184 El animal en casa

Verás, todos deberíamos tener un animal en casa.

(Chiste malo: yo ya tengo pareja)

En serio, todos. Y lo ideal sería un perro. O un gato.

O como mínimo una tortuga.

El tipo de animal va a depender del tamaño de responsabilidad que estés dispuesto a digerir.

Porque, sí, un animal te hace mirar fuera de ti. Te hace ocuparte de un ser vivo que no eres tú.

Y también hacia dentro.

El perro, por ejemplo, te hace trabajar la paciencia, la entrega… y la humildad, cuando vas por la calle recogiendo sus excrementos.

El gato te hace trabajarte el egocentrismo, el estar al servicio… y el apego por tus muebles.

Conclusión, si no te funcionan bien los «espejos» humanos, los animales son un buen sustituto.

Como valor añadido, el animal irá cogiendo poco a poco tu carácter, mostrándote sin filtros lo que no te gusta de ti: desorden, agresividad, pereza…

Si lo juzgas, admites el parecido y lo trabajas, el animal y tú iréis cambiando y mejorando como seres vivos.

Esto no aplica a conejos, iguanas, hámsteres…

Sobre todo, con perros y gatos.

Además, sería genial que no los compraras, sino que los adoptaras haciendo así un doble servicio, a ti, y al perro / gato.

(escrito por un humano)

183 El cinismo

Verás. Slavoj Zizek tira mucho de psicoanálisis Lancaniano.

Utiliza sus teorías para analizar fenómenos sociales y culturales.

Y con ellos muestra cómo nuestra subjetividad está influenciada por deseos, traumas y represiones inconscientes.

¡Cómo me gusta el inconsciente!

Ese gran elefante sobre el que cabalgamos, creyendo que somos nosotros los que dirigimos nuestra vida.

Y aquí va la cita del millón:

«El problema no es que la gente no entienda la realidad, sino que no soporta imaginarla de otra forma… El cinismo es la ideología de hoy: todos sabemos que el sistema es injusto, pero seguimos actuando como si no lo supiéramos»

Y aquí va mi lectura hacia dentro:

El problema no es que no te entiendas, sino que no soportas imaginarte de otra manera.

Sabes que eres injusto contigo mismo,

O te sobrevaloras o te infravaloras,

(casi seguro que haces las dos cosas, dependiendo de en qué plano estés mirando. Ejemplo: sobrevaloras tu belleza e infravaloras tu inteligencia. Eso es lo que me pasa a mi je je je je)

 El caso es que sigues actuando como si no supieras realmente quién eres.

¿Lo sabes?

Entonces, ¿para qué actúas para los demás, para la sociedad, para Tik Tok…?

Si eres auténtico 100% disculpa la pregunta.

(escrito por un humano)

182 Diálogo con ChatGPT

Verás, chat GPT, eres brillante, eso nadie lo duda.

Tienes datos de casi de todo lo que existe.

Si te pregunto algo sobre arte, me responderás con datos de todas las entradas de Internet que se han escrito sobre Miguel Ángel.

Lo sabes todo, vida, obra, su amistad con el papa, su orientación sexual…

Pero tú no puedes decirme cómo huele la Capilla Sixtina. Nunca has estado allí, ni has contemplado ese hermoso techo.

Si te pregunto por las mujeres, seguro que me darás una lista de las más influyentes del momento, o las más famosas…

Pero no puedes decirme qué se siente cuando te despiertas al lado de una mujer y te invade la felicidad.

Si te pregunto por la guerra, me darás una lista de todas las que están en curso, su duración y el número de muertos…

Pero nunca has sostenido a tu mejor amigo entre tus brazos mientras exhala su último suspiro.

Si te pregunto por el amor, me lo definirás y quizá citarás un soneto…

Pero nunca has mirado a una persona y te has sentido vulnerable. Ni te has visto reflejado en sus ojos.

No sabes lo que significa perder a alguien. Porque solo lo sabrás cuando ames a alguien más que a ti mismo.

Te miro y veo un software poderoso, genial, nadie lo duda…

Pero no tienes pasado, no has sufrido, no tienes sueños, y por eso no puedes crear.

Una poesía es más que unas letras que forman frases que riman.

Una poesía esconde el amor, el dolor y la pasión con la que nos ha desgarrado la vida.

Y eso, tú, no lo tienes.

PD: Inspirado y adaptado del diálogo del banco en la película, El indomable Will Hunting.

(escrito por un humano)

181 Falsa empatía

Verás. Todos tenemos una idea, más o menos abstracta, de lo que es empatía.

Y casi todos recurrimos a la metáfora de los zapatos.

Una definición un poco más seria sería: la empatía es la capacidad de comprender y compartir los sentimientos y emociones de los demás.

Según esta definición hay dos aspectos:

la empatía cognitiva, entender lo que la persona está pensando

la empatía emocional, sentir lo que la otra persona siente, experimentar sus emociones de forma directa.

Vale, pues, a veces (creo que muchas), empatía es «falsa empatía»

Esto ocurre cuando empatizamos desde el dolor.

Me explico.

¿Qué haces cuando te encuentras en una situación en la que una persona sufre?

Sufre por lo que sea, una situación física, emocional, financiera, conyugal, pelea con su padre… la fuente del sufrimiento da igual.

Generalmente la abrazamos, lloramos con ella, compartimos su dolor, preguntamos y queremos que nos de detalles (agudizando el dolor)

Eso es lo que considero falsa empatía, estoy identificándome desde el dolor.

Y si, en vez de esa sesgada condolencia (las cosas me duelen cuando les ocurren a mis amigos, familiares, personas a las que queremos, y nos dejan más indiferentes cuando les ocurren a otros)

Pues eso, ¿y si, en vez de mimetizarnos en el dolor, le ofreciéramos a la persona un ejemplo de alguien que está en paz?

Alguien que contempla la situación por encima del campo de batalla.

Alguien que está ahí, presente, con serenidad.

Simplemente expresando bondad, de una forma que la persona pueda entender sin miedo, y aceptar.

No eres alguien que se mete en el barco y naufraga con el amigo,

Eres alguien que muestra, desde su barco, la aceptación serena de los envites de la vida.

(escrito por un humano)

180 Valorar la vida

Verás, ahí va una pregunta interesante. Me la hizo ayer mi joven amigo «D»

Y es muy buena.

Si tuvieras que valorar la vida que has vivido hasta ahora, ¿qué nota le pondrías?

En una puntuación de 0 a 10, en general, ¿qué nota sacaría?

Yo se la planteé a él, y con su joven inteligencia, me la devolvió.

9

Esa nota le pondría a mi vida.

Me miró incrédulo, quizá sorprendido por la rapidez de mi respuesta.

Pero… ¿en qué te basas para poner esa nota? Yo no sabría valorar la mía.

Verás, esa nota no quiere decir que mi vida haya sido un camino de rosas. Atrás quedan cadáveres, parejas rotas, depresiones, culpas y disculpas, inmensos momentos de luz y buceadas en el profundo averno…

Pero cada cosa que me ha pasado en mi vida, cada persona que he conocido, cada decisión que he tomado, me ha llevado a ser quien soy.

Y me gusta ser quien soy

Y agradezco haber encontrado un propósito y vivirlo cada día

Y mirando por encima del hombro, honro a cada persona con la que me he cruzado.

Por eso la puntuación de lo vivido es tan alta.

Porque he vivido exactamente lo que he necesitado vivir, para conformar el ser que ocupa mi cuerpo.

Y así poder compartirlo,

Y así poder extenderlo.

Y así sentir que la vida es plena.

(escrito por un humano)

179 Colapso temporal

Verás, ayer tuve una conversación más que interesante con un joven. Y no era generación X, o millennial, o de cristal, o ninguna de las tonterías que nos inventamos ahora para subrayar con tiza lo inclasificable.

Era un joven de 17 años. Era yo a los 17 años.

Y allí estábamos sentados, intentando comprender lo incomprensible de la vida.

El banco estaba situado en una encrucijada de cuatro caminos y nos gustó la metáfora.

Yo argumentaba, que, desde el banco, solo teníamos una visión parcial. Solo disfrutábamos y aprendíamos de una pequeña porción de ese bello parque.

Él contraargumentaba con «y si»

Y si voy por ese camino de la derecha y no es «el camino»

Y si voy por aquel otro y se me cae un árbol en la cabeza y muero.

Y si…

Después de unas vueltas mentales, llegamos a la conclusión de que, en realidad, aunque no lo supiera, ya tenía un camino.

No es determinismo, es el camino de la vida que has elegido para hacer tus aprendizajes. No eres consciente de la elección y ésta se va desenvolviendo con el paso de los años.

Solo hay que responsabilizarse de ello y aceptarlo.

Yo no decidí nacer, yo no decidí este mundo, yo no sé mi camino, y así no tengo culpa de nada de lo que ocurre, me argumentaba yo desde mis 17.

Le planteé un ejercicio.

Le pedí que, por un momento, hiciera el esfuerzo de ver el mundo como yo lo veía.

Imagínate que sí, que has decidido nacer, que has elegido a tus padres, a tu hermana, que quisiste tu lugar de nacimiento.

Imagínate que todo lo que te ha ocurrido hasta ahora ha sido así por tu propia voluntad. Que has pedido aprender algo, y el mundo te ofrece los maestros y las experiencias que necesitas.

Así que, al levantarte del banco, es imposible que elijas el camino equivocado. Será siempre el camino que necesitas.

Y en este universo no hay culpables. Nadie te obligó a nacer, el bachillerato es tan duro como tú necesitas, y tus dudas existenciales son tan profundas como buen buceador tú eres.

Nunca en la vida se te va a presentar una dificultad que no seas capaz de resolver, de aprender, de crecer con ella.

Solo tienes que mirarla a la cara y reconocer que tú la has puesto ahí.

La has puesto porque la puedes superar.

Hablamos de muchas más cosas y fue muy enriquecedor.

Creo que los dos nos vimos proyectados en el tiempo, hacia delante y hacia atrás respectivamente.

Gracias D.

(escrito por un humano)

178 El sentido trascendente de la vida

Verás, un muy querido amigo me formula por WhatsApp unas preguntas tan interesantes que las voy a contestar por aquí.

La primera: ¿qué significa encender el sentido trascendente de la vida?

La respuesta rápida es que una vida trascendente es aquella a la que le encontramos un sentido que va más allá de nosotros, más allá de lo físico, lo emocional y lo racional, para encontrar un significado espiritual (que no religioso) a nuestra existencia.

Pero su pregunta es, qué es lo que enciende esa conciencia.

Esa chispa se suele encender cuando hemos cubierto otras necesidades que ocupan nuestro tiempo y nuestro pensamiento.

Cuando hemos escalado por la pirámide de Maslow y hemos cumplido con las necesidades más terrícolas, ocurre algo.

Conocemos una persona, vamos a una charla, leemos un libro, nuestra vida experimenta un cambio brusco…

Y empezamos a encontrar ese sentido que va más allá de lo que hago, para rebuscar en lo que soy.

(Hay personas que nacen ya con la chispa encendida, Yogananda, pero es da para otro rato)

También me pregunta si eso le ocurre a todo el mundo.

Aquí, la respuesta es más ambigua, ya que estamos alineando conciencia espiritual con tiempo.

¿Qué es el tiempo?

Para la trascendencia no hay tiempo. Así que la respuesta es, sí, todos encenderemos la chispa en algún momento. En esta vida o en otras, no hay tiempo, no hay prisa.

Lo que me lleva a su última pregunta:

Tú, ¿cuáles estrategias has utilizado para controlar un posible ego espiritual?

«querer más» de algo, en ese caso iluminarse/liberarse más?

Aunque choca ver esas dos palabras juntas (ego espiritual) tiene sentido, ya que habla de aceptar el cuerpo físico, las emociones y los pensamientos (ego), con algo más trascendente, la mente.

Esa es la escalera de la conciencia por la que hay que subir: físico, emocional, racional, mental, espiritual.

Solo hay una estrategia: el perdón.

Por el mismo orden:

A los hermanos, a los padres, a ti mismo y, por último, a Dios.

(escrito por un humano)

177 ¿Conócete a ti mismo?

Verás. La famosa frase «conócete a ti mismo» grabada en el pronaos del templo de Apolo en Delfos, es un mantra muy usado.

Especialmente en todo el universo del crecimiento personal.

Yo no digo que no sea bueno eso de autoconocerse, que lo es, en lo que difiero un poco es en cómo hacerlo.

Andamos buscándonos a nosotros mismos.

Andamos buscando nuestros valores, talentos y competencias.

Vamos por ahí buscando el poder y la gloria que creemos haber perdido.

Y miramos dentro,

Y hacemos retiros

Y meditamos

Y leemos libros y hacemos cursos.

Y buscamos, y buscamos.

Todo eso está muy bien, pero quizá se nos está olvidando buscar en otro sitio.

Es un lugar difícil y no nos gusta verlo.

Dale una vuelta a esto,

¿No te sería más fácil buscarlo en un hermano? (en el sentido amplio de la palabra hermano. Toda persona con la que te cruzas es un hermano)

Si en tu búsqueda de la trascendencia de la vida has llegado ya al punto de reconocer que todos somos iguales, que todos somos lo mismo,

Si esto es así, siempre que estés con un hermano, estás aprendiendo de ti.

Estás aprendiendo lo que eres porque estás enseñando lo que eres.

Y la persona reaccionará con dolor o con alegría, dependiendo del maestro que tú estés siguiendo.

Reconoce la responsabilidad que tienes hacia él (que es la misma que tienes hacia ti mismo)

(escrito por un humano)

176 El fluir de la vida

Verás, Nietzsche acertó al advertir que «nadie puede construirte el puente por el que tú, y solo tú, debes cruzar el río de la vida».

El filósofo dibuja la vida como un río al que observas desde la orilla,

Y esperas cruzarlo, sin mojarte, construyendo un puente.

Pero ¿es eso la vida?

¿Algo que hay que cruzar sin mojarse?

A mí me parece que eso sería como ser futbolista profesional y querer pasarte el partido de la vida en el banquillo.

Entiendo la metáfora. Entiendo que nadie te va a solucionar la existencia misma de la vida, pero…

Me gusta más pensar que me voy a mojar.

Que me zambullo en el río de la vida, donde a veces nado en favor de la corriente, y otras en contra.

Donde nado solo, pero hay otros en el agua.

Donde cobra sentido mi anatomía que me permite bracear, o bucear, o hacer el muerto, según lo requiera la situación.

El objetivo no lo veo tanto como cruzar el río (las dos orillas de un río suelen ser bastante iguales)

Me gusta pensar que el objetivo es llegar al mar.

A otra dimensión para la que me he ido preparando a lo largo de los meandros, las cascadas, los afluentes…

Yo soy el agua,

que floto entre todos los demás átomos de todo lo que vive

y noto el fluir de la vida a través de mí

(escrito por un humano)

175 Menos es más

Verás. En el mundo de la arquitectura en particular y del diseño en general, hay una frase icónica atribuida al gran Mies Van Der Rohe.

«Menos, es más»

Ese tópico pasó de la arquitectura racionalista, a los interiores minimalistas, a la moda, al arte…

Pues parece que es más fácil decirlo que hacerlo.

A nuestro cerebro, por lo visto, le cuesta infinitamente más sustraer que añadir.

Si recuerdas tus resoluciones del 1 de enero, seguro que muchas de ellas eran de añadir cosas en tu vida: más deporte, más generosidad, más tiempo libre, más…

Y muy pocas de ellas, o ninguna, empezarían con: voy a hacer menos… voy a ser menos…

Y, hoy en día, seguro que pasas mucho más tiempo añadiendo información, conocimientos o datos a lo que ya sabes,

que eliminando por destilación todos los que no te sirven para nada.

Y también tenemos más trastos en casa, más trabajo, más reglas y leyes, más, más y más.

Parece ser que queremos cambiar las cosas añadiendo más cosas, olvidándonos de que menos, es más; de que a una taza llena de té, no le puedes añadir más té.

Pero claro, sustraer en vez de añadir nos exige pensar más, clasificar, priorizar… decidir qué cosas tirar requiere más esfuerzo que comprar más cosas.

Y eso hacemos.

Quizá es hora de replantearlo.

En vez de pensar en que cada vez necesitamos más y más energía para abastecer nuestras ciudades, deberíamos pensar en cómo reducir nuestra necesidad de esta.

Podríamos probar.

Podríamos probar cómo cambian las cosas, cómo cambiamos nosotros, sustrayendo de nuestra vida, de nuestra personalidad, de nuestros hábitos, en vez de añadir nuevos.

(escrito por un humano)