234 Cristal

Verás. Cuando trabajaba de arquitecto, un amigo aparejador me dijo que todos los edificios se derrumbarían si inventáramos algo que hiciera desaparecer la silicona.

Es una broma del mundo de la construcción por el abuso que hacemos de este producto.

Si yo pudiera eliminar de la faz de la tierra un elemento, sería el cristal.

¿Te imaginas?

Lo eliminaría por ser el elemento que más nos separa de lo real, del tiempo presente, de las personas.

Los humanos hemos inventado todo tipo de cosas que tienen un cristal, a través del cual vemos un mundo distorsionado. Más limpio, más perfecto, más claro…

Y lo digo tanto en sentido metafórico como real.

Tenemos gafas, cámaras, telescopios, pantallas… y con ellas acercamos y alejamos los objetos, les damos color, brillo, nitidez…

Pero ponemos un cristal entre la realidad y nosotros.

Buscamos poseer la imagen, no las texturas, el calor, la cercanía del otro.

Si estás de vacaciones, seguro que ya has hecho un montón de fotos de familiares, monumentos, calles, personas…

¿Qué pasó con esa mirada curiosa a la vida que tienen los niños? (cada vez menos desde que les enchufamos a la Tablet para no educarlos)

Creo que perdemos ese paladear la vida por nuestra ansia de poseer la imagen.

¿Para qué?

¿Para que en un futuro recordemos un pasado que estamos dejando de vivir en aras de recordarlo luego?

Existes por tu presencia, por tu alegría, por la suma de momentos en los que eres parte del mar, el sol y las estrellas

¿Y si pudieras existir en una atemporalidad de un presente del que extraes todas las esencias que nutren tus sentidos?

Por lo menos en vacaciones

(escrito y dibujado por un humano)

233 La personalidad

Verás. Una gran amiga me ha dado un gran consejo (por eso es una gran amiga)

Es sencillo: «Jon, encuentra tu personalidad»

Cuando te dicen algo y te molesta un poco (o mucho) sabes que hay mucha verdad detrás.

Y…

Tiene razón. No sé quién soy. En serio, no lo sé.

Conozco las cosas que hago y que muestro al mundo, pero eso es lo que hago, no lo que soy.

La diferencia es que mucho de lo que hago es reactivo. Es decir, lo hago por inercia, o porque así lo hacía mi padre, o mi madre…

o por las influencias de maestros, libros, creencias, parejas…

Por ejemplo, tenía una pareja que era actriz de teatro y ahí estaba yo, embebido en el mundo de la farándula.

Otra pareja era más espiritual y ahí estaba yo, leyendo a Yogananda.

Mi padre era muy duro… y a mí me cuesta la vida la confrontación.

Mi madre era muy divertida… y yo voy de profundo.

Entonces, si pudiera (pudiéramos) borrar toda esa influencia del pasado, apareceríamos nosotros.

Pero ¿eso se puede hacer?

¿Soy capaz de pensar solo en mi? ¿solo en lo que quiero? ¿solo en lo que amo?

Mi amiga me ha arrojado un guante que pienso recoger.

He comprado un piso en Madrid, a donde regreso después de 5 años viviendo en Málaga.

Lo estoy reformando y el reto es no pedir consejo, no escuchar opiniones de otros, no seguir tendencias, no mirar al exterior.

El trabajo es mirarme solo a mí, de tal manera que ese piso refleje, limpiamente, quién soy.

Además, en septiembre sale mi próximo libro: «Yo soy mi casa» donde escribo en profundidad sobre la relación que tenemos con nuestro hogar.

Coherencia.

(escrito por un humano)

232 Odio

Verás. Ayer escribía sobre el amor.

Hoy, por eso del yin y el yang, voy a tocar el odio.

No porque sea lo contrario. (Lo contrario al amor es miedo) sino porque muchas personas creen que lo es.

El amor, escribía ayer, es permitir el destino de aquellos a los que amamos (especialmente si no coincide con el nuestro).

El odio empieza cuando le cortamos a la persona la posibilidad de ser ella misma.

Cuando queremos convertir a la persona en nuestra propia decisión.

Y somos el resultado de odiarnos profundamente por no haber escuchado lo que nosotros queríamos.

Porque, no solamente está el odio ahí fuera, que es notable y expresivo, sino que el odio está conviviendo dentro de nosotros,

y cuando decimos que queremos algo, el propio detractor de nuestro éxito nos dice: «ni se te ocurra». «No puedes… no vales…»

¿Has tenido alguna vez una idea maravillosa de futuro que, cuando se la cuentas a alguien (especialmente familiares y amigos que «te aman») te la han querido tirar abajo en un segundo?

Pues eso.

Podemos llegar a ser abortos de éxito (definiendo éxito como una creación para la que has puesto mucha intención) cuando el que nos quieran, nos acepten, nos hagan caso…

está por encima del amor a nuestro propio éxito.

Pero, el mayor miedo no es al ataque, es al amor.

Al amor incondicional.

A tener un amor que no te permita expresar tu ser, o no te permita salir de tus parámetros a decir que lo tuyo es lo correcto.

Y eso, nos convierte en personas fuera de nuestro destino.

El odio es, simplemente, querer que el otro no siga adelante.

(escrito y dibujado por un humano)

231 Amar de otra manera

Verás. A lo mejor estás pensando en casarte. A lo mejor no, ya ha pasado la temporada.

Por si acaso, te propongo un pequeño cambio en la ceremonia.

Es solo una frase.

De esta: … amarte, respetarte, bla bla bla… hasta que la muerte nos separe,

Sustituirla por:

Te amo para que tú seas libre de amarme o de no amarme, de darme o de no darme, de entregarte o no entregarte. Este amor sólo nos vincula a tu absoluta libertad que es la misma que yo quiero tener en este amor.

¿Cómo lo ves?

No se trata de libertad / libertinaje total (¿dónde se te ha ido la cabeza?)

Se trata de que cuando te encuentras con una persona, sea quien fuere, tu amor, que no está fuera, no es que ames a la persona,

sino que, tu amor, proyectado fuera, tenga la capacidad de permear al otro.

La capacidad de que el otro haga lo que quiera en cada momento, sin que tenga que justificarse ante ti.

Ése sería el amor infinito, porque tiene que estar libre de miedo, tiene que estar libre de no aceptación, tiene que estar libre de dogmatismo.

Lo que realmente nos va a hacer grandiosos y únicos es entender la bidireccionalidad de los sentimientos.

Que el sentimiento es tan libre para odiar como para amar.

Que el amor que tú tienes no tiene que ser un amor condescendiente, ni tiene porqué ser un amor frío.

Que si tú tienes la razón, al lado hay otra razón tan libre como la tuya.

Que si tú tienes dolor, al lado hay otro dolor tan increíble como el tuyo.

En la medida en la que pensamos que nuestro dolor es el máximo, que nuestra capacidad es la máxima y que lo que nosotros nos merecemos el otro no se lo merece, es imposible hacer una vida o tener una vida de iguales. 

Y si no es una vida de iguales, es una vida que tiene demasiados errores y demasiadas vinculaciones no posibles.

(escrito y dibujado por un humano)

230 Los complejos

Verás. Esto va de confesar mi gran complejo para poder equilibrarlo y, a la vez, para que tomes nota si tú también lo tienes.

Al ser de Bilbao, me ha costado mucho encontrar entre mis muchos complejos de superioridad, cuál es el más poderoso.

Pero lo encontré: complejo intelectual.

Vi que uno de mis progenitores era intelectual y me gustó y lo aprendí.

Ahora lo utilizo como herramienta arrojadiza (como hacemos siempre con nuestros complejos de superioridad)

Y pienso que leer muchos libros es infinitamente mejor que, por ejemplo, emocionarse con la mirada de un perro.

Además, cuando quiero tener razón, pues recurro a los libros.

Esta forma de creerme especial me hace pensar que los conceptos que toco son míos.

Y no lo son.

Las ideas están en el mundo. Yo decido cómo mirarlas, pero no son mías.

Ser intelectual es, simplemente, abrirse al conocimiento.

El daño de sentirte especial es que crees que tu decisión (la de ser intelectual) es mejor que la de otros.

Y entonces, uno se agarra donde se siente fuerte, para que no se note demasiado dónde se siente débil.

Y en vez de simplemente disfrutar y ser feliz con lo que se me da bien, lo esgrimo contra otros.

Se crea entonces una confrontación de complejos donde nadie gana.

Porque todos tenemos complejos de superioridad y de inferioridad, pero en campos cruzados: físicos, emocionales, intelectuales, espirituales…

Necesitamos saber dónde está nuestro complejo ya que con el de superioridad destruimos a los demás y con el de inferioridad nos destruimos a nosotros mismos.

Es un juego diabólico donde somos víctimas o victimizadores.

(escrito y dibujado por un humano)

229 Oda a la tranquilidad

Verás. Esto va dedicado a los activos, los coléricos, los deportistas, los culos inquietos, los que no pueden parar ni dormidos…

Gracias.

Gracias a vosotros, las cosas pasan, los proyectos toman forma, los objetivos se cumplen…

El mundo da vueltas gracias a vuestra inquietud y vuestro no parar.

PERO

Os pido que comprendáis que no todos los humanos somos así.

No a todos nos gusta estar activos todo el tiempo.

Ni a todos nos gustan los deportes, la jardinería o el bricolaje.

En vuestra agitación, removéis todo y a todos los que caen en vuestro campo de acción.

Moveros, pero sin implicar a los demás, por favor.

Algunos disfrutamos de la paz, de la tranquilidad, de los múltiples sonidos del silencio.

Y podemos pasar mucho tiempo en una postura, en actitud contemplativa.

Y nos gusta el incomparable placer de aburrirnos.

Además…

Es domingo ¡Por Dios!

(escrito y dibujado por un humano)

228 Vida interior

Verás. Me sigue sorprendiendo la vida que hay dentro de las cabezas con las que me cruzo por la calle.

Espera, déjame que me explique, que parece que somos replicantes y solo hay vida en algunas cabezas.

Lo que quiero decir es que me impresiona el universo tan grande que cabe dentro de un espacio tan pequeño, entre nuestras orejas.

Es un lugar donde habitan los recuerdos, las preocupaciones, el beso que nos dio esa niña cuando éramos pequeños…

el amor, el miedo, el rencor, la culpa, la felicidad…

Ahí están nuestros padres, nuestros dolores, alegrías y amarguras,

Todo nuestro abrupto pasado.

Y también está nuestro futuro, nuestros sueños, anhelos e incertidumbres.

Me cruzo en mi pasear con esas cabezas y miro con profundidad las pequeñas ventanas que me permiten observar dentro.

Y veo el contraste entre la forma exterior y el sentimiento interior.

Una forma exterior que puede ser banal, formal, dura, despreocupada o superficial.

Pero, dentro, a través de los ojos puedo ver la luz, en muchas ocasiones escondida, tímida, con miedo a salir.

Pero la veo. Y la veo en todos. Eso es lo que nos hace iguales.

El universo interior guarda aquello que nos aporta o que nos hace daño. El exterior, aquello que nos separa con la crítica.

Nosotros decidimos.

Más allá de ese punto está tu verdadero ser. Ese que se ve a través de los velos,

y es ahí donde reside la verdadera empatía, aquella que nos iguala,

desde dentro.

(escrito y dibujado por un humano)

227 La vista

Verás. Los estudiosos estiman que aproximadamente el 80% de la información que percibimos del entorno, entra por la vista.

Así que la vista nos permite percibir el mundo, tener una mayor compenetración con los objetos y las personas.

La vista abre las puertas a lo que nos rodea y nos permite conocer lo que nos resulta afín y lo que no.

Pero, sobre todo, nos permite experimentar nuestra capacidad de aceptar la diversidad y convivir con ella.

Podemos decir que toda esa información que obtenemos pasará por los filtros de lo que nos gusta y de lo que no.

Eso convierte a la vista en el primer filtro para la crítica y el juicio.

Lo que nos resulta próximo, lo que no es ajeno, y la capacidad de convivir con ello.

Pero sobre todo la vista es la que define el entorno en el que nos movemos.

Es la puerta que se abre o se cierra al presente porque nos recuerda un pasado de cuyas imágenes nos nutrimos para dar rienda suelta a las nuevas vivencias.

La vista está conectada a la templanza.

Esa la virtud moral que regula la atracción por los placeres, y procura el equilibrio en el uso y disfrute de los bienes creados.

La templanza asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad.

Como todo, la vista también tiene su lado oscuro, en forma del rechazo y la cólera.

En la medida en que no nos miramos dentro, vamos perdiendo la vista hacia fuera.

Si hay oscuridad interior la luz no pasa, y vamos perdiendo la vista hacia fuera precisamente para poder concentrarnos en la mirada interior.

La vista te permite decidir cómo hacer las cosas.

Cuanto más limitada, habrá menos innovación y creatividad.

(escrito y dibujado por un humano)

226 El lingote

Verás. Ayer leí una entrada en LinkedIn de José Ascoz Serrano.

Tenía la entrada una foto de un lingote de hierro de 1.000 gramos (1 kilo para los de letras )

Enumeraba José lo que valía ese lingote según el uso que le dieras:

Para herraduras de caballo: 220 €

Para agujas de coser: 60.000 €

Para engranajes de relojería: 5 millones

Recortado con un láser de precisión para litografías: 13 millones

Y me pregunto… ¿y yo? ¿y tú?

¿Cuánto valemos?

Pues ya te digo que, al peso, bien poco.

Si estuviéramos en un país donde se pueden vender órganos, algo más.

Pero el valor real lo ponemos nosotros.

Lo ponemos con la cantidad de nuestra calidad que sacamos fuera. Eso es lo que valemos.

El potencial que hay dentro de nosotros, las posibilidades que tiene nuestro talento,

lo bien que aprovechamos nuestros dones,

la capacidad que tenemos de aprender, mejorar, crear un impacto en el mundo.

Eso valemos.

No es mucho, ni poco.

Es lo que quieras entregar de ti a los demás.

(escrito y dibujado por un humano)

225 El accidente

Verás. Imagínate que vas en un coche.

Vas en la dirección adecuada, acorde con el destino que has elegido.

Conduces muy bien, estás muy seguro…

y de pronto tienes un accidente.

En el cerebro queda grabado ese momento.

Tu vida sigue adelante y seguirás conduciendo. Pero irás recordando el accidente todo el tiempo, sobre todo si ha sido importante.

Las crisis económicas son accidentes.

Y aparece un sentimiento de carencia sobre algo que para ti tiene un valor importante.

Empiezas a sentir como una falta de capacitación, una falta de sentirte, y empieza a bajar tu autoestima: “no sé si voy a conseguir salir de aquí”

y va apareciendo de una manera absurda, porque va apareciendo de forma latente y nos hace, de alguna manera, tomar decisiones a veces distorsionadas.

Decisiones de cambio profesional, decisiones de trabajo, decisiones que nos son las nuestras.

Es muy triste que las personas no trabajemos en nuestra ilusión, y es muy triste que una persona no haga lo que le gusta, por miedo a otro accidente.

Un minuto de pensar, no puedo, no valgo, no tengo nada en este momento, nos lleva a un desequilibrio emocional importante del que se tarda en salir.

Al entrar en la carencia, hemos decidido alternativas de recuerdos negativos.

Hemos decidido que necesitamos seguridad… y buscamos un empleo.

Hemos decidido que queremos libertad… y emprendemos.

Y se nos olvida que lo importante es hacer lo que está en nuestra condición.

Si en tu condición no está la seguridad, o la libertad, o lo que sea que hagas, y vas forzado a ello por la carencia, por el miedo al accidente, empezarás a vivir una gran desmotivación.

Y más importante, una pérdida de contacto con tu genialidad, con tu creatividad, y con la esencia de lo que eres.

La otra opción es abrir tu mente a distintas opciones que estén alineadas con quien tú eres, con tu talento, con tus competencias, con tus grandes valores.

(escrito y dibujado por un humano)