Verás. Imagínate que vas en un coche.
Vas en la dirección adecuada, acorde con el destino que has elegido.
Conduces muy bien, estás muy seguro…
y de pronto tienes un accidente.
En el cerebro queda grabado ese momento.
Tu vida sigue adelante y seguirás conduciendo. Pero irás recordando el accidente todo el tiempo, sobre todo si ha sido importante.
Las crisis económicas son accidentes.
Y aparece un sentimiento de carencia sobre algo que para ti tiene un valor importante.
Empiezas a sentir como una falta de capacitación, una falta de sentirte, y empieza a bajar tu autoestima: “no sé si voy a conseguir salir de aquí”
y va apareciendo de una manera absurda, porque va apareciendo de forma latente y nos hace, de alguna manera, tomar decisiones a veces distorsionadas.
Decisiones de cambio profesional, decisiones de trabajo, decisiones que nos son las nuestras.
Es muy triste que las personas no trabajemos en nuestra ilusión, y es muy triste que una persona no haga lo que le gusta, por miedo a otro accidente.
Un minuto de pensar, no puedo, no valgo, no tengo nada en este momento, nos lleva a un desequilibrio emocional importante del que se tarda en salir.
Al entrar en la carencia, hemos decidido alternativas de recuerdos negativos.
Hemos decidido que necesitamos seguridad… y buscamos un empleo.
Hemos decidido que queremos libertad… y emprendemos.
Y se nos olvida que lo importante es hacer lo que está en nuestra condición.
Si en tu condición no está la seguridad, o la libertad, o lo que sea que hagas, y vas forzado a ello por la carencia, por el miedo al accidente, empezarás a vivir una gran desmotivación.
Y más importante, una pérdida de contacto con tu genialidad, con tu creatividad, y con la esencia de lo que eres.
La otra opción es abrir tu mente a distintas opciones que estén alineadas con quien tú eres, con tu talento, con tus competencias, con tus grandes valores.
(escrito y dibujado por un humano)
