Verás. Como ser humano, que creo que eres, te gusta navegar en tus ilusiones,
Y, a veces, puede que te olvides de las realidades más primarias.
De esas pequeñas cosas cotidianas que, sin parecer importantes, pueden hacer que algo que parecía un instante mágico se convierta en algo más real,
lleno de cuerpo, que hace costoso el andar y no nos deja jugar con la chispa mágica de la primera idea.
Por eso es importante el baño de realidad que implica mirarse dentro.
Puede que mirarnos dentro nos rasque el alma y nos pique un poco la piel…
Que desmontar nuestras farsas produzca un estrés a veces insoportable.
Puede que la vida nos haya enseñado que es doloroso conocernos, lo tedioso de aceptarlo y la cuesta empinada que representa el cambio.
En el camino algunos hemos decidido que no es interesante, que no nos gusta, qué sé yo…
Sin embargo, a mí me parece que es el único camino, la única forma de tener una visión de la vida.
Y esa visión tiene varias secuencias.
En un primer momento veo “todo”, para pasar más tarde a pormenorizar en los aspectos que me quitan la paz.
Ten en cuenta que aquello a lo que más importancia le das no es donde está el problema.
No es eso lo que te quita la paz.
Como te diría cualquier buen osteópata, «donde está el dolor, no está el problema»
Lo que hacemos es entretenernos en proyecciones para no llegar a profundizar en la realidad.
En muchos casos no alcanzamos esa visión por culpa de las capas de cebolla entre la que se ha quedado escondida.
Nos hacen llorar y se formaron por culpas que hemos cargado sobre nosotros.
El requisito para ver es no juzgar lo que se ve, sino pasearte por ello dejándote ir, y entonces la verdadera visión surgirá.
Será ese momento mágico donde los velos han quedado descorridos, y la esperanza hacia el cambio se abre limpia y serena ante tus ojos.
(escrito y dibujado por un humano)
