Verás. Escucho con frecuencia eso de que es muy duro conocerse a sí mismo.
Más duro creo que es el precio a pagar por no conocerse.
Y también creo que en realidad la persona está hablando de pereza, de desidia…
de todo menos que de estar en un camino trascendente.
Ya que el camino trascendente empieza por saber quién es uno.
Y lo que solemos saber casi siempre es lo que no funciona de nosotros.
Cuando miro a una persona no pienso que sea algo que no funciona, las miro desde lo que funciona. Desde lo que son.
Cuando miro a alguien veo sus valores, y no sus no valores.
Éstos últimos los trabajo en sesiones de coaching.
Y me centro en que todo lo tienen bien, excepto cuando estoy trabajando.
Tienes un valor y no lo tienes operativo, hay que trabajar sobre él.
Pero cuando estoy de paisano ni se me ocurre ver un defecto en nadie.
Pienso que tenemos algo extraordinario que no tocamos, algo extraordinario que no vemos, algo extraordinario con lo que no trabajamos.
Y no lo solemos hacer por miedo al compromiso.
Esa es la piedra angular para hacer, o no, el propósito de vida.
El universo entero nos está diciendo continuamente: “te estamos dando algo ¿por qué no lo utilizas?, te estamos dando algo maravilloso ¿por qué no lo usas?
¿Por qué no eres capaz de utilizar la grandiosidad que tienes dentro si te estamos mandando cada día chispas divinas de mil maneras para que puedas ver quién eres?
Lo hacemos en forma de amigos, en forma de compañeros…”
Nos están mandando chispas para que veamos que somos lo mejor que hay en este mundo.
¿Por qué no lo vemos?
¿Qué hacemos que no cambiamos esa triste visión que tenemos sobre nosotros mismos?
(escrito y dibujado por un humano)
