Verás. Puede que te pase esto cuando vas a fijarte un objetivo.
Puede que pienses que fijar metas te resta libertad.
Puede que creas que el objetivo te condiciona y te hace vivir sujeto a un marcador que te controla cada vez que te sales de la zona prefijada de actuación.
También puede ser que pases el tiempo marcándote metas que te vienen impuestas por las expectativas de otros y a la mitad del camino claudicas.
Vivir implica reconocer nuestras necesidades e involucrarnos de manera proactiva en lograr aquello que necesitamos hacer realidad.
Plantearnos un objetivo nos da la posibilidad de contactar con la vida, con lo que necesitamos y que actualmente carecemos, pero que estamos dispuestos a trabajar para lograrlo.
Un objetivo es una quimera que quiero hacer realidad.
No puede plantearse conceptualmente.
Es necesario plantearlo físicamente y conseguirlo a través de la emoción, de la razón y de la mente.
El trabajo con un objetivo exige un movimiento interior que involucra y moviliza todo el sistema cerebral.
Es algo que surge del interior y es vital para que podamos conectar con la voluntad.
El contacto con la voluntad nos permite avanzar y ver qué se requiere para cumplirse sin que exista la posibilidad de que el objetivo se pierda en el tiempo.
El objetivo necesita ser consustancial a nuestro cuerpo, que nos vertebre.
En el plano físico implica llevarlo al cuerpo: podrá conseguirse porque somos capaces de sentirlo, vivirlo, respirarlo.
Necesita ser informativo y comprender datos exactos, fechas, logros, mediciones… de lo que queremos conseguir.
Cuando lo tengas, sitúate delante de un espejo y dilo en voz alta.
Si tu cuerpo se mantiene firme, tu voz clara y segura y tu mirada fija en tus ojos, hay muchas posibilidades de que tu grado de compromiso te permita alcanzarlo.
(escrito y dibujado por un humano)
