Verás. Voy a escribir sobre los padres.
Porque es muy probable que los veamos en estos días y funcionamos de una manera un poco retorcida con ellos.
Cuando entramos en el mundo de los padres lo que sentimos es la “carencia”, la carencia y la injusticia.
Es decir: ¿cómo es posible que un padre no me haya dado a mí todo lo que me tendría que dar y se lo haya dado a otros, o lo tiene él y a mí no me ha llegado?
Con los padres el mayor problema es la inteligencia, porque creemos que deberían habernos transmitido la inteligencia, la creatividad…
Y nos comparamos entre hermanos, o los comparamos entre ellos…
Ese sentimiento de comparación siempre es para no hacer el trabajo.
Puede ser para vivir en el placer, para no hacer el esfuerzo…
Porque aquello que miramos, aquello que emulamos, aquello que nos gusta, aquello que nos parece que es maravilloso…
solo tenemos que plantearnos trabajar para conseguirlo.
Sin embargo, pensamos: “me lo tendrían que haber dado de forma natural, ¿por qué yo no lo tengo?”
Queremos lo que tiene nuestro hermano y él quiere lo nuestro.
Al final nos damos cuenta de que nunca nada es bueno, porque si fuera así, pues yo quiero ser como mi padre y mi hermano quiere ser como mi madre y entonces yo no quiero ser como mi madre… y entonces, al final, todo es un juego, un juego de inconformismo.
Para evitarlo,tendría que haber un encuentro con nuestro yo más profundo.
Con los padres realmente es un sentimiento de que han sido injustos, de que a un hijo le han transmitido algo, y al otro no.
Y miramos lo que han trasmitido al otro despreciando lo que nos han trasmitido a nosotros.
Que es mucho, y deberíamos estar agradecidos.
(escrito y dibujado por un humano)
