo creo que nuestras relaciones más enriquecedoras son en las que descubrimos nuestra profundidad y también nuestros límites.

En ellas sufrimos y también tocamos el cielo; banalizamos y trascendemos; somos maestros y alumnos, en un continuo cambio que hace que la relación se enriquezca y perdure.

Si cada mañana eres un ser diferente, nadie se aburrirá a tu lado.

Para ello, aprendes, cambias, evolucionas, con el mejor esparrin que te puede dar la vida.

Fíjate, si volvemos a los griegos, en nuestra vida hemos pasado por los tres tipos de amor.

Desde que nacemos hasta la pubertad, derrochamos amor filial.

Desde la pubertad hasta tener un mediana edad, eros nos gobierna sin piedad.

Ya con cierta edad, deberíamos buscar el amor ágape.

Ya a cierta edad, nos deberíamos dar cuenta de que el Amor, con mayúscula, no existe en la Tierra, que eros es solo un tránsito que debemos superar.

Si lo hacemos bien, nos damos cuenta, con dicha, de que, en el mundo, solo podemos aspirar al perdón.

Todo lo demás es simplemente amor con minúsculas.

(escrito por un humano)

143 Desequilibrar la balanza

Verás. Hace unos años escribí esto, y me ha alegrado el día encontrarlo.

«El contra foco es aquello que ponemos en la balanza y que pesa más que el foco, de tal manera que hace que este se pierda. Una vez perdido, utilizamos la excusa habitual: yo es que no sé qué capacidades tengo, yo no sé para qué he venido a esta vida, yo no encuentro mi foco (…) Mi problema no es saber cuál es mi foco. Mi problema es conseguir que, en la balanza de la motivación, el foco pese más que el contra foco. Es cierto que me gusta escribir, pero ¿estoy dispuesto a aprender a escribir bien? ¿estoy dispuesto a pasarme varias horas al día investigando, leyendo, escribiendo, buscando datos y estructurando una novela? ¡Por Dios!, con lo cómodo que se está viendo una peli en Netflix»

Esto lo escribí en 2011 y, sí, ha llovido mucho desde entonces.

Ha sido una lluvia nutriente, constructiva, vital, que me ha hecho crecer más en los últimos 14 años que en toda mi vida anterior.

He participado en varios cursos de escritura creativa (gracias, Elvira y compañeros de curso)

También hice otro curso de cómo publicar lo escrito (gracias, Roger) que me ha llevado a firmar con una editorial (el libro saldrá en octubre)

He leído libros y Newsletter que han ido conformando este estilo (gracias, Isra)

Así que, sí, estoy dispuesto a aprender a escribir.

Sí, estoy dispuesto a investigar y seguir aprendiendo.

Sí, estoy dispuesto a aceptar el compromiso diario con la escritura.

Y todo eso ha cristalizado en poder responder la pregunta que lo paraba todo.

¿Para qué escribir?

Ejercitando lo anterior apareció la respuesta.

Y con ella la motivación.

Y con ella esta Newsletter y futuros libros que ya estoy bocetando.

Así que te agradezco que estés ahí, rubricando con tu lectura el sentido de mi vida.

(escrito por un humano)

142 Los acompañantes

Verás. Ayer te conté la suma mágica de capacidad + vocación.

Te dije que son unas aptitudes con las que has nacido y te hacen diferente a los demás (bueno, esto último no te lo dije, pero lo digo ahora)

Son dos elementos que, si consigues que confluyan, serás imparable.

Pero terminé diciéndote que si no es así es porque estos dos sumandos necesitan compañía.

Actitud y oportunidad.

Es difícil que, a lo largo de tu vida, no aparezca una persona o una circunstancia que te brinde la oportunidad de sacar lo mejor de ti.

Por ejemplo, diversas circunstancias me han llevado a escribir esta Newsletter diaria (no sé si saca lo mejor de mí, pero disfruto un montón haciéndola)

A lo mejor, en la infancia, en casa de algún familiar, descubriste un piano y te subyugó.

O en el trabajo, tu jefe, un día, te encarga un proyecto diferente con el que descubres un talento que estaba agazapado dentro de ti.

El otro elemento es la actitud.

La actitud la voy a definir como la forma en la que te enfrentas a la responsabilidad que implica encontrar tu capacidad y tu vocación.

Puede que estés pensando: «yo no he encontrado mi vocación o competencia, pero sí las quiero encontrar»

Bueno, si fuera así las habrías encontrado ya.

Si no ha sido así, quiere decir que has puesto en la balanza algo que pesa más que enfocar tu vida, de tal manera que te vela la vista.

Las gafas ahumadas, que te impiden la visión y se suelen usar con más frecuencia, son: la pereza, la soberbia, la desidia, el desamor…

El usarlas nos hace preferir una vida sin esfuerzo, sin tener que reconocer un maestro del que aprender, o un alumno al que enseñar.

En muchos casos el problema no es saber cuál es el resultado de la suma de capacidad + vocación.

El problema es que la balanza se desequilibra sin la actitud y sin aprovechar las oportunidades.

(escrito por un humano)

141 La suma mágica

Verás. Hay una suma que es mágica.

Mágica para la vida, claro; y para la vida profesional también.

Es fácil verla en deportistas de élite: Jordan, Phelps, Nadal…

También en científicos y en artistas. Feynman, Hockney…

Y, por qué no, también en seres humanos corrientes como tú y como yo que, sin necesidad de ser reconocidas por la calle, somos felices habiendo encontrado el foco de nuestra vida.

Hemos encontrado el sentido a eso que hacemos bien y, además, disfrutamos haciéndolo.

Vale, a lo mejor ya has intuido la fórmula: capacidad + vocación.

Fíjate que son dos cosas que ya están en ti, no tienes que ir a buscarlas a ninguna parte.

A lo mejor incluso ya las usas y tienes varias.

Puede ser que todavía no seas consciente de ellas, o solo de una de las dos.

Sostenía Jung que la vocación está en el inconsciente, así que puedes buscar por ahí.

Y la capacidad… bueno, a esta altura de la vida, si no sabes en qué eres bueno, tenemos un problema.

También puede ocurrir que tienes los dos sumandos, pero, el resultado no sale.

Eso pasa porque la capacidad y la vocación necesitan una pareja que los acompañe. (Tú también, pero ese es otro tema)

Esta pareja que necesitan se llama: actitud y oportunidad.

Como empieza para muchos la Semana Santa, no quiero densificar esta entrada.

A lo mejor estás de viaje, así que los compañeros de la capacidad y la vocación, los vemos el domingo.

(escrito por un humano)

140 Magnolia, la flor existencial

Verás. En la entrada de mi casa de Málaga hay un magnolio. Me llamó la atención, así que he investigado un poco sobre sus hermosas flores.

Resulta que las magnolias están mostrando su belleza en la Tierra mucho antes que los dinosaurios.

Mucho antes que las abejas evolucionaran para dar a nuestro planeta sus colores.

Los botánicos occidentales descubrieron por primera vez estos deslumbrantes árboles en flor en una isla de las Indias Occidentales.

Su nombre se debe a su descubridor, el botánico francés Pierre Magnol. (Personaje interesante que dejo para otro día)

Las magnolias fascinaron a los monjes budistas chinos y la convirtieron en una deidad de jardín allá por el año 650. Plantaron magnolios de flores blancas en el templo, como símbolo de pureza.

(Las flores del magnolio de mi casa también son blancas )

También han sido fuente de salud.

A principios del XIX se utilizó su corteza para tratar la malaria, el reumatismo y la gota.

La medicina china la utiliza para trastornos gástricos y neurológicos.

La ciencia del siglo XX aisló de ella unos compuestos que ayudan a reducir los temblores en pacientes con párkinson.

En toda Asia se utiliza para tratar dolores de cabeza, fiebre, alergias y trastornos respiratorios.

También nos comemos las flores. En Inglaterra como condimento, en Japón se asan como verduras, en Asia para perfumar el té o dar sabor al arroz.

Pero, sobre todo, los magnolios son árboles existenciales.

Su floración dura solamente 5 días ¡5!

Es un grito a la fugacidad de la vida.

Una breve explosión de alegría que te deja con la boca abierta ante el milagro fugaz de estar vivo.

Esta escasa semana de primavera es un recordatorio de no desperdiciar ni un solo instante de vida.

En cinco días, una vida entera puede girar sobre su eje.

(escrito por un humano)

139 Una gota en el mar

Verás. Lo de la sonrisa de la entrada de ayer estuvo muy bien.

Pero me quedé pensando.

A lo mejor hay quien siente que una sonrisa no cambia nada.

Que las personas en Madrid siguen siendo distantes y frías (como en todas las grandes ciudades)

Quizá tengan razón, pero luego leí esta frase:

«A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota»

Es de la madre Teresa de Calcuta.

¡Ostras! ¡Qué razón tiene!

Recuerdo una frase que me dijo un día mi padre. Paseaba de niño con él y se me ocurrió tirar el envoltorio de un helado al suelo.

No me regañó (y desde luego no lo recogió él)

Me miró perplejo y me preguntó: ¿Y si todos hiciéramos lo mismo?

Recogí ambos, el papel y el concepto.

La idea de que un pequeño gesto puede ser enorme en ambas direcciones: podemos llenar la ciudad de papeles y también la podemos colmar de sonrisas.

Quizá la sonrisa es, como dicen los emprendedores, el mínimo producto viable. La versión básica y barata de un producto o servicio.

Es lo mínimo que podemos hacer por el prójimo.

¿Se te ocurre cuál puede ser la siguiente gota?

No hace falta que la escribas en los comentarios,

Just do it.

(escrito por un humano)

138 Sonreír

Verás, es muy sencillo. Yo lo hago, y seguro que tú también puedes.

Caminaba esta mañana por una importante calle de Madrid y me crucé con un Ángel.

Nada especial, nada fuera de lo común.

Solo alguien que me miró y me mostró una tierna sonrisa.

No la dirigió a mí. Ya la tenía.

La llevaba puesta y solo se acentuó un poco cuando nuestras miradas se cruzaron.

Un instante que sirvió para iluminar mi mañana y que todavía permanece en mí.

Es un gesto tan fácil de hacer como escaso de ver.

Es curioso, cuando debemos mirar hacia fuera, hacia dónde vamos, con quién nos cruzamos, los coches, los árboles, los niños…

Entonces vamos sumidos en nuestro interior con el gesto duro (no vaya a ser que alguien nos moleste), insensibles al entorno, sumergidos en nuestra propia cabeza (o en el móvil)

Y, sin embargo, cuando es el momento de mirar dentro, de reflexionar sobre nuestra vida, de tomar decisiones importantes…

entonces miramos fuera, y pedimos consejo, y dudamos sobre quienes somos.

Cómo agradezco la sonrisa de esta mañana que me ha hecho pensar en los tiempos.

Los tiempos de interiorizar y los tiempos de exteriorizar.

Y ha sido solo eso, ese leve y penetrante gesto de sonreír.

Sonreír hacia fuera, para poder sonreír hacia dentro.

(escrito por un humano)

137 No memoria

Verás. Él era un hombre sin recuerdos.

Sí, recordaba la primera vez que subió en moto, o cuando acarició a un perro abandonado.

Se acordaba de pasear por el bosque y del concurso de pintura que ganó a los 8 años.

Sin embargo, no estaba seguro de si esos recuerdos eran reales, o forzados a través de mirar fotografías antiguas.

Las guardaba en una gran caja de cartón marrón de bordes desgastados, en el altillo del armario de la entrada.

Solía sacar una foto al azar y, a partir de ella, construir historias.

Al principio tenían algo de realidad congelada en blanco y negro. Pero llevaba demasiados años jugado como para distinguir ahora dónde empezaba lo que mostraba la foto, dónde lo que su madre le había contado, y dónde lo que la imaginación había desbarrado por su cuenta.

Lo que había comenzado como un juego, pasando luego a obsesión, se había convertido en un líquido capaz de borrar la, aparentemente indeleble, tinta del pasado.

Seguía añadiendo imágenes a la caja y poco a poco las historias fuero siendo de tiempos más recientes.

Inconscientemente al principio y luego con científico interés, se propuso que el tiempo se solapase sobre sí mismo.

Para ello intentó que los días fueran idénticos unos a otros y así, el tiempo se pararía y los cuentos de las fotos adelantarían eventualmente a su realidad.

Le resultó fácil conseguir hacer todos los días lo mismo, a la misma hora.

Solo había pequeños detalles imposibles de controlar, un saludo, una mirada, alguien que le preguntaba algo, o un día de lluvia.

Pero eran pocos y fáciles de eliminar.

Lo acabó consiguiendo.

Perfeccionó la técnica de tal manera que incluso decoró las habitaciones de su casa de manera idéntica para no distinguir entre una y otra.

Dominó así el tiempo y el espacio.

Al final ocurrió.

Y un día, el bucle temporal se cerró sobre sí mismo.

(escrito por un humano)