Verás. Por aclamación popular voy a dar una vuelta de tuerca a los contraideales.
Son una suerte de dragón interior que nos van consumiendo, y aprender a controlarlos depende de nosotros mismo.
La mayor parte de las cosas que hacemos es porque las queremos hacer y eso incluye no sólo conductas positivas, sino también destructivas.
Quien despilfarra, quien se droga, quien come hasta convertirse en un obeso mórbido…
Muchas de estas personas no dejan lo que les destruye porque en el fondo no quieren.
Por lo tanto, es inútil ir contra esas conductas, porque un alto porcentaje de esas personas no desean, en el fondo, cambiar nada.
Y lo mejor que podemos hacer es mostrarnos tolerantes. Esas personas, si en algún momento lo desean, podrán cambiar lo que les destruye.
Porque detrás del contraideal hay un profundo deseo de libertad.
De ser libres de aquello que nuestros progenitores nos han impuesto, y que además nosotros hemos aprendido.
Nos guste o no, ellos son nuestros modelos y lo que somos se lo debemos.
no es extraño que cuanto más rígida sea una madre más disoluto se puede convertir su hijo,
que cuanta más pureza haya en la casa más perversión puede aparecer,
que cuanto más paciencia aparezca, muchísima más tensión y un largo etcétera.
Los ideales y los contraideales son la causa de muchas de las malas relaciones de trabajo.
Y no tienen que ver con lo que hacemos, sino con lo que somos.
Están antes de la acción, y no son creencias, pues las creencias se pueden modificar.
Los ideales es lo que somos; las creencias son lo que creemos.
Las creencias mutan; podemos discutirlas y argumentar a favor o en contra.
Los ideales permanecen inalterables.
Ambos se generan en la familia y, si no los trabajamos, se reproducirán en la familia que formemos.
(escrito y dibujado por u humano)
