Verás. Hace unos años escribí esto, y me ha alegrado el día encontrarlo.
«El contra foco es aquello que ponemos en la balanza y que pesa más que el foco, de tal manera que hace que este se pierda. Una vez perdido, utilizamos la excusa habitual: yo es que no sé qué capacidades tengo, yo no sé para qué he venido a esta vida, yo no encuentro mi foco (…) Mi problema no es saber cuál es mi foco. Mi problema es conseguir que, en la balanza de la motivación, el foco pese más que el contra foco. Es cierto que me gusta escribir, pero ¿estoy dispuesto a aprender a escribir bien? ¿estoy dispuesto a pasarme varias horas al día investigando, leyendo, escribiendo, buscando datos y estructurando una novela? ¡Por Dios!, con lo cómodo que se está viendo una peli en Netflix»
Esto lo escribí en 2011 y, sí, ha llovido mucho desde entonces.
Ha sido una lluvia nutriente, constructiva, vital, que me ha hecho crecer más en los últimos 14 años que en toda mi vida anterior.
He participado en varios cursos de escritura creativa (gracias, Elvira y compañeros de curso)
También hice otro curso de cómo publicar lo escrito (gracias, Roger) que me ha llevado a firmar con una editorial (el libro saldrá en octubre)
He leído libros y Newsletter que han ido conformando este estilo (gracias, Isra)
Así que, sí, estoy dispuesto a aprender a escribir.
Sí, estoy dispuesto a investigar y seguir aprendiendo.
Sí, estoy dispuesto a aceptar el compromiso diario con la escritura.
Y todo eso ha cristalizado en poder responder la pregunta que lo paraba todo.
¿Para qué escribir?
Ejercitando lo anterior apareció la respuesta.
Y con ella la motivación.
Y con ella esta Newsletter y futuros libros que ya estoy bocetando.
Así que te agradezco que estés ahí, rubricando con tu lectura el sentido de mi vida.
(escrito por un humano)