380 Dos ejercicios

Verás. Me vas a perdonar este atrevimiento, pero voy a tocar algo personal.

En estas fechas es muy probable que te sientes en la mesa con tus padres.

Pueden estar presentes o ausentes, pero en Navidad siempre están presentes en las sillas vacías que han dejado en la mesa y en nuestro corazón.

Te propongo dos ejercicios para limpiar la mirada que cae con cierto rigor sobre ellos.

Imagínate que estás en la cama, agonizando.

No tienes ningún dolor, nada físico te sucede, pero sabes que tu vida ha concluido.

Notas la paz de este momento.

Tu madre está a los pies de tu cama.

Hay tanto por decir…

Date cuenta de todo lo que te has callado, de todo lo que jamás la has dicho, de todos los pensamientos y sentimientos que nunca habéis compartido.

Esta es la mejor ocasión de tu vida para comprender a tu madre, y para que ella te escuche todo lo que tengas que decirla.

¡Háblala!  ¡Díselo!

Ahora (o puede ser otro día) imagínate que estás en tu habitación.

Delante todo un equipaje por hacer.

Las cosas se amontonan, los libros, los trajes, las maletas…

En el dintel de la puerta está tu padre.

Su mirada oscura, lejana… no parece estar, pero sabes que está ahí.

Nada dice, pero sabes que habla. Se forma un nudo en tu garganta.

Cierra los ojos, es un instante, decide y abre tus labios.

¡Háblale! ¡Dile todo!

Tus miedos, tus sensaciones, tus momentos de soledad… todo lo que hasta ahora has vivido y no has podido contarle.

Dentro de poco pasarás por esa puerta y ya no la volverás a cruzar igual.

Él está ahí. Está abierto. ¡Háblale!

No dejes nada por decir.

La vida, el movimiento de tu futuro está ahí ante los dos.

Pasado y futuro mirándose. Habla. No calles.

(escrito y dibujado por un humano)

Avatar de Desconocido

Autor: Jon Elejabeitia

Cofundador NNexa. Arquitecto

Deja un comentario