Verás. Esto es obvio: El Sol sale cada mañana.
Pero esta mañana me hizo pensar.
Porque se alza en el horizonte cada mañana, independientemente de si te levantas o no, si estás de buen humor o no, si le miras o no, si hay nubes o no…
El sale redondo y bello, aportándonos su valor: luz y calor.
Y no se lo cuestiona.
Ningún ser en la naturaleza se cuestiona quién es.
Solo nosotros, los humanos.
Según los científicos hay millones de soles, y el nuestro es de los más pequeños…
Pero él no se compara, le da igual el resto del universo, solo le interesa aportar sus valores en el universo en el que está.
Él está donde tiene que estar, a la distancia perfecta para no achicharrarnos (aunque este verano lo intenta)
Y no tan lejos como para que nos congelemos.
No rompe su cadena de valor en absurdas comparación de lúmenes o vatios con otras estrellas.
Mira dentro tu aportación de valor.
Y llegará la autoaceptación.
Y con ella tu Yo auténtico.
¿Qué te hace olvidarte de quién eres en aras de conseguir que los demás vean algo en ti?
Cuando deseas que los demás te acepten o te reconozcan, ya no estás en la autoaceptación, estás en la aceptación del otro.
Para que seas tu “Yo” tienes que estar en la aportación de valor, sentir la autenticidad, y conocerte a través de la experiencia amorosa de quién eres.
La experiencia amorosa de quién eres es la que te permite conocerte, experimentarte, disfrutarte y llegar hasta donde quieras.
Pero debes mostrarte como eres.
El Sol es.
Be Sol, my friend.
(escrito y dibujado por un humano)
