Verás. Somos muchos los que buscamos aceptación.
Nos cuesta decir que no.
Evitamos los conflictos cueste lo que cueste.
No decimos lo que pensamos para no caer mal.
La raíz de todo es la aceptación. La aceptación que sentimos que no tuvimos en nuestra infancia y que ahora buscamos por doquier.
De niños queremos el reconocimiento de nuestro padre, y la aceptación de nuestra madre.
Esa aceptación significa: «madre, acéptame como soy. Con mis luces y mis sombras. No solo cuando hago lo que tú quieres y me porto bien, y no me peleo con mis hermanos. Acepta mi debilidad y mi fuerza, cuya expresión a lo mejor no te gusta»
Si de pequeño no hemos sentido esa aceptación (no quiere decir que nuestra madre no nos quisiera, solo que ha quedado dentro el duro sentimiento de que tu madre no te acepta como eres.)
Por ejemplo, tu madre desea con todo su corazón que seas una niña y naces niño (o al revés)
Y te lo dice y te lo muestra.
Y no hay nada que puedas hacer.
Así que como sientes el desamor en la casa, lo buscas fuera.
Y, tu niño interior no quiere volver a sentirse no aceptado.
Y entonces eres amable, conciliador, sumiso, demasiado obediente, porque tú ya no importas.
Solo importa el que las personas te acepten.
Pero, aunque lo hagan, en el fondo no te lo crees, porque…
si la mujer que te ha tenido en su vientre 9 meses no te acepta como eres…
¿quién lo hará?
Hay que luchar. Hay que recuperar la libertad, hay que echar al niño hambriento de cariño y sacar al adulto que se quiere, que se acepta,
y que se enfrenta a la vida, expresando su ser tal cual es.
(escrito y dibujado por un humano)
